un poco empatia

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un poco empatia

Un amigo te explica que tiene serios problemas personales y esa noche no puedes dormir. Intentas encontrar soluciones para su problema pero lo haces imaginando qué harías tú en esa situación.

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¿Te suele ocurrir? Pues cuando haces eso tu organismo “sufre”, según un estudio de la Universidad de Pensilvania (EE. UU.)

asumir los problemas de otras personas

La diferencia entre una empatía “saludable” y otra que no lo es parece estar, precisamente, en la actitud que adoptamos al estar ante una persona que está triste, angustiada, enferma…

Si no puedes parar de pensar en cómo te sentirías tú en una situación similar (te imaginas cómo lo afrontarías, a quién pedirías ayuda…) puedes sufrir las mismas consecuencias fisiológicas que implicaría estar viviendo esa situación estresante.

Recrear en tu mente situaciones difíciles "estresa" a tu organismo

  • Si te identificas con una persona con dolor, ansiedad o depresión, tu cerebro activa circuitos muy similares al cerebro de la persona con la que te identificas.
  • Y es que al imaginarte en una circunstancia dolorosa o difícil tu mente cree que está en estado de alerta y empieza a liberar la hormona del estrés, el cortisol, para prepararte para la “lucha”.
  • Si esto ocurre a menudo, la concentración crónica de esta hormona puede hacer que aumente tu presión arterial o tu frecuencia cardiaca, lo que puede conducir, entre otras cosas a sufrir problemas cardiovasculares.

La “buena empatía” te da beneficios

Los investigadores han visto, paradójicamente, que ayudar a personas con problemas pero manteniendo cierta “distancia” puede reportar beneficios saludables.

Así, si en lugar de pensar en cómo te sentirías tú con ese problema te concentras en comprender los sentimientos de esa persona y enfrentas la situación como si se tratase de un desafío, tu organismo reacciona favorablemente.

Debes tomar "distancia" para que no te afecte

Al hacerlo, se experimenta un estado de excitación positiva. La emoción y la ilusión que se desprende de este acto hace que liberes hormonas de la felicidad, que te hacen sentir bien.

¿Por qué se tiene más o menos empatía?

Seguro que a tu alrededor tienes personas con capacidades muy distintas para ponerse en el lugar del otro.

Piensa, por ejemplo, en una cena con amigos: a veces nos parece increíble que alguien no se esté dando cuenta de que sus comentarios nos incomodan.

En otras situaciones, sin embargo, nos sorprende la capacidad que tiene una amiga de saber que estamos pasando por un mal momento con solo mirarnos a los ojos.

¿Y de qué depende que desarrollemos en mayor o menor grado la empatía?

Tu cerebro tiene parte de culpa

Existen unas neuronas conocidas con el nombre de “neuronas espejo”. Se llaman así porque permiten reconocer las emociones en los demás y son las responsables también de que comprendamos que alguien nos necesita y se active nuestro instinto de ayudar.

Las neuoronas espejo nos permiten entender las emociones ajenas

Sin embargo, para que estas neuronas espejo funcionen bien se requiere de un neurotransmisor, la hormona oxitocina. Y se sabe que las personas poco empáticas liberan menos oxitocina.

El sexo influye

Los estudios han demostrado que, en general, las mujeres son más empáticas.

Aunque se desconoce por qué ocurre exactamente, un estudio de la Universidad de California (EE. UU.) sugiere que podría deberse al rol de “cuidadora” que culturalmente se le ha otorgado a la mujer lo largo de los siglos.

Has “aprendido” a entender

Los psicólogos sugieren que la capacidad de ponernos en la piel de otras personas tiene mucho que ver con lo que hemos aprendido.

De pequeños no repetían "¿A ti te gustaría que..."?

Si tu madre era de las que continuamente te pedía que te pusieras en el lugar del otro repitiéndote frases como “¿a ti te gustaría que te hicieran eso?” o “¿cómo te sentirías tú si te lo hicieran a ti?” es muy probable que contribuyera a que tu capacidad empática se desarrollase más.

Tus experiencias cuentan

Seguro que te resulta fácil “conectar” con personas que están pasando por algo que tu ya viviste. Haberte enfrentado a una enfermedad, haber perdido a alguien, haber vivido una mala experiencia amorosa… hace que puedas entender mucho mejor a alguien que esté pasando por eso mismo.

Cuántas más cosas vives, más comprendes a los demás

Los psicólogos consideran que la empatía ya se desarrolla durante la infancia pero es en la edad adulta cuando se afianza. A medida que acumulas experiencias y vivencias, te cuesta menos entender a los demás.