emociones comida

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La relación personal con los alimentos está condicionada por las emociones desde los primeros momentos de vida. Al mamar, el bebé recibe alimento, placer y cariño y se siente unido al universo.

  • Los afectos hacen que comer no sea un acto mecánico y aburrido, sino una experiencia gozosa que nos colma en muchos sentidos. Pero si se viven conflictos emocionales, estos pueden trasladarse peligrosamente a la comida.
  • Una carencia afectiva puede compensarse con un consumo excesivo de comida o puede estar en el origen de un rechazo patológico a ciertos alimentos. Las emociones nos empujan a comer o a dejar de hacerlo.

La comida y los Sentimientos ocultos

Como afirma la psicóloga Isabel Menéndez en su libro Alimentación emocional: "Las luchas internas son acalladas con frecuencia a base de llenarnos la boca de comida para no pronunciar palabras cuya carga emocional puede asustarnos; palabras que se refieren a cosas que no nos permitimos sentir. La boca que se cierra y se abre a la comida es la misma boca que quiere hablar. El orificio por el que pe- netran los alimentos es el mismo por el que salen las palabras".

Lo deseable es que el acto de comer esté vinculado con emociones positivas

Conocerse mejor a uno mismo es el reto. Las preferencias y costumbres alimentarias son decididas por una parte de uno mismo que se esconde. Por eso resulta tan difícil cambiar de hábitos.

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Un estado de desbordamiento emocional o una dificultad para obtener lo que se desea puede provocar una ansiedad que solo se apacigua tomando determinados alimentos.

Digerir las emociones

Los trastornos emocionales de la alimentación no afectan exclusivamente a los jóvenes o no se explican siempre por los traumas infantiles y las relaciones con los padres. Las dificultades pueden tener su causa directa en el presente.

Identificar el hambre emocional es el primer paso para combatirla

  • Por ejemplo, una persona de estómago delicado, a la que casi todo le sienta mal, más que trastorno digestivo puede tener dificultades para digerir ciertas situaciones. Otra puede digerir mal todo lo que cocina escrupulosamente en casa y en cambio, para su sorpresