Estos son los efectos del azúcar, las grasas y la obesidad en el cerebro y la memoria

La obesidad puede llegar a cambiar la expresión de genes relacionados con la memoria, los azúcares restan concentración mental y las grasas reducen la irrigación del cerebro.

Actualizado a
Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Estos son los efectos nefastos de la obesidad, el azúcar y las grasas en el cerebro y la memoria
Istock

El abuso del consumo de azúcar o grasas provoca cansancio físico y mental y, a la larga, favorece la aparición de problemas degenerativos del cerebro.

Un exceso de grasas y azúcares en la dieta, así como el sobrepeso no solo afectan a la salud cardiovascular. La evidencia científica ha demostrado que existe una relación entre la obesidad y la pérdida de capacidades cognitivas, por lo que estar en tu peso también es una forma de proteger tu memoria.

¿Cómo afecta la obesidad al cerebro?

El exceso de peso afecta a la expresión de determinados genes relacionados con la memoria.

Se ha investigado con ratones en la Universidad de Alabama en Birmingham (Reino Unido), pero los científicos encargados del estudio creen que hay evidencias de que esta vinculación génica se da también en los humanos, ya que esto explicaría por qué se ha relacionado la obesidad con las pérdidas cognitivas.

La memoria espacial se altera con la obesidad

En concreto, los investigadores pudieron comprobar que cuando se inducía la obesidad a esos ratones mediante la dieta, estos animales mostraban defectos en la memoria espacial, que depende del hipocampo, y la comunicación entre las neuronas era peor.

¿Cómo afecta el consumo de azúcar al cerebro?

Además de contribuir a la ganancia de peso, se ha demostrado que el consumo de azúcar disminuye el rendimiento intelectual a corto plazo, ya que su rápida absorción provoca una hiperglucemia brusca seguida de una hipoglucemia reactiva que afecta al hipocampo y, por lo tanto, a la concentración mental.

El consumo de azúcar disminuye el rendimiento intelectual

La repetición de estos altibajos provoca cansancio físico y mental y, a la larga, favorece la aparición de problemas degenerativos del cerebro.

Modera los azúcares de absorción rápida. El cerebro necesita que la tasa de glucosa en la sangre sea equilibrada, porque una deficiencia de glucosa ralentiza su funcionamiento y un exceso acelera su degeneración.

La tasa de glucosa en sangre depende de los tipos de hidratos de carbono y grasas que consumimos. Hay que evitar, por lo tanto, el azúcar, el pan blanco, las patatas viejas y los dulces en general, puesto que provocan indeseables subidas y bajadas de las tasas de glucosa.

Otro estudio reciente publicado en la revista "Neurology" señala que tomar grandes cantidades de azúcar o de harinas refinadas puede suponer un riesgo para la estructura y la función cerebral y por esa razón puede dar lugar a un deterioro de la memoria. Por ello recomiendan restringir su consumo.

¿Cómo afecta comer muchas grasas al cerebro?

Múltiples estudios, de entre los que destaca el realizado por el Hospital Brigham en Boston (Estados Unidos), han asociado el exceso de grasas saturadas en la dieta, especialmente las grasas trans, con dificultades cognitivas que pueden incluso derivar en Alzhéimer y otro tipo de demencias.

Estos estudios sugieren que una dieta demasiado rica en grasas puede reducir la irrigación del hipocampo, la zona del cerebro ligada al aprendizaje y a la memoria. Por el contrario, se ha comprobado que llevar una dieta baja en grasas saturadas desde la niñez mejora el rendimiento cognitivo y reduce el riesgo de sufrir enfermedades del cerebro cuya evolución empeora a medida que sumamos años.

La grasa que se acumula en el abdomen es más dañina

Es la conclusión de otro amplio estudio, en este caso realizado en la Universidad de Northwestern (EE. UU.), que analizó la salud cognitiva de más de 8.000 mujeres.

Se encontró que por cada punto que aumentaba el Índice de Masa Corporal (IMC, que se calcula dividiendo el peso en kg por la estatura en metros) por encima de 18,5 –lo que se considera un IMC para un peso normal– bajaba un punto la puntuación para la memoria.

El tipo de grasa que se acumula en esta zona afecta a la presión arterial, que acaba repercutiendo al cerebro

Se cree que esta relación ocurre porque la grasa libera al organismo citoquinas, que son hormonas que afectan a la insulina y a la presión arterial, lo que acaba afectando al cerebro. Incluso se sospecha que esa grasa puede contribuir a la formación de placas asociadas a la enfermedad de Alzheimer.

Tras estudiarlas, llegaron a la conclusión de que la pérdida de memoria asociada al sobrepeso era más evidente en las que tenían un cuerpo en forma de manzana (la grasa se acumula alrededor del abdomen) que en las que su morfología se asemejaba más a la de una pera (con más grasa en la cadera). La razón, según los investigadores, reside en las diferencias del tipo de grasa que se acumula en esas zonas. La del abdomen libera más sustancias inflamatorias, por lo que es más dañina.