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Recientemente las investigaciones relacionadas con la pérdida de memoria indican que los casos de alzhéimer se podrían reducir hasta un 40%, si seguimos un estilo de vida saludable, tal y como muestran los análisis realizados por el grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Cada día crece más el interes sobre esta patología que nos hace "perder nuestros recuerdos" y respondiendo a esta inquietud hemos mantenido una charla con el Doctor Nolasc Acarín, quien nos ha explicado una serie de factores sobre las causas y el funcionamiento de esta terrible enfermedad.

Hace no mucho tiempo –en los años 60– se creía que nacíamos con unas determinadas neuronas y que eso era algo genético, predeterminado. Ahora se sabe que es muy posible que “nazcan” nuevas toda la vida…

La capacidad de regeneración del cerebro, es decir de generar nuevas neuronas, aún está en discusión.

Lo que sí está claro es que a partir del día que nacemos empezamos a perderlas. Lo que da salud al cerebro y hace que sea más grande es el establecimiento de conexiones entre unas y otras neuronas a partir de la estimulación. En la especie humana la estimulación fundamental del cerebro se produce a partir de la vista y del oído.

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No obstante, es cierto que hay algunas áreas del cerebro donde desde finales de los 60 sabemos que hay cierta capacidad de generación. Ahora bien, esas nuevas neuronas no son suficientes para compensar la pérdida cuando hay un problema de neurodegeneración, como el alzhéimer.

El entorno influye para poder mantener un cerebro sano y una mente ágil, pero ¿qué otro factor es determinante?

Es cierto que el entorno es fundamental pero, hablando de alzhéimer, hay algo más importante: el comportamiento. Hoy sabemos que individuos con una determinada personalidad anterior al deterioro cognitivo tienen una mayor facilidad para desarrollar una demencia.

Tener una vida rica en emociones hace que sea más fácil evocar recuerdos

Probablemente cuando tengamos a mano el diagnóstico molecular podremos ver que aquella persona de 30 o 40 años con una conducta permanente poco empática, amargada, asocial, negativa va a terminar, con una demencia.

¿Cuestión de carácter?

¿Y por qué esas personas, con ese tipo de comportamiento, tienen más probabilidades de sufrir alzhéimer?

Debe quedar claro que lo que hay encima de la mesa no son certezas sino hipótesis.

Pero la hipótesis sobre la que trabajamos hoy en día es que las personas –por influjo genético o no– con una peculiar forma de ser (como digo, poco empática, poco solidaria, amargada a veces, con facilidad para sentirse despechada…) tienen más probabilidades de que a edades más adultas desarrollen una enfermedad de Alzheimer. Algo hay en su cerebro, que hoy en día somos incapaces de ver, que determina ese mayor riesgo de demencia y, también, ese tipo de personalidad.

¿Cuánto falta para que podamos disponer de las pruebas moleculares que usted mencionaba antes y que aportarán claridad al asunto?

Ya se están haciendo en nuestro país, pero no tienen el 100% de preditividad. Por lo tanto, pueden usarse en trabajos de investigación pero no para la atención médica. O sea, a una persona que solicita un estudio genético para determinar si podrá padecer esta demencia no es ético darle los resultados porque aún esas pruebas pueden tener errores graves. Sin quererlo, se le puede arruinar la vida sin necesidad. Pero estoy convencido de que los próximos años serán muy interesantes.

Las relaciones personales mantienen a las neuronas activas

En la próxima década podremos disponer de un diagnóstico en vida (hay que recordar que ahora hay que esperar a que la persona fallezca para confirmar que sufre alzhéimer) y también podremos disponer de un tratamiento que, sin curar la enfermedad, la detenga como hoy en día ocurre con otra enfermedad neurodegenerativa que es el Parkinson. No la curamos, pero la paramos.

¿La demencia es hereditaria?

