Obesidad y apnea del sueño: adelgazar puede ser el mejor tratamiento contra los ronquidos

La obesidad es el principal riesgo de apnea del sueño, seguido del tabaco, las alteraciones anatómicas o el sedentarismo. Un estudio ha demostrado que adelgazar puede reducir en gran medida las apneas y evitar llevar mascarilla (CPAP) durante el sueño.

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Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Obesidad y apnea del sueño: adelgazar puede ser el mejor tratamiento contra los ronquidos
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Perder peso podría ser el mejor tratamiento para la apnea, un problema que sufre un 10% de la población.

La apnea del sueño es un problema muy común. Se calcula que un 10% de la población la sufre y en mayores de 65 años, la cifra asciende hasta el 20%. El efecto más inmediato de la apnea es la somnolencia y la fatiga diurna porque el sueño no ha sido reparador. A medio y largo plazo provoca cambios en la presión sanguínea y aumenta el riesgo de hipertensión. Las personas con apnea obstructiva del sueño grave tienen más riesgo de infarto, ictus, diabetes y muchas otras enfermedades crónicas.

Perder peso podría ser el mejor tratamiento para esta afección. Según datos de la Sociedad Española del Sueño, 7 de cada 10 pacientes con apnea del sueño sufren obesidad y los estudios han demostrado que un aumento del 10% en el peso corporal ya multiplica por 5 las probabilidades de desarrollar apnea obstructiva del sueño (AOS) de moderada a severa.

Los principales factores de riesgo de apnea obstructiva del sueño son la obesidad, seguido de las alteraciones anatómicas que dificultan la respiración al dormir, el tabaco y la edad.

Qué es la apnea del sueño

La apnea obstructiva del sueño es un trastorno en el que la respiración se detiene durante unos segundos o minutos mientras duermes y provoca fuertes ronquidos, especialmente en el hombre, que se intercalan con períodos de silencio (apneas) que pueden durar entre 10 segundos y un minuto.

Cada parada respiratoria puede causar una disminución de oxígeno en sangre y pequeños despertares, quizá imperceptibles, pero que a la larga impiden dormir correctamente. Durante el día se tiene sueño porque hay una falta de descanso acumulado.

El tratamiento para la apnea severa, o moderada con enfermedades de riesgo cardiovascular, es una mascarilla o CPAP (presión positiva continua en la vía aérea, sigla del inglés continuous positive airway pressure) que puede llevar la persona durante la noche. La CPAP detiene los ronquidos y las apneas y, aunque no administre oxígeno, sí que hace subir sus niveles en sangre, ya que compensa y normaliza las caídas que se producen durante las apneas.

La apnea se reduce si adelgazas

Un estudio del Hospital de Bellvitge de Barcelona en colaboración con varios centros de atención de primaria ha demostrado que perder peso puede lograr que 3 de cada 10 pacientes con apnea puedan dejar de llevar mascarilla para dormir (CPAP) y reducir la gravedad de la apnea en el 60% de los casos.

La obesidad es el principal factor de riesgo de apnea del sueño y lo lógico sería que perder peso fuera la primera medida implementada por el médico para tratar la apnea, pero no suele ser así.

“Sabemos que los pacientes que aumentan de peso tienen más riesgo de sufrir obesidad y que si pierden peso, mejoran. Sin embargo, hasta ahora, el principal factor de riesgo para el desarrollo de la apnea apenas se trataba”, afirma la doctora Neus Salord Oleo del servicio de Neumología del Hospital Universitario de Bellvitge y autora del estudio.

Si haces ejercicio roncas menos

Un estudio anterior demostró que ser más activo físicamente y pasar menos de cuatro horas sentado frente al televisor reduce sustancialmente el riesgo de desarrollar apnea obstructiva del sueño.

Un equipo del Hospital Brigham and Women y la Escuela de Medicina de Harvard se propuso estudiar si ser menos activo físicamente predispone a sufrir apnea obstructiva del sueño. Para ello, analizaron datos de salud de más de 138.000 hombres y mujeres que no tenían apnea al inicio de la investigación. Al final del estudio, que duró entre 10 y 18 años, se vio que 8.733 participantes habían desarrollado el trastorno.

¿Qué había ocurrido para que desarrollaran apnea? Los investigadores tuvieron en cuenta los factores que pueden influir como la edad, el tabaco, el alcohol o el índice de masa corporal.

Además, evaluaron la actividad física que hacían los participantes. Y las conclusiones no dejaron lugar a dudas: el sedentarismo y la apnea van de la mano:

Los que hacían actividades equivalentes a tres horas de carrera a la semana tenían un 54% menos riesgo de desarrollar apnea en comparación con aquellos que hacían solo el equivalente a dos horas por semana de caminata.

Las personas que pasaban más de cuatro horas al día sentadas viendo televisión tenían un 78% más de riesgo de apnea que las menos sedentarias.

Los que hacían el equivalente a 3 horas de carrera a la semana, tenían menos riesgo

Las personas que realizaban trabajos sedentarios tenían un 49% más de riesgo de apnea en comparación con las personas menos sedentarias. A pesar de ello, si estas personas hacían ejercicio una vez acabado el trabajo, el riesgo de apnea se reducía. Y si no podían hacerlo por limitaciones físicas, también se reducían los efectos del sedentarismo y el riesgo de apnea si pasaban más rato de pie o hacían alguna actividad suave con frecuencia.

El sedentarismo también es un factor de riesgo de apnea

Este estudio confirma que el sedentarismo, como la obesidad o el tabaco, es un factor más de riesgo de apnea.

"Vimos una relación clara entre los niveles de actividad física, el comportamiento sedentario y el riesgo de apnea obstructiva del sueño", señala la profesora Tianyi Huang, primera autora del estudio.

"Las personas que siguieron las pautas actuales de actividad física de la Organización Mundial de la Salud de realizar al menos 150 minutos de actividad moderada por semana y que pasaron menos de cuatro horas al día sentadas viendo televisión, tenían un riesgo de apnea sustancialmente menor".

"Es importante destacar que vimos que cualquier aumento adicional en la actividad física y/o una reducción en las horas de sedentarismo podría tener beneficios que reducen el riesgo de desarrollar apnea", concluye.

Mirar la televisión y riesgo de apneas

El sedentarismo aumenta sin duda el riesgo de apnea, pero los investigadores hacen diferencias entre estar sentado trabajando o estarlo frente al televisor. De hecho los participantes del estudio que tenían más riesgo de apnea eran los que pasaban más de cuatro horas viendo la televisión.

¿Por qué es diferente si la actitud sedentaria es la misma? Los investigadores señalan que ver la televisión suele acompañarse de una mayor ingesta de comida basura, lo que aumentaría el sobrepeso que es una de las principales causas de apnea.

Los autores de este estudio remarcan que habría que insistir mucho más en la prevención a la hora de abordan un problema tan común:

"Aunque la apnea se puede controlar con tratamientos modernos, solo una minoría de estudios se centra en la prevención. Los profesionales de la salud deben priorizar este aspecto para que las personas en riesgo de apnea sean más activas antes de que sea demasiado tarde", subrayan.