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En la dos últimas décadas se ha avanzado muchísimo en el conocimiento del alzhéimer. Y es que hasta no hace mucho esta enfermedad era sinónimo de demencia, sin más.

Ahora se sabe que años antes de que aparezcan los primeros síntomas de pérdida de memoria, el cerebro ya empieza a experimentar cambios. De todo ello hemos hablado con la Dra. Nina Gramunt, neuropsicóloga de la Fundación Pasqual Maragall; y con el Dr. Oriol Grau, neurólogo del Programa de Prevención del Alzheimer del Barcelonaßeta Brain Research Center (BBRC), el centro de investigación de esta fundación.

¿Qué le "pasa" exactamente al cerebro en esta enfermedad?

Lo que ocurre es que se produce una alteración en el funcionamiento de ciertas proteínas: la proteína beta-amiloide y la proteína Tau.

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  • Todos tenemos este tipo de proteínas en el cerebro y son necesarias para su funcionamiento natural pero, no se sabe exactamente porqué motivo, en el alzhéimer no se degradan correctamente una vez han hecho su función.

La acumulación de proteína beta-amiloide y Tau acaba provocando la muerte de las neuronas

  • El resultado es que se van acumulando con los años. Esto actúa como un tóxico en el cerebro que, a su vez, dificulta la conexión entre las neuronas y acaba provocando su muerte.
  • A medida que se va acumulando estas proteínas (la beta-amiloide forma placas y la Tau una especie de enredos u ovillos) el cerebro se atrofia, se va encogiendo, secando... Y esto afecta a las capacidades cognitivas y funcionales de la persona.

¿Qué parte del cerebro se ve afectada primero?

  • La primera parte que se ve afectada es el hipocampo, que es la zona encargada de la memoria más reciente. Por eso las primeras señales de la enfermedad son los olvidos. La persona no recuerda que ha comido, la conversación que ha tenido hace 10 minutos, empieza a tener problemas para gestionar el dinero...

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  • En la fase moderada la atrofia cerebral afecta también al lóbulo frontal, parietal y más tarde el occipital, aunque no siempre sigue este orden. Esto hace que el enfermo tenga problemas con lo que se denominan las actividades instrumentales, es decir, todo aquello que implique usar aparatos: el móvil, el ordenador, poner la lavadora... Los problemas de orientación, memoria y lenguaje también se acentúan.
  • Ya en la fase avanzada, la afectación del cerebro es total y, con el tiempo, se llega a perder el control de la actividades básicas.

¿Pero los cambios en el cerebro empiezan antes de que aparezcan los primeros síntomas?

Esta enfermedad tiene una fase preclínica silenciosa que puede durar hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas. De hecho, cuando la enfermedad da la cara quiere decir que el alzhéimer realmente ya está avanzado.

¿Entonces la enfermedad podría detectarse incluso 20 años antes?

No del todo porque esto no es una fórmula matemática. Hoy en día hay técnicas de neuroimagen que permiten detectar la acumulación de proteína beta-amiloide y Tau, pero eso no quiere decir que se vaya a desarrollar la enfermedad al cabo de dos décadas, porque intervienen otros factores como:

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  • La reserva cognitiva, es decir, el número de conexiones neuronales que tenemos. Cada vez que aprendemos algo nuevo se generan nuevos circuitos. Y cuanto mayor es esa reserva cognitiva, mayor resistencia tienes a la acumulación que causa la patología. Eso quiere decir que puedes alargar esta fase preclínica, la que no da síntomas.

Cada vez que aprendemos algo nuevo se generan nuevos circuitos neuronales

  • La capacidad tanto genética como neurobiológica para resistir durante más o menos tiempo a la acumulación de placa.

¿En qué medida unos hábitos de vida saludables pueden ayudar a prevenir el alzhéimer?

Hay estudios que apuntan que hasta un tercio de las probabilidades de padecer alzhéimer podría atribuirse a factores modificables como la hipertensión, el colesterol, la diabetes o el tabaco; y otros menos tangibles como la soledad.

Hasta un tercio del riesgo de sufrir alzhéimer depende de factores modificables

Por tanto, de esto se deduce que unos hábitos de vida saludables podrían ayudar a reducir la incidencia de la enfermedad o como mínimo retrasar unos años la aparición de síntomas.