Cómo son las ciudades que cuidan la salud mental y el corazón de sus habitantes

La ciudades son altamente estresantes y se asocian con peor salud cardiovascular, pero hay una forma de reducir estos efectos nocivos: aumentar los espacios verdes.

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ZONA VERDE CIUDAD

Los entornos verdes ayudan a rebajar los niveles de cortisol, la hormona del estrés, en las grandes ciudades.

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Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud y nutrición

Alrededor del 55% de la población mundial vive en áreas urbanas, según las últimas estimaciones de las Naciones Unidas de 2022. En 1950 la cifra era del 25%, lo que significa que en pocos años los habitantes de las ciudades se han duplicado. Y la previsión es que las cifras vayan en aumento.

Curiosamente, también aumentan los trastornos mentales. "Los estudios indican que vivir en la ciudad se asocia con una mayor actividad de la amígdala, pieza esencial de la respuesta al estrés y la ansiedad. De hecho, la tasa de prevalencia de muchos problemas de salud mental es mayor en las ciudades que en zonas rurales: aproximadamente un 40 % más de riesgo de depresión, un 20 % más de ansiedad y el doble de riesgo de esquizofrenia", explica , profesora del Departamento de Psicología Básica de la Universitat de València, en un artículo publicado en The Conversation.

La experta apunta que son varios los factores que actúan como estresantes en las ciudades: la contaminación, el ruido, el hacinamiento y el propio diseño urbano

Los edificios altos no ayudan

Los bloques de pisos u oficinas de las ciudades crean un paisaje que se caracteriza por un exceso de patrones repetitivos y geométricos que generan estrés visual, alerta la profesora de la Universidad de València.

"Por el contrario, el entorno natural parece tener una mayor complejidad fractal, lo que implica un menor número de fijaciones oculares y, por tanto, menor esfuerzo en el procesamiento de la información visual", aclara.

Ahora bien, no todo es malo en las grandes ciudades para la salud mental. El transporte público y los servicios favorecen una vida social activa, factor clave para alejar la depresión.

Así son las ciudades que reducen el estrés y la ansiedad

Los bloques de pisos no pueden desaparecer, pero sí pueden aumentar las zonas verdes de las ciudades. Existe evidencia científica de que vivir cerca de zonas verdes se asocia a menos riesgo de mortalidad prematura, de problemas mentales y hasta un 16% menos riesgo de ictus.

Las zonas verdes benefician en gran medida la salud mental. En las grandes urbes, son un remanso de paz para las personas donde es posible pasear con tranquilidad, leer un libro, hacer deporte o simplemente desconectar de la rutina.

"Los entornos naturales ayudan a rebajar los niveles de cortisol, la llamada hormona del estrés, importante tanto para el bienestar emocional como para el bienestar físico, debido a que el aumento de esta hormona eleva la presión arterial y el nivel de azúcar, influyendo en la memoria y la concentración. Pasear por lugares que hagan sentir que estamos en contacto con la naturaleza aumenta nuestro bienestar físico y mental", afirma Alba Fernández, psicóloga de BluaU de Sanitas.

Menos riesgo de ictus isquémico

Un estudio del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y la Agència de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya (AQuAS) sugiere que vivir cerca de zonas verdes reduce en un 16% el riesgo de sufrir un ictus isquémico.

El ictus isquémico es el más habitual de los accidentes cerebrovasculares. Un 85% de los ictus son de tipo isquémico. Se produce cuando un coágulo obstruye un vaso sanguíneo que lleva sangre al cerebro, lo que impide que la sangre fluya correctamente y las células del cerebro comienzan a morir.

Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), 1 de cada 6 personas sufrirá un ictus a lo largo de su vida y la previsión es que los casos aumenten en los próximos 25 años por los malos hábitos y el aumento de la esperanza de vida.

Así pues, todo lo que contribuya a reducir el riesgo es bienvenido. Y vivir cerca de una zona verde puede ser un factor a tener en cuenta. El estudio del IMIM y ISGlobal revela que las personas que viven a menos de 300 metros de una zona verde tienen un 16% menos probabilidades de sufrir un ictus isquémico.

