preparar visita medica

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Vas al médico con la expectativa de recibir de él una atención cercana, que te permita sentirte cómoda para poder expresarle abiertamente lo que te preocupa.

Pero a veces sales de la consulta con la sensación de no haber conectado con él, sin entender bien la terminología que ha empleado y con dudas sobre el trastorno que sufres y cómo afrontarlo.

Confiar en tu doctor te ayuda a curarte

¿Sabías que varios estudios confirman que la buena relación con el médico mejora el desarrollo de la enfermedad? Por ejemplo, la universidad estadounidense Thomas Jefferson siguió durante 3 años a cerca de 900 enfermos de diabetes. Evolucionaron más positivamente los que se entendían mejor con su médico.

¿Por qué ocurre así? Por varios motivos.

  • Ganas seguridad. La comprensión y la cercanía que demuestre el doctor hacen que el paciente gane seguridad y ánimo para iniciar y completar su tratamiento, porque siente que hay alguien que le acompaña y le guía en el proceso.

Según varios estudios, una buena relación médico-paciente ayuda a que la enfermedad evolucione mejor

  • Favorece la curación. Al margen de la cuestión psicológica, se ha demostrado que la buena relación con el médico desencadena reacciones orgánicas muy positivas: refuerza el sistema inmune y mejora el sistema nervioso y el hormonal, tres pilares que resultan básicos para superar muchas enfermedades.

Así debes preparar la visita al médico

Aunque es bien cierto que la visita debe ser guiada por el médico, para no perder tiempo y hacer la consulta más efectiva, debes ir a ella con algunas cuestiones claras.

  1. ¿Cuál es el motivo de la visita? Debes ser capaz de explicárselo al médico de forma clara y concisa.
  2. ¿Cómo se manifiesta el trastorno? Es muy importante describir sus síntomas: si se agravan por ejemplo a ciertas horas; si cambian en función de alguna circunstancia concreta (tras comer, cuando te mueves...); si son intermitentes o no, etcétera.
  3. ¿Desde cuándo? Repasa mentalmente si hace un mes que sufres el problema o un año; si empezó tras una infección, a raíz de entrar en contacto con productos tóxicos o lo asocias a un sobresalto emocional o a un viaje a un país exótico. Elementos así constituyen datos clave para el buen diagnostico.
  4. ¿Cuál crees que es la causa que lo provoca? Tu opinión cuenta porque conoces tu cuerpo como nadie y los datos que proporcionan las sensaciones y la intuición también pueden ser útiles.
  5. ¿Sigues o has seguido hace poco algún tratamiento? Háblale de si eres alérgica a algún fármaco (o si te ha hecho reacción alguna vez). Y no le ocultes por verguenza, como suele suceceder, si has tomado un medicamento sin prescripción que no deberías haber consumido.
  6. ¿Cuáles son tus hábitos? Según qué trastorno te afecte, puede ser fundamental que le expliques, por ejemplo, si fumas o bebes alcohol, si hay algún tipo de alimento del que abuses o que falte en tu dieta, si haces o no ejercicio, etcétera.
  7. ¿Cuáles son tus antecedentes personales? Lleva a la consulta un resumen corto de los mismos. Los trastornos que has sufrido a lo largo de tu vida pueden tener relación con tu problema actual. Algunas infecciones, por ejemplo, dejan secuelas que afloran después de un tiempo.
  8. ¿Y los antecedentes familiares? Pueden ser de gran ayuda porque dan pistas sobre tu predisposición genética a sufrir ciertos trastornos de salud pero que con la prevención adecuada se pueden evitar o minimizar. Intenta también listarlos antes de llegar a la consulta.

Cómo mejorar la relación con el médico

La personalidad del médico que te asignen no podrás cambiarla, pero sí puedes hacer mucho para que vuestra relación sea más beneficiosa para ti y tu salud.

  • Acude a la visita con una actitud positiva, relajada, y empieza tú por ser cercana.
  • No le interrumpas. Que sea él quien tome la iniciativa de la visita, que te pregunte lo que necesite saber y te dé las indicaciones que crea oportunas. Si te quedan dudas, plantéaselas al final.
  • Demuéstrale confianza siendo muy sincera en tus respuestas. Convéncete de que el médico es tu aliado y quiere ayudarte sin hacer juicios sobre lo que le cuentes, por íntimo que sea. El pudor, el miedo a escandalizar al médico (piensa que es difícil que suceda porque habrá oído de todo), puede ser un obstáculo para que realice un diagnóstico acertado. Recuerda, además, que el facultativo está obligado a mantener la confidencialidad.

La sinceridad, la confianza y tener una actitud receptiva son pilares básicos para una conexión positiva

  • No te andes por las ramas. Seguramente el doctor no podrá dedicar te todo el tiempo que desearía. Así que, cuando contestes a sus preguntas, dale una información corta, precisa y útil, sin rodeos. De otra forma, quizá no puedas aportar todos los datos necesarios para un buen diagnóstico y acabes sintiéndote mal atendida.
  • Sé receptiva y muéstrate dispuesta a hacer los cambios que te indique.

El doctor también debe contribuir

Su actitud cuenta. Para que la relación médico-paciente sea buena, también el doctor, por estresado que esté, ha de colaborar: no ha de recibirte con sequedad, debe haber ojeado tu historial, tiene que escucharte poniéndose en tu lugar para darte confianza, ha de examinarte aunque haya visto mil casos iguales y preocuparse de que entiendas lo que te explica.

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Tienes la opción de cambiarlo. Vista la importancia de la conexión positiva con tu doctor para tu curación, no te resignes a continuar con uno con el que, pese a esforzarte, no logres simpatizar (ten en cuenta, de todas formas, que un trato frío no siempre es sinónimo de falta de profesionalidad). En la mayoría de comunidades autónomas basta con solicitar el cambio en el propio Centro de Atención Primaria.

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