resistir alimentos adictivos

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resistir alimentos adictivos

¿Te has planteado por qué comes lo que comes? Las respuestas son varias: seguramente porque te riges por la dieta que se ha seguido en tu familia durante años; porque te has preocupado de saber lo que te conviene y lo que no; porque te dejas llevar por lo que te apetece… y, ¿cómo no?, en más de una ocasión por ansiedad.

Cuando comes algunos alimentos simplemente porque te apetecen, no es que tu paladar los pida porque sí. Por lo general, es tu cerebro el que te los está reclamando.

la explicación a la adicción

Hay alimentos que, una vez que se toman, el cerebro los recuerda y los registra como “aquello que te dio placer inmediato. Lo que ocurre es que te “enganchan”. Y sí, acaba siendo como una especie de adicción.

En los últimos años han aparecido numerosos estudios que nos explican por qué ocurre esto.

Nuestro cerebro es fácil de convencer

  • Las sustancias químicas que contienen algunos alimentos producen una sensación inmediata de placer porque aumentan “los opioides naturales”.
  • La “sobreexcitación” silencia unas neuronas que, normalmente, frenan la fabricación de dopamina.

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  • La hormona dopamina es un neurotransmisor responsable de las adicciones. Si se libera sin control, es más fácil “engancharse” a lo placentero.
  • Los alimentos más calóricos son los que ponen en marcha este proceso, según han demostrado los estudios.

Los alimentos que más "enganchan"

Hemos recopilado los alimentos más adictivos y hemos buscado alternativas para que ahora seas capaz de no caer en la peligrosa tentación.

Chocolate: una dosis de energía

Este producto estimula porque contiene cafeína y teobramina y eso ya es suficiente motivo para que el cuerpo te lo pida. Pero hay más: calma la ansiedad porque tiene hidratos de carbono y grasas vegetales; sube el ánimo y rebaja la sensación de depresión gracias a otra de sus sustancias, casi mágica, la feniletilamina.

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  • De todas maneras, en algunos casos esa tendencia a comer chocolate puede indicar un descenso de la glucosa o que tu estado de ánimo está algo bajo. Incluso algunos estudios aseguran que a tu organismo le puede faltar un mineral, el magnesio, y lo reclama de esa forma.

El chocolate también contiene tiramina e histamina, compuestos que se han relacionado con la aparición de migrañas. Por eso, se cree que puede desencadenar crisis migrañosas en personas predispuestas.

Desayunar alimentos ricos en magnesio te ayuda a tener menos ansiedad por la comida

  • Si el cuerpo te pide chocolate... Desayuna magnesio para evitar la ansiedad. Puedes espolvorear dos cucharadas sobre los copos de avena, el yogur o la fruta. A media mañana toma unos pistachos (25 g). El pan integral También es uno de los alimentos más ricos en magnesio. “Rellénalo” con ingredientes ligeros, con pocas calorías.

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  • La mejor elección... Si tu deseo de comerlo es muy fuerte, opta por una onza de chocolate negro (con el 70% u 80% de cacao). Muérdelo poco a poco y disfruta de su sabor. El cacao es rico en flavonoides, que tienen un efecto antioxidante, antiinflamatorio, anticoagulante e intervienen en la regulación de la presión arterial. Ese efecto se inhibe si se añade leche.

Todo lo dulce: euforia inmediata

El sabor dulce calma la ansiedad de forma automática. Incluso, más que una taza de tila. En la antigua Grecia se comparaban los efectos del azúcar con los del opio.

Después, estudios médicos han confirmado que tomar demasiados productos dulces (o azúcar) provoca que el organismo segregue una cantidad excesiva de serotonina. Por eso, luego nos sentimos más alegres… incluso eufóricos.

Ten en cuenta que si tus ganas de tomar dulce son muy frecuentes puede deberse a una falta de cromo.

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  • Si el cuerpo te pide dulce... Ve tomando cromo a lo largo del día. Si falta cromo, hay que tomar 4 o 5 gramos de levadura de cerveza diarios. Espolvoréala en la leche, los zumos... Y entre horas, come 4 nueces. Además de cromo, aportan ácidos grasos poliinsaturados omega 3, muy saludables para el corazón.
  • La mejor elección... Si a menudo hay momentos en los que te invade el deseo de tomar dulce, ten siempre a mano hidratos de carbono complejos, por ejemplo unas tortitas integrales de arroz. También puedes prepararte un minibocadillo integral.

Queso: Por sabor y textura

Hasta el 2% de lo que pesa un queso es sal y lo salado también es adictivo. No es extraño que en poco tiempo el queso enganche, además su textura también lo hace muy apetecible.

Pero hay que controlar esa apetencia, ya que abusar de él, sobre todo si es curado, puede descontrolar tu colesterol.

  • Debes moderar los más calóricos: Los quesos más grasos son los cremosos, porque en su elaboración se aumenta considerablemente la cantidad de nata que se emplea. Estos son por ejemplo el Brie, el Gruyére, el Emmental o el Roquefort.

No solo el dulce genera "adicción"; Hay quién se "pierde" por todo lo salado

  • Los menos grasos puedes permitírtelos: Existen numerosas variedades de queso fresco, igualmente con una amplia gama de sabores y texturas. Evita mezclarlos con alimentos muy calóricos, como la miel. Prueba el Quark, el Requesón, el de Burgos o la versión ligera del queso de untar.
  • La mejor elección... Tener siempre en tu nevera queso de soja o tofu. Su textura se asemeja a la del queso fresco.

¿Cómo controlarlo? Bastan 2 semanas para “desengancharte” del sabor salado. Ve reduciendo la sal que tomas cada día y el cuerpo te pedirá menos quesos curados.

Comida rápida: ¿Serán los aditivos?

Para darle sabor, a la comida preparada se le añade glutamato monosódico. Y numerosos estudios aseguran que ese aditivo “engancha”.

Tomar mucha comida basura vuelve “loca” a una hormona que se segrega en el cerebro, la leptina, que nos avisa cuando nuestro estómago está lleno y nosotros satisfechos. El resultado es que, una vez en la mesa, seremos incapaces de comer solo lo que necesitamos.

Además, cuanto más comas más hambre sentirás. Esto se debe a otra hormona –la galanina– que, cuando se ingiere mayor cantidad de grasa de la necesaria (como ocurre cuando tomamos comida rápida), provoca una irreal y continua sensación de hambre.

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