La investigación se ha publicado en la revista Environment International y es el trabajo más importante en este campo hecho hasta ahora en Europa, analizando datos de toda la población de Cataluña entre los años 2016 y 2017.

El impacto negativo de la contaminación

El estudio ha tenido en cuenta la información de la exposición a tres contaminantes atmosféricos provocados por el tráfico de vehículos, de más de tres millones y medio de personas seleccionadas entre los 7,5 millones de residentes en Cataluña, personas de más de 18 años que no habían sufrido un ictus antes del inicio del trabajo.

En concreto, el trabajo ha analizado el impacto de los niveles de las partículas de menos de 2,5 micras (PM 2,5), del dióxido de nitrógeno (NO2) y de las partículas de hollín, en el lugar de residencia de cada una de los participantes. También se ha analizado la cantidad y densidad de zonas verdes existentes en un radio de 300 metros del domicilio.

Los resultados del estudio revelan una relación directa entre el incremento de los niveles de concentración de NO2 en la atmósfera y el riesgo de sufrir un ictus isquémico.

Así, por cada incremento de 10 microgramos (µg) de NO2 por metro cúbico, este peligro crece un 4%. Lo mismo pasa cuando los niveles de PM 2,5 se incrementan 5 µg/m3. Y en el caso de las partículas de hollín, el riesgo crece un 5% por cada incremento de un µg/m3 en la atmósfera.

Estos datos son iguales para toda la población, independientemente de la edad o de la adicción al tabaco.

Recordemos que el NO2 es un contaminante tóxico que se relaciona sobre todo con problemas respiratorios como el asma y la EPOC. Las PM 2,5 están consideradas uno de los contaminantes más peligrosos para la salud. Con un diámetro de 2,5 micras o menos, pueden atravesar los pulmones y entrar en el torrente sanguíneo.

Más zonas verdes, menos ictus

Por contra, el estudio observó que tener abundancia de zonas verdes en el mismo radio del domicilio tiene un impacto directo en la disminución del riesgo de sufrir un ictus. En concreto, de hasta el 16%.

"La gente que vive rodeada de un mayor grado de verdor en su lugar de residencia, tiene protección ante la aparición del ictus", apunta la Dra. Carla Avellaneda, investigadora del Grupo de investigación Neurovascular del IMIM-Hospital del Mar y una de las autoras principales del trabajo.

En general, se considera que la exposición a espacios verdes tiene efectos beneficiosos en la salud a través de diferentes mecanismos, como la reducción del estrés, el incremento de la actividad física y de los contactos sociales e, incluso, la exposición a un microbioma enriquecido.

Estos efectos beneficiosos en la salud se deben a que los espacios verdes, habitados por todo un ecosistema de microbios, generan una triple acción:

  • Reducen la contaminación. Filtran contaminantes y secuestran dióxido de carbono.
  • Disminuyen el ruido. La exposición al ruido se asocia con bajo peso al nacer, diabetes, insomnio, estrés...
  • Bajan la temperatura del aire. Contribuyendo así a la reducción del calentamiento global.

Replantear los límites de los contaminantes

Ante estos datos, los investigadores sugieren que habría que revisar los actuales niveles de contaminación atmosférica que se consideran seguros.

Los umbrales marcados por la Unión Europea son de 40 µg/m3 en el caso del NO2, que la Organización Mundial de la Salud reduce a 10 µg/m3; y de 25 µg/m3 en el de las PM 2,5, que la OMS limita a 5 µg/m3. No hay niveles para las partículas de hollín.

Un dato que invita a la reflexión: los niveles registrados de estos tres contaminantes durante el periodo analizado en el estudio eran inferiores, de media, a los marcados por las autoridades europeas.

"A pesar de que se cumplen los niveles marcados por la Unión Europea, nos encontramos con la paradoja que todavía hay riesgo para la salud, como el que hemos encontrado en este estudio, donde hay una relación directa entre la exposición a contaminantes en nuestro entorno y el riesgo de sufrir un ictus", explica la Dra. Rosa Maria Vivanco, autora principal del trabajo e investigadora del IMIM-Hospital del Mar y de AQuAS.