Diana Llorens

Periodista

La edad no debe ser una barrera para perder peso
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Tendemos a pensar que a medida que nos hacemos mayores se nos hace más difícil adelgazar.

Y si bien es cierto que con los años es más fácil ganar peso, la edad no tiene por qué ser un freno para perder lo que nos sobra.

Obesidad en personas mayores

Nadie es inmune a la obesidad. Personas de todas las edades, orígenes socioeconómicos, sexos, niveles educativos u orígenes étnicos pueden sufrir esta enfermedad.

  • Las personas mayores, sin embargo, pueden tener un mayor número de enfermedades asociadas a la obesidad que se desarrollan a lo largo del tiempo, como la artritis, la artrosis o las enfermedades vasculares.

En los casos más graves de obesidad (cuando el Índice de Masa Corporal -IMC- es más alto), a menudo la edad y las enfermedades asociadas son un freno para aplicar medidas más invasivas (como la cirugía bariátrica).

También puede haber cierta reticencia por parte de la persona con obesidad a buscar ayuda debido a la creencia de que a ciertas edades ya no se puede perder peso con un cambio de hábitos.

Sin embargo, esto no tiene por qué ser así. A cualquier edad, reducir de peso nos aporta incontables beneficios para la salud. Y, con el aumento de la esperanza de vida, esto es especialmente importante para poder tener un buen estado de salud en la vejez.

Adelgazar es posible en personas mayores

Un reciente estudio realizado en personas 242 personas con obesidad mórbida (es decir, con un IMC entre 40 y 50) indica que aplicar cambios en el estilo de vida nos puede ayudar a adelgazar independientemente de nuestra edad.

Las personas incluidas en el estudio siguieron un plan de adelgazamiento que incluía:

  • Cambios en los hábitos de alimentación.
  • Apoyo psicológico.

Para comprobar si la edad era un factor importante en la reducción de peso, se compararon dos grupos de personas: los que tenían menos de 60 años y los que tenían 60 años o más.

Después de aplicar los cambios en el estilo de vida, el porcentaje de disminución del peso corporal en los dos grupos fue similar:

  • Los menores de 60 años disminuyeron su peso en un 6,9% y los mayores en un 7,3%.

También el porcentaje de reducción del IMC fue parecido:

  • Un 8,1% en el caso de los menores de 60 y un 7,8% en los mayores.

Según indican los resultados, a pesar de las falsas creencias y de las reticencias de las propias personas mayores, se puede adelgazar a cualquier edad siguiendo un plan adecuado.

Este estudio demuestra que la edad avanzada no se asocia con una menor capacidad de los pacientes para perder peso apreciable a través de un programa hospitalario estructurado de pérdida de peso y basado en el estilo de vida”, afirman los autores.

Mejora de las enfermedades asociadas

Otros estudios demuestran que perder peso en edades avanzadas también tiene un impacto en las enfermedades asociadas a la obesidad.

Investigadores de la Universidad de Navarra han estudiado el impacto del ejercicio físico y seguir una dieta Mediterránea (con un mayor consumo de legumbres) en personas entre 55 y 75 años con un IMC por encima del normal y síndrome metabólico.

  • Los resultados de su investigación indican que este estilo de vida se asocia inversamente con el índice de esteatosis hepática, un marcador de la enfermedad del hígado graso no alcohólico (la enfermedad crónica hepática más común).

Otro estudio reciente, llevado a cabo en personas mayores de 65 años con obesidad de zonas rurales (con menor acceso a centros de salud), analizó el impacto de cambios en la dieta, ejercicios aérobicos y el uso de dispositivos móviles (una pulsera que mide la actividad física).

  • La media de pérdida de peso fue de 4,6 kg, lo que indica que estas medidas pueden funcionar entre las personas mayores.

Además, se observaron mejoras en diversas medidas de la función física como:

  • La prueba de la marcha de los 6 minutos, en la que se mide la distancia máxima que se puede recorrer en 6 minutos y se evalúa el esfuerzo cardiorrespiratorio.
  • El test de velocidad de la marcha. Es decir, el tiempo que la persona tarda en andar una distancia específica.
  • Y la prueba de sentarse y levantarse cinco veces, que mide la fuerza de las piernas.