No, pero lo que sí vemos en la práctica médica es que hay una cierta susceptibilidad familiar. Dicho de otra forma, cuando indagas en los antecedentes familiares de pacientes con demencia compruebas que es más frecuente que sí existan otras personas demenciadas en esa familia. Y no solo eso. También es frecuente que aparezcan personas con síndrome de Down o con trastornos de personalidad más o menos graves.

El cerebro se hace pequeño

A veces da la sensación de que los científicos están un poco perdidos ante el alzhéimer. Las proteínas tau y betaamiloide que hasta hace poco eran las culpables, no siempre lo son; las teorías sobre esta demencia se suceden con la misma rapidez que se descartan…

No es que se esté perdido, es que es algo frecuente en Medicina: la mayoría de enfermedades no tienen tratamiento. Solo podemos tratar lo que se resuelve con antibióticos, con cortisona o con cirugía. Todo lo demás no se cura, se trata de manera paliativa.

Hablando de proteínas… ¿Se confirma que esta demencia se produce por la acumulación de esas proteínas anormales, la tau y la beta-amiloide?

Hace años se realizó un curioso estudio en monjas que demostró, en grandes números, algo que muchos ya habíamos observado en nuestra práctica médica: que el alzhéimer no solo ocurre porque se concentren esas proteínas en el cerebro y formen ovillos y placas; sino que se produce una atrofia del cerebro, este se hace pequeño.

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Es decir, el punto diferenciador entre quienes han desarrollado una demencia y aquellos otros que se libran de la enfermedad es que en los primeros el cerebro se ha atrofiado, se ha reducido. Pero es posible que unos y otros tengan proteínas tau y beta-amiloide y también ovillos y placas.

Hay quienes creen que el causante de esa atrofia es un virus.

¡¡Uff! Eso es poner el dedo en la llaga. Sobre la mesa hay muchas hipótesis, dos de ellas son la infecciosa y la hipótesis biótica, es decir cómo influye la flora bacteriana del aparato digestivo en el sistema nervioso. Hay muchos equipos trabajando en ambas líneas, pero en este momento no se puede dar ninguna respuesta sobre ello. De todas formas, yo pienso que hay otra línea de investigación que probablemente nos llevará más a la certeza, que es la hipoxia: la falta de oxígeno en el cerebro.

¿La falta de oxígeno es otra posible causa de alzhéimer?

Así es. La hipertensión, la diabetes, el colesterol, la obesidad, el sedentarismo y los tóxicos pueden provocar una falta de oxígeno y microinfartos cerebrales. Es lo que se conoce como demencia vascular o circulatoria.

Se habla también de un gen, el APOE4, como posible favorecedor de esta demencia, sobre todo en mujeres.

No sabemos por qué las mujeres sufren más Alzheimer y hay autores que lo relacionan con el cromosoma X y también con este gen. Son hipótesis.

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El papel que juega este gen es el de facilitador: hace posible que se deposite la proteína beta-amiloide. Lo cual no quiere decir que tener este gen sea una causa irrefutable para acabar provocando esta demencia.

¿Dr. Acarín, el cerebro con alzhéimer es un cerebro inflamado?

Sí. Hay una inflamación sobre todo de las células gliares, de la glía. Y eso provocó que hace unos años se intentara tratar la enfermedad con antiinflamatorios, pero no funcionó. Por eso nos seguimos preguntando si es origen o consecuencia.

Cuidar la memoria requiere buena alimentación y hábitos saludables

Personalmente pienso que la inflamación es solo un elemento más dentro de todas las situaciones que se dan con esta enfermedad. Y déjeme que le otro dato: cada vez pensamos más que no hay ni una ni dos ni tres variantes de Alzheimer, sino que hay tantas formas de expresión de esta demencia –técnicamente se denomina fenotipo– como personas afectadas.

