Por

Charo Sierra

directora de la Revista Saber Vivir

Cómo usar el aire acondicionado para cuidarte y ahorrar
Archivo RBA

En zonas y países donde nunca había hecho falta se están instalando sistemas de aire acondicionado de una manera sorprendente.

Es uno de los efectos del cambio climático y el aumento de la temperatura terrestre: estar en la calle se hace difícil a ciertas horas y el hogar sin aire no es tampoco el lugar donde encontrar el frescor deseado.

Pero esas instalaciones y aparatos se pueden convertir en un problema, para la salud del planeta, para la nuestra y para nuestra economía, si no se utilizan de la forma adecuada. Por eso, conviene siempre seguir las recomendaciones del fabricante en cada caso.

que el aire no afecte a tu salud

El primer y más importante paso es limpiar los filtros y la salida de agua. Si esta ha quedado acumulada, podría haber hongos que luego se filtrarían al aire que vas a respirar.

La unidad externa debe revisarla y manipularla siempre un profesional, aunque puedes eliminar el polvo de las rejillas con un cepillo.

Puede provocar tos

Los pulmones pueden sufrir por estar continuamente expuestos al aire frío, pero también por los cambios bruscos de temperatura al salir al exterior, mucho más caluroso. Ocurre, sobre todo, si hay una diferencia superior a 5º entre tu hogar y la calle.

Este cambio repentino hace que la fina capa de líquido que recubre las vías respiratorias se evapore más rápidamente de lo que se reemplaza, provocando sequedad, irritación y tos.

  • Si tienes alguna dolencia pulmonar, es preferible airear la casa sin usar el aire acondicionado. Y siempre que lo tengas conectado respira preferiblemente por la nariz y no por la boca.

Cuando afecta a los ojos

Si el ambiente se reseca, una de las consecuencias del uso de aire acondicionado, puede ocasionarte sequedad de piel y de ojos, incluso una conjuntivitis porque se altera la película lagrimal del ojo. Para evitarlo:

  • Hidrátate lo suficiente. Ten en cuenta que la sensación de frescor disminuirá tus ganas de beber agua.
  • Evita que la velocidad del aire esté alta modulándolo con el mando a distancia.
  • Parpadea con frecuencia si estás mirando fijamente alguna pantalla.
  • No fumes en el interior de casa.

Contracturas y dolor de cabeza

Si el chorro de aire frío está orientado hacia donde tú estás, es muy probable que acabes encogiendo tus hombros sin darte cuenta y que permanezcas así varias horas.

Eso puede ocasionarte contracturas que, además de dolor intenso, impidan que te muevas con soltura; y también dolores de cabeza. Evítalo colocando en horizontal las lamas por donde sale el aire, lo más paralelo posible al techo y no hacia el suelo.

  • No cometas el error de ponerlo a temperatura muy baja (a 18º) al llegar a casa. La máquina expulsará mucho aire al principio para llegar a lo que has marcado, y en pocos minutos tendrás frío. Sitúa el termostato en unos 22º.

De noche, empeora el sueño

Un estudio de la Universidad de Tecnología de Toyohashi (Japón) ha demostrado que dormir con el aire acondicionado encendido altera la calidad del sueño.

  • Los investigadores constataron que el aire afecta al descanso incluso cuando está tan bajo que aparentemente no se nota.

Según los datos que recogieron, las personas que participaron en la investigación se movían más y más bruscamente en la cama cada vez que el aire se conectaba. Eso lo provoca de forma automática el aparato para lograr una temperatura constante.

Además, vieron que el aire no solo provocaba más microdespertares, sino que también subía ligeramente la frecuencia cardiaca (los latidos). Eso puede ocasionar que algunas personas se levanten con una presión arterial mayor que si hubieran dormido toda la noche del tirón y sin aire acondicionado.

Utilizarlo a diario sin arruinarte

Los últimos cambios en la factura de la luz, con diferentes precios por tramos horarios, hacen que sea aun más importante hacer un buen uso de nuestros equipos de aire acondicionado.

En caso de que vayas a comprarte uno, procura que sea lo más eficiente posible. Lo verás marcado con una escala de franjas de color que van de la A (en verde y que es la máxima) a la G (en rojo, la más baja).

Y si ya tienes uno, sigue estos cuatro consejos:

  • Limpia los filtros antes de conectarlo. Ponte una alarma para sanearlos al menos cada dos semanas, aspirándolos o lavándolos con agua jabonosa, nunca con cepillo porque se deshilacharían. Déjalos secar a la sombra.
  • Ponlo a temperatura constante. Si no quieres recibir una factura astronómica, procura no variar demasiado el termostato de tu aire acondicionado. El consumo, y la factura, se dispara cuando lo subes y lo bajas continuamente. Mantenlo entre 21º y 24º.
  • No en automático. Puede parecer que el modo automático es lo idóneo pero no es así: intentará mantener una temperatura estable, lo que significa que, cuando la habitación se enfríe demasiado, la volverá a calentar para mantener la temperatura original. Y al contrario si la habitación está demasiado caliente. Cada uno de esos ajustes gastará mucho más.
  • Cierra puertas. Si las estancias vacías están abiertas (baño y cocina, por ejemplo), no habrá punto de confort en la que tú te encuentras.