Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Espasticidad después del ictus
iStock by Getty Images

A partir de los 55 años, cada década que pasa se dobla el riesgo de sufrir un ictus. Así pues, las probabilidades de padecerlo aumentan con la edad pero sería un error pensar que los accidentes cerebrovasculares son solo de gente mayor.

También se dan en gente joven y hay secuelas que son más propias en esta franja de edad. Es el caso de la espasticidad, un trastorno neuromotor que puede aparecer tras un ictus y que puede afectar en gran medida a la calidad de vida del paciente.

Más riesgo en gente joven

La espasticidad afecta a un 40% de los pacientes y las personas jóvenes son las que tienen mayor riesgo de sufrirlo tras un ictus severo.

Así lo afirman las doctoras al frente de la adaptación española del Semáforo de la espasticidad, una nueva herramienta creada por un equipo internacional de médicos rehabilitadores para ayudar a los médicos de Atención Primaria a predecir, identificar y priorizar a los pacientes en riesgo de desarrollar este trastorno que afecta a la movilidad.

"Aunque todos los pacientes con ictus severos son susceptibles de padecer espasticidad, los jóvenes por debajo de 65 años tienen más posibilidades de desarrollarla", señala la la doctora Raquel Cutillas, jefa asociada del Servicio de Rehabilitación del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

"Por ello, los profesionales sanitarios, especialistas y médicos de Atención Primaria, debemos realizar un seguimiento de estos casos", señala.

Y es que el factor edad como indicador de riesgo está avalado por estudios internacionales que confirman que a medida que aumenta la edad en que se sufre el ictus se reducen las posibilidades de padecer espasticidad severa.

Síntomas de la espasticidad

La falta de riego sanguíneo en el cerebro que provoca el ictus puede dañar las zonas de este órgano involucradas en el movimiento muscular, dando lugar a este trastorno neuromotor.

La espasticidad también puede aparecer como secuela de otros trastornos neurológicos como la esclerosis múltiple, las lesiones medulares o los traumatismos craneoencefálicos. En palabras de la doctora Cutillas:

  • "Puede provocar dificultad en la movilidad, alteración postural, déficit funcional, rigidez en las articulaciones y dolor en las extremidades".
  • "Se desarrolla en muchos casos desde una etapa precoz, a las 3 semanas de haberse producido el ictus".

Señales de alarma

Obviamente, la espasticidad tiene un gran impacto en la calidad de vida de los pacientes, por lo que todos los esfuerzos son pocos para prevenirla.

Con este fin, un equipo internacional de médicos rehabilitadores, con el apoyo de la compañía Allergan, ha desarrollado este nuevo sistema de clasificación de riesgos de la espasticidadSemáforo de la espasticidad– que favorece la derivación de pacientes al médico rehabilitador.

El objetivo es detectar el trastorno lo más pronto posible para evitar complicaciones mayores y empezar la rehabilitación cuanto antes, que es una pieza fundamental en el tratamiento.

Así pues, la herramienta pone de manifiesto las señales que deben poner en alerta a los médicos de un riesgo real de sufrir espasticidad tras un ictus severo.

  • Estas señales son la edad, el tabaquismo, el tipo de ictus, el déficit funcional asociado y la zona de la lesión cerebral.

"Los médicos debemos insistir en la importancia del seguimiento y tratamiento de la espasticidad, sobre todo en las fases iniciales tras el ictus, dado que el nivel de concienciación de pacientes y familiares suele ser menor que con otras de sus consecuencias".

"Y debemos instruirles en la detección y prevención de la espasticidad para favorecer su recuperación", explica la doctora Lourdes López de Munaín, jefa del Servicio de Rehabilitación del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander.

Cumplir con el tratamiento

El tratamiento preventivo de la espasticidad no es complicado pero requiere de la implicación del afectado. Así lo explica la doctora López de Munaín:

  • "La evolución depende en gran parte del paciente, que debe repetir y aplicar las pautas enseñadas por los profesionales de la rehabilitación".
  • "Entre ellas se incluye la realización de una serie de ejercicios y un adecuado control postural para evitar el acortamiento muscular, la limitación de los recorridos articulares y el dolor".

Y no hay que olvidar el papel del cuidador, que es esencial para apoyarle, animarle y hacer que cumpla con el tratamiento hasta el final.