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Algunas enfermedades de transmisión sexual no presentan síntomas evidentes o no les damos la importancia que se merecen. Y esto, a la larga, puede tener sus consecuencias.

Una de las más frecuentes es la enfermedad inflamatoria pélvica, un trastorno que, si se cronifica, puede causar secuelas importantes en la mujer.

Para despejar nuestras dudas al respecto hemos hablado con María Jesús Cancelo Hidalgo, jefa del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario de Guadalajara.

Normalmente asociamos como señales de las infecciones vaginales los cambios en el flujo. ¿Pero pueden causar otros síntomas como dolor pélvico o sangrados?

Efectivamente los cambios en la consistencia del flujo, en el color, el olor… son los más habituales en caso de padecer una infección vaginal, pero también puede haber otros.

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Cuando además aparece dolor en la parte baja del abdomen, hay que pensar que la infección ya no es solo vaginal, sino que puede afectar también al útero o a las trompas de Falopio. Es lo que se conoce como enfermedad inflamatoria pélvica (EIP).

No hay que confundir el dolor de la EIP con el que causan infecciones como la vaginitis, en la que puede darse una sensación más de inflamación, de molestia, pero a nivel externo (puede afectar a la vulva, el periné y los labios vaginales).

¿Cómo es, entonces, el dolor que provoca la enfermedad inflamatoria pélvica

Es muy variable: hay mujeres que tienen un dolor tremendo y, sin embargo, gracias a las pruebas de diagnóstico vemos que sus trompas no están ni muy inflamadas ni muy dilatadas, por ejemplo. Y también hay mujeres que, pese a que sus trompas están muy afectadas por la EIP, tienen tan solo una pequeña molestia.

No es un dolor cíclico, como ocurre con las molestias típicas de la regla

El dolor puede ser espontáneo o también podemos provocarlo al hacer una exploración ginecológica. Para nosotros es muy sintomático que al movilizar el cuello del útero durante la revisión se desencadene dolor.

¿Además de dolor, qué otros síntomas pueden alertarnos de que tal vez sufrimos EIP?

El dolor es el principal, pero a veces puede ir acompañado de otros síntomas como fiebre o malestar general.

¿El sangrado también es habitual en la enfermedad inflamatoria pélvica?

Hombre, si hay mucha inflamación sí que puede aparecer algún pequeño manchado por roce, (porque se haga alguna grieta, alguna pequeña heridita…). Pero no sería un sangrado de tipo hemorrágico, relacionado con el útero o el endometrio.

¿Es cierto que una infección de transmisión sexual, por ejemplo por clamidia, aunque haga tiempo que se ha tenido puede acabar provocando EIP?

La enfermedad inflamatoria pélvica por clamidia es la infección de transmisión sexual bacteriana más frecuente, eso está claro. Y sí es posible que se produzca una infección pélvica en algún momento de la vida y que, años después, pueda ocurrir otra vez, pero esto pasa fundamentalmente porque los factores que desencadenan ambas son los mismos.

Por ejemplo, se puede tratar de una mujer que tiene una nueva pareja y no utiliza medidas de prevención como el preservativo.

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También es verdad que esta infección muchas veces no provoca síntomas, incluso puede quedarse “arrinconada” y sentir las molestias después, aunque no suele pasar mucho tiempo.

Entonces, ¿por qué este trastorno puede acabar volviéndose crónico?

Precisamente el hecho de que infecciones como la que genera la clamidia no provoquen síntomas en numerosas ocasiones es una de las causas principales, porque dificulta el diagnóstico. Esto, o un tratamiento que no sea adecuado, puede acabar cronificando el proceso.

Y las secuelas pueden llegar a ser muy importantes: esterilidad cuando afecta a las trompas, embarazos ectópicos (fuera de sitio) o infecciones en la cavidad abdominal.

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Pero, en general, con un diagnóstico y un tratamiento adecuados son infecciones que se curan sin mayor problema.

¿Qué podemos hacer para reducir el riesgo o, si ya sufrimos el trastorno, evitar que vaya a más?

Si hay conductas de riesgo (como por ejemplo tener varias parejas sexuales), usar preservativos de manera adecuada ha demostrado tener un efecto protector de la transmisión de la clamidia y de otras infecciones que pueden dar también unos síntomas parecidos. Desde luego eso sería lo fundamental, el evitar esas conductas de mayor riesgo y la utilización del preservativo.

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Y si la mujer nota síntomas pues, lógicamente, lo que hay que hacer es ir al ginecólogo para que pueda determinar, mediante una exploración y otras pruebas diagnósticas (como una ecografía) la presencia o no de la infección.

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