Diego Redolar
Diego Redolar

Profesor de Neurociencia y Psicobiología

Pablo Cubí
Pablo Cubí del Amo

Periodista

Terrores nocturnos
iStock by Getty Images

Padres preocupados que ven a sus hijos pasar por momentos de angustia mientras duermen, con gritos, lloros o movimiento bruscos.

Puede ser con ojos abiertos o cerrados. Incluso pueden levantarse de la cama y parecer despiertos, aunque no lo estén.

Se trata de los llamados terrores nocturnos. Ocurren al principio del sueño, cuando aún no es profundo, o hacia el final, a primera hora de la mañana.

Son diferentes a las pesadillas

No se trata de pesadillas, que es algo mucho más común y a lo que estamos todos acostumbrados.

  • Los terrores nocturnos no pasan con tanta frecuencia, pero no son raros.

Prácticamente todos los niños los sufren en algún momento de su vida. Se pueden dar a cualquier edad.

Los terrores se dan con más frecuencia hasta los ocho años

También se dan en personas adultas, aunque como episodios esporádicos: te despiertas en mitad de la noche nervioso y sin saber por qué”, apunta el doctor en Neurociencias Diego Redolar.

Sin embargo, lo más habitual es que no se prolonguen más allá de los ocho años. Y varían mucho de intensidad de un niño a otro.

  • A diferencia de las pesadillas, los pequeños no recuerdan nada de lo que les provoca los terrores.
  • Tampoco se despiertan, aunque lo parezca.

Puede provocarlos el entorno familiar

Las causas de los terrores nocturnos no están claras.

Son un tipo de reacciones que se producen en periodos del desarrollo psíquico del pequeño”, añade el profesor Redolar.

  • Además, pueden influir otros factores, sobre todo emocionales.

¿Podrían deberse a una situación de estrés familiar, como, por ejemplo, si los padres se pelean, situaciones de maltrato o viven un proceso de divorcio?

Sí. Si el niño está expuesto a situaciones emocionalmente fuertes o estresantes es más probable que se tengan terrores nocturnos”, responde el profesor de neuropsicología. Puede ocurrir lo mismo si tiene problemas en el entorno escolar.

Sin embargo, estos acontecimientos emocionales se reflejan sobre todo en las pesadillas.

Las pesadillas son positivas. Los terrores no se sabe

Cuando vives un episodio emocionalmente fuerte, es probable que lo incorpores al sueño. Y eso puede ser positivo. Vamos a explicarlo.

  • Como hemos comentado, los terrores se producen en las primeras fases del sueño o las últimas.

Estas fases se denominan de ondas lentas. Son las fases en las que nos recuperamos fisiológicamente”, explica el profesor Redolar.

  • Las pesadillas se dan en lafase REM (rápido movimiento de ojo, en inglés), cuando hay mayor actividad cerebral.

Nuevos estudios han comprobado que, si tenemos situaciones de angustia, el incorporar en el sueño estas situaciones en forma de pesadilla es beneficioso-apunta el doctor Redolar-. Es una forma de afrontar la ansiedad.”

Las pesadillas nos ayudan a gestionar mejor la ansiedad

En los trastornos de ansiedad, nuestra respuesta a la situación es muy alta. Si lo procesamos en el sueño, esa respuesta es menor.

Pero, ojo. Se ha comprobado con las pesadillas. No con los terrores nocturnos. No quiere decir que los terrores no sean útiles para gestionar esa ansiedad. No lo sabemos.

Qué hacer ante un terror nocturno

Los especialistas hacen una llamada de tranquilidad. En la mayoría de casos, los terrores nocturnos suponen un mayor susto para los cuidadores que para el pequeño.

  • No conviene hacer nada pues es un proceso natural del sueño”, recomienda el profesor.
  • En todo caso hay que vigilar que no se de golpes si se incorpora o se caiga de la cama si mueve mucho. Nada más.
  • No es conveniente que lo abraces e intentes tranquilizarlo, pues si lo tocas se puede poner aún más nervioso. Es un sueño profundo en el que no atiende a estímulos externos.

¿Se pueden evitar?

Como es un proceso natural relacionado con el desarrollo psíquico no se pueden evitar.

En los terrores incentivados por el estrés sí podemos actuar.

  • Los momentos estresantes son aquellos en los que el niño los vive como una falta de control. Un divorcio, una pelea de los padres o problemas de bullying en el colegio serían ejemplos.

Hay que evitar sensación de descontrol a última hora

  • Intentar ofrecer durante las horas previas al sueño esa sensación de mayor control de la situación, beneficiaría a que el niño vaya más relajado a la cama. Por tanto, hay que intentar evitar la confrontación es los momentos finales del día.

¿Reducirá los terrores o las pesadillas? Tampoco va a ser fácil de dilucidar. Un poco las dos cosas.

Es difícil que los padres distingan entre pesadilla y terror nocturno al no saber en qué fase del sueño está”, recuerda el profesor Redolar.

Un entorno estable y tranquilo para el pequeño (tanto en casa como en la escuela) y una buena higiene del sueño con horarios y rutinas establecidas puede ser cosas que le ayuden a mejorar sus noches.