optimismo ayuda enfermedad

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optimismo ayuda enfermedad

Que el optimismo es un aliado a la hora de prevenir y superar enfermedades está más que demostrado. Un estudio de la Escuela de Salud Pública de Harvard revela que las personas con un talante positivo tienen un 52% menos riesgo de morir de infección, un 39% menos de fallecer por ictus, un 38% de hacerlo por enfermedades cardiorespiratorias y un 16% menos de morir por cáncer.

Pero.... ¿por qué el optimismo tiene este efecto "curativo" en nuestro organismo?

Y la pregunta más importante: ¿cómo se consigue ser optimista ante una situación tan adversa como padecer un enfermedad?

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De ello hemos hablado con Patricia Ramírez, psicóloga y autora del libro "Estrena Optimismo. Dinámica para fortalecer tus emociones" (Ed.Grijalbo).

Los 3 beneficios del optimismo

Patricia asegura que ver la vida en positivo, ser optimista, tiene tres beneficios a nivel orgánico:

1. Ayuda a mantener tus defensas en un estado óptimo

No está demostrado científicamente que el optimismo suba las defensas, pero se sabe que la tristeza o la ansiedad las debilita.

Y es que nuestro sistema inmune es muy sensible a las emociones negativas, por eso las personas pesimistas tienen más dificultades para superar una enfermedad.

La personas optimistas mantienen su sistema inmune fuerte y estable

Es lógico porque su inmunidad es mucho más frágil. Sin embargo, esto no ocurre en las persona alegres y positivas. En ellas las defensas no menguan.

2. Te empuja a tener unos hábitos de vida saludables

La frase "la ansiedad provoca cáncer" seguramente la hemos oído o leído más de una vez, pero no tiene una base científica, asegura Patricia. Lo que sí es cierto, afirma la psicóloga, es que la persona optimista tiene hábitos de vida mucho más saludables que la persona que no lo es. El optimismo te empuja a llevar una vida serena, equilibrada y saludable. Es como una fuerza interior que te ayuda a estar mejor. Por eso los optimistas:

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  • Cuidan su alimentación.
  • Hacen ejercicio habitual porque saben que es sano.
  • Meditan o al menos intentan relajarse para combatir el estrés.
  • No fuman o fuman menos.
  • Procuran dormir bien.
  • Fomentan las relacionan sociales, cuidan a los amigos, quedan con ellos...

El optimismo es un estímulo para cumplir con ese manual de buenos propósitos que tenemos todos

La gente ansiosa o que va deprisa por la vida no tiene tiempo para hacer deporte, comer de forma sana... No duerme las horas suficientes... Y eso les puede llevar a una espiral de malestar físico y emocional.

3. Te da esperanzas

La persona positiva es una persona con esperanza, cree que en algún momento las cosas van a ir bien.

Y al tener esperanzas ve luz al final del túnel y se involucra y se implica en la curación de su enfermedad: confía en su médico y hace lo que le dice, cumple con el tratamiento...

El optimista cree que lo negativo es algo temporal y que pasará

El optimista piensa siempre que al final del camino hay un premio, y en el caso de una persona enferma es creer que superará ese bache.

El pesimista tira la toalla y deja de esforzarse, con lo que la curación se complica.

Cómo ser más optimista ante la adversidad

Patricia Ramírez nos da las claves para lograrlo:

  • Esfuérzate en tener un pensamiento positivo y ganador: El optimismo se nutre de positivismo. Debes repetirte constantemente frases como "tranquilo, confía en tu médico", "esto va a salir bien", "hay otra mucha gente como tú que lo ha superado" . Y huye de los pensamientos derrotistas: "no te queda vida", "no hay nada que hacer", "el cáncer es muerte".

Requiere un esfuerzo pero llega un momento que se convierte en hábito y te recompensa

  • Planifica tu agenda diaria teniendo presente que lo más importante es llevar una vida sana. Por tanto, déjate tiempo para hacer ejercicio, relajarte, comer bien...
  • Confía en que lo que te está pasando tiene un fin, que es totalmente temporal. Este pensamiento fomenta la esperanza.
  • Rodéate de gente que te revitaliza y le llena de energía. No llames a aquel familiar o aquella amiga que siempre se está quejando, o que le hablas de tu enfermedad y ella asegura que está peor. No te rodees de gente que te gana en malestar.

Para ser positivo, lo primero que hay hacer es quejarse menos

  • Enfócate en aquellas cosas que están funcionando en tu vida. Si sufres una enfermedad pero tienes unos hijos o una pareja fantásticos, o un trabajo que te llena y que puedes seguir con él, céntrate en eso. Pensamientos como "la vida es un desastre", "todo lo malo me pasa a mí", lo único que hacen es alimentar el catastrofismo.
  • Desahogarte sí, quejarte constantemente no. Una cosa es hablar de lo que te pasa con alguien en quien confías, llorar junto a él, desahogarte... Eso es bueno, positivo y necesario. Pero estar quejándote todo el día solo alimenta el pesimismo.

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  • Sé agradecido. Cuando te metas en la cama piensa en tres cosas por las que puedes dar gracias. Habrá quien piense que estando enfermo no hay nada que agradecer, pero seguramente no es cierto. Posiblemente tienes una familia que te apoya, amigos, un médico que te está tratando bien, un trabajo que te permite tener una baja laboral... Siempre hay algo que agradecer.

¿Y si el pronóstico de la enfermedad es malo?

Cuando la esperanza de curación es poca, lo importante es trabajar la aceptación, asegura la autora de "Entrena optimismo".

Es fácil enroscarse en el pensamiento de "¡Qué injusta es la vida!". Pero en ese pensamiento no vas a encontrar ninguna respuesta.

  • Es el momento de centrarse en aceptar de la mejor forma posible lo que te está ocurriendo. Piensa en la huella que quieres dejar a los tuyos, cómo puedes y quieres aprovechar tu tiempo, qué puedes hacer para sufrir lo menos posible...

Y si te resulta muy difícil ser optimista ante la adversidad, no lo dudes y pide ayuda psicológica para gestionar mejor esta etapa. En las asociaciones de pacientes cuentan con este tipo de expertos y son un excelente acompañamiento.