Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Los tóxicos del plástico pueden aumentar el colesterol
iStock by Getty Images

El plástico supone un auténtico desafío para el planeta y, a tenor de la evidencia científica que hay hasta ahora, también para la salud humana. Se sabe que los químicos de los plásticos pueden actuar como disruptores endocrinos aumentando el riesgo de cáncer de mama.

Un reciente estudio de la Universidad de California revela que la exposición a estas sustancias también puede aumentar el colesterol en sangre.

Ftalatos en el plástico

Hay muchos tipos de sustancias químicas en los plásticos, pero en este caso nos referimos a los ftalatos.

En un estudio con ratones, los investigadores descubrieron que estos químicos que se utilizan para que los plásticos sean más duraderos aumentaban de los niveles de colesterol en sangre.

  • Los ftalatos se encuentran en envases de alimentos, juguetes...
  • Aparte de en el plástico, se usan también en perfumes para que el olor se fije en la piel, así como en champús y en todo aquello que contenga aromas.

Es cuestión de fijarse en el envase y optar por los que están libres de fragancias.

Busca líneas de cosmética, geles de baño y champús que especifiquen que no llevan parabenos, benzofenonas o ftalatos. Esto aún más importante durante el embarazo para que no afecte al feto.

Aumentan la absorción del colesterol

El hallazgo de los investigadores fue exactamente el siguiente:

  • Observaron que un plastificante de ftalato muy usado (ftalato de diciclohexilo o DCHP) activaba un receptor concreto en el intestino.
  • Y al activarlo aumentaba la absorción de colesterol en el intestino, lo que provocaba un aumento del colesterol en sangre.

El hígado produce colesterol, pero esta grasa también se obtiene a través de la dieta.

Cuando comemos alimentos ricos en colesterol, las células intestinales pueden absorber hasta un 40% de colesterol y lo empaquetan, junto con otras grasas del alimento como los triglicéridos, en pequeñas gotitas que se llaman quilomicrones.

Los quilomicrones pasan a los canales linfáticos del intestino y después a la circulación sanguínea.

  • El equipo de la Universidad de California observó también que los ratones expuestos a este ftalato tenían en sus intestinos más cantidad de quilomicrones o moléculas grasas, lo que se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular en humanos.

Ftalatos, en el punto de mira

Este es el primer estudio en demostrar una asociación entre la exposición a ftalatos (en concreto DCHP) y colesterol alto en modelos de ratón.

  • Estos químicos aumentarían las moléculas grasas en el intestino y, además, favorecerían su paso a la sangre.

Hace tiempo que el DCHP, un plastificante de ftalato ampliamente utilizado, está en el punto de mira.

De hecho, el DCHP ha sido propuesto recientemente por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos como una sustancia de alta prioridad para evaluar los riesgos que puede entrañar.

De momento no se sabe demasiado sobre los efectos adversos de DCHP en humanos, pero este estudio aporta pruebas de peso que demuestran que aumenta el colesterol malo en sangre.

La acumulación de colesterol en sangre genera placa de ateroma en las arterias, lo que aumenta el riesgo de aterosclerosis y, en consecuencia, de infarto o ictus si la arteria se rompe.

Químicos a examen

El consejo de los expertos es reducir en la medida de lo posible el uso de plásticos. Y no solo por los ftalatos.

  • Otros químicos como el bisfenol A que se encuentra en los bidones de agua que hay en muchas oficinas, en los tickets de caja o en las latas también son dañinos.

Actúa como un disruptor endocrino engañando a tus hormonas, y puede afectar al metabolismo y aumentar el riesgo de patologías como la obesidad, la diabetes o el cáncer de mama entre otras.

De hecho el bisfenol A ya se eliminó de los biberones de los niños o de las botellas de plástico, pero los sustitutos que se utilizan como el bisfenol-S (BPS) y el bisfenol-F (BPF) no son inocuos.

Se ha observado también que pueden actuar como disruptores endocrinos a través de varios procesos celulares, en concreto alterando la liberación de insulina, lo que aumentaría el riesgo de diabetes.