Hábitos que retrasan el deterioro

En su libro “Alzheimer” usted da una buena referencia para saber si los fallos de memoria son o no serios: si la persona se preocupa por ello, seguramente no sea nada grave. Pero si son los familiares los que “se quejan” de sus lagunas…

Efectivamente. Conforme nos vamos acercando a los 55-60 solemos olvidar nombres propios (de las personas) y alguna vez nombres comunes (de las cosas). Eso no es grave. La situación es seria cuando esa persona no reconoce lo que le está pasando y son los familiares quienes se quejan de que pierde cosas, que el humor le ha cambiado, que se desorienta en la calle… Cuando uno mismo no percibe que todo eso ocurre decimos que hay Anosognosia. Y entonces sí que hay que estudiar a esa persona.

¿Qué cosas en concreto ayudan a reducir el riesgo de sufrir alzhéimer, doctor?

Hay que evitar los 6 factores de riesgo vascular que mencioné antes. Y hay que hacer los tres ejercicios: físico, mental y social. Eso va bien incluso para las personas que ya han entrado en un proceso de deterioro cognitivo. Para prevenir es imprescindible llevarlo a cabo toda la vida, especialmente a partir de que empieza a bajar la curiosidad y la inquietud motora, que ocurre a partir de los 40 años.

Los niños no han de hacer nada especial porque se mueven, estudian y juegan o se pelean con otros niños; por lo tanto el trabajo físico, mental y social ya lo hacen, pero como digo todo eso decae en los adultos a partir de los 40 años.

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¿Qué conseguimos haciendo esos tres ejercicios?

Logramos una reserva cognitiva, es decir que se produzcan muchas más conexiones entre las neuronas. De esa forma, cuando llegue el deterioro vinculado –en general– al envejecimiento y se pierdan conexiones, el cerebro echará mano de esa reserva que hemos ido guardando. Además de todo eso, parece que al cerebro le sienta especialmente bien la música.

¿Ah, sí? ¿Por qué?

Algunos epidemiólogos sostienen que en Alemania hay menos demencia en general y menos alzhéimer en particular que en España porque allí es habitual que los niños en las escuelas aprendan a utilizar un instrumento musical. Luego, cuando son mayores, quizá no se dedican profesionalmente pero lo siguen poniendo en práctica como hobby. Con la música, nuestro cerebro inicia un curioso y provechoso ritual.

¿Cómo mejora el cerebro cuando oímos o tocamos música?

Pondré el ejemplo de un piano. Miramos la partitura y eso hace que el cerebro desarrolle una melodía fantasiosa. Con esa melodía en mente, el cerebro da las órdenes para mover los pies y las manos. Con lo cual, empezamos a tocarla. Y el sonido, a través del oído, entra en el cerebro y se superpone con la melodía previa (imaginada antes).

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Todo eso ocurre en micronésimas de segundo y es una gimnasia neuronal tremenda, de una gran utilidad. Hacerlo produce un gran aumento de la reserva cognitiva.

La alimentación influye

¿Qué importancia tiene la forma de alimentarse, doctor Acarín?

Yo pienso que a partir de una cierta edad, cuando ya hemos crecido y no son tan necesarios los productos cárnicos, ni el pescado ni el marisco, es positivo inclinarse hacia una cierta dieta vegetariana. Sin extremismos, sin fanatismos y comiendo un día gambas, pescado o bisté si apetece.

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Tomar primordialmente vegetales y legumbres nos conviene mucho más. Y es bueno comer vegetales en las tres formas básicas: crudos, hervidos y a la plancha, sin que se quemen para que no se formen acrilamidas, que son sustancias tóxicas.

¿Qué conseguimos con ese tipo de alimentación?

Se consigue un mejor funcionamiento digestivo, porque se absorbe mucha más fibra y por lo tanto facilitamos el trabajo del estómago, que puede reducir mejor esos alimentos a partículas absorbibles en el intestino delgado. Eso repercute en que el cerebro está bien alimentado, con lo cual se reduce el riesgo de deterioro cognitivo.