Por Redacción

ARES-TEIXIDO -SWEETWARRIORS UMAICHA-18

Tengo que confesaros, en primer lugar, que de bien pequeña soñaba con vivir una historia especial con alguien, quería experimentar una de esas relaciones intensas, de película.

Soñaba con encontrar un compañero de vida con el que hacerme viejita, que estuviera siempre conmigo, despertándome cada mañana a su lado y dándole las buenas noches todas las lunas del año.

  • Y la vida me hizo encontrar ese vínculo del que nunca me desprendería. Mejor dicho, él me encontró a mí, pero no era la relación que esperaba... Mi compañero de vida llegó el 15 de octubre de 2018... ¡En forma de diabetes tipo 1!

la diabetes cambió mi vida

Me entenderéis si os digo que no es el príncipe azul con el que había soñado. Pero también os digo que he aprendido a quererla y, sobre todo, a quererme y cuidarme como nunca antes lo hice.

Cuando te diagnostican una enfermedad crónica, la escala de valores y las prioridades cambian por completo. Mi vida dio un giro de 180 grados, aquel lunes soleado de octubre en que me dieron la noticia.

"He aprendido a quererme y cuidarme como nunca antes lo hice"

Recuerdo perfectamente todos los meses previos al diagnóstico; me vienen a la cabeza todos y cada uno de los avisos que estaba dando mi cuerpo y que yo me negaba a escuchar.

Estaba tan cansada que la vida me pesaba

Empecé a perder peso, mucho peso, aunque comía de una forma desaforada y bebía mucho líquido también. Me despertaba por las noches cinco o seis veces, incluso más, para ir al baño.

Me encontraba agotadísima y sentía que la vida me pesaba, literalmente: con solo abrir los ojos por la mañana ya estaba cansada. Además, mi visión era borrosa la mayor parte del día y me acompañaba un hormigueo continuo en manos y pies.

Todos estos síntomas son el abecé de la diabetes. Y yo, sin saberlo, iba intentando justificar cada uno de ellos.

Con el tiempo llegó el debut, así lo llaman los médicos. ¡Qué inapropiada palabra para definir el diagnóstico de una enfermedad! Había imaginado debutar en muchas otras cosas como artista, pero no estaba preparada para este tipo de “estrellato”. Para esto, no.

Lo acepté pasando un duelo emocional

Inmediatamente después de ese momento, del diagnóstico, es necesario aportar insulina de por vida. Sí, necesito inyectarme insulina varias veces al día para sobrevivir.

Yo, que siempre fui una mujer independiente a todos los niveles, me convertía en insulinodependiente. Me sigue costando recordar aquellos primeros días sin emocionarme. “Ya podría haberme tocado el Euromillón y no esto”, pensaba.

Mi vida cambió por completo, ni para bien ni para mal, simplemente empecé a transitarla de forma diferente.

Tuve que poner en marcha muchísimos cambios y hacerlo a marchas forzadas. En realidad, fue muy fácil automatizar los pinchazos; lo más complicado fue pasar por cada una de las fases del duelo: la negación, el enfado, la negociación, el dolor y, al final, la aceptación.

“Adaptarse a los pinchazos fue fácil; lo peor fue aceptar por completo la enfermedad”

Emocionalmente fue muy duro. Era como si hubiese vivido libre y de repente me encerraran en una jaula. Insulina, agujas, raciones de hidratos de carbono, lancetas, glucómetro, glucemia, hemoglobina glicosilada, noches sin dormir, miedos.

Ahora veo cada día como un regalo

Hoy me observo desde otra perspectiva y soy otra persona. Y, pese a todo, me gusta.

Claro está que me niego a dar las gracias a la diabetes por haber llegado hasta aquí –ojalá nadie pasara por los estragos de esta enfermedad– y que me atormenta pensar en las complicaciones a las que me enfrento si no llevo un buen control (daño en los ojos, en los nervios del cuerpo, en la circulación, más riesgo de infarto...).

"Empoderarme con mi enfermedad me ha hecho cuidarme más que nunca"

  • Pero veo cada día como un regalo. Empoderarme con mi enfermedad me ha hecho cuidarme más que nunca. A través de ella, he aprendido mucho sobre mí y la manera como afrontaba las dificultades.

Al fin y al cabo, no importa lo que te acontece en la vida, sino cómo lo afrontas. Fue así como transformé mi dolor en la creación del proyecto personal más bonito de mi vida: Sweet Warrior.

El proyecto Sweet Warrior

  • Se ha creado recientemente, de la mano de Ares Teixidó y Umaicha, para dar respuesta a la necesidad de un importante colectivo que se enfrenta día a día a su enfermedad con un sueño común: encontrar una cura definitiva.
  • Uno de los objetivos es que las personas diagnosticadas –”dulces guerreros” como ellos se autodefinen– tengan un foro, una comunidad, donde compartir experiencias y procesos (también emocionales), y proporcionar pautas para que puedan crear el mejor estilo de vida con el que lidiar con el trastorno.
  • La diabetes no solo necesita fondos para investigar y avanzar en su cura; quienes la padecen necesitan apoyo incondicional. “No somos diabéticos, somos personas con diabetes. Podemos con esto y más”, dicen.
  • Más información en: sweetwarrior.es

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