lavar frutas verduras

Al cocinar una carne o un pescado sus bacterias son eliminadas. Como frutas y verduras se consumen en su mayoría crudas, lavarlas bien es la única forma de no acabar ingiriendo restos de abono o pesticidas (aunque hoy existe mucho control sobre los que se usan y sus restos no son, en principio, tóxicos para nuestro organismo) o incluso minúsculos insectos.

Pero también hay que asegurarse de que ese lavado no acabe con parte de sus nutrientes. De entrada, la primera recomendación es que no las compres si no vas a comerlas como máximo en tres días, pues se estropean con rapidez.

Cómo y cuándo deben limpiarse

  • Justo en el momento en que vayan a consumirse. Solo debes lavar antes de almacenar las piezas que estén muy sucias, pero en ese caso recuerda secarlas bien: la humedad propicia que se desarrollen microorganismos y que se acaben pudriendo.

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  • Aunque no vayas a comerte la piel, lávala. Y siempre antes de cortar la pieza. Si no lo haces, podrías pasar las bacterias de la corteza a la fruta al pelarla. Lava también antes tus manos y el cuchillo (y la superficie) que uses.
  • Habría que frotarlas con un cepillo (los hay especiales). Se recomienda sobre todo para las piezas con piel dura y rugosa, como los pepinos, aunque si es suave y lisa, como la de los tomates, también se puede usar (en especial si van a comerse sin pelar), haciendo poca presión.
  • Coloca las piezas pequeñas (frambuesas, berros) en un escurridor bajo el grifo y remuévelas. Si están compuestas de hojas, como la lechuga, lava una a una debajo del agua.

Tras el lavado, remojo desinfectante y secado

Tras lavarlas, lo ideal sería introducirlas en un recipiente con agua y desinfectante. Puedes utilizar lejía (debe ser apta para desinfección de agua y basta con 2 o 3 gotas por cada litro) bicarbonato (una cucharadita por dos tazas de agua) o mejor aún, un poco de vinagre (echa un chorrito por litro), pues aunque te excedieses no es tóxico. Luego vuelve a enjuagar bien.

Tras lavarlas, lo ideal es introducirlas en agua con desinfectante y después secarlas bien con papel de cocina

- Ajusta el tiempo de remojo a cada alimento: No deben ser nunca más de 10 minutos para que las propiedades nutricionales de la fruta o la verdura no se resientan (sobre todo, se perderían sus vitaminas solubles). Pero hay casos particulares que debes tener en cuenta:

  • Los tomates se estropean si los mantienes en remojo más allá de 5 minutos.
  • Las cebollas quedan reblandecidas si se sumergen más de 2.
  • Con las setas, hay que evitar incluso que pasen por el agua: se les quita la tierra arrastrándola bien con un pincel o un paño, se limpia cada una con un trapo mojado en un poco de vinagre y se secan de inmediato.

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Usa papel de cocina, no el trapo, para secarlas: Quizás hayas utilizado el paño de cocina para otras cosas y ya lleve microorganismos. Mejor emplear papel de usar y tirar.

Y nunca las cortes antes ni les quites el pedúnculo: Si lo haces les entrará agua, y eso también provoca la eliminación de un porcentaje de sus nutrientes, sobre todo de algunas vitaminas.

Y si después congelas...

  • Frutas. Tras lavarlas y trocearlas, muchas hay que cubrirlas con azúcar (250 g por kg) o almíbar (cuece unos 400 g de azúcar por litro de agua y espera a que se enfríe). Luego se guardan en un recipiente en el congelador.

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  • Verduras. Deben escaldarse primero (también puede hacerse con algunas frutas, como la manzana o el plátano) no más dos minutos para evitar su oxidación y escurrirlas bien antes de meterlas en la bolsa de congelación.

Cuáles escoger en el super

Elige las que estén bajo fluorescentes. Tienen más nutrientes y se conservan también mucho más frescas que las verduras que permanecen almacenadas en la oscuridad o con menos luz, según concluye un estudio realizado por científicos del Servicio de Investigación del Departamento de Agricultura de EE UU.

Esa luz activa la fotosíntesis, el proceso por el que las verduras de hoja (endibias, lechugas...) convierten la luz en alimento para sí mismas. Por eso la exposición al fluorescente preserva sus vitaminas y otros nutrientes.

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Ahora bien, si además de estar bajo esa luz se comercializan en bandejas con papel film "sudan" más y se estropean antes.

¿Y las que ya se venden envasadas?

Cuando las frutas y los vegetales crudos llevan mucho tiempo en la nevera o han viajado grandes distancias (por ejemplo, si proceden de otros países) pierden parte de las vitaminas y minerales.

El congelado preserva los nutrientes de las verduras

Eso no sucede si se venden congeladas o ya lavadas, cortadas y envasadas. Desde que se recogen hasta que se congelan o son sometidas a especiales condiciones de refrigeración pasa poco tiempo, lo que preserva sus nutrientes.

  • Por ejemplo, está comprobado que la vitamina C de las espinacas frescas consumidas a los tres días de su recolección es menor que la que aportan las congeladas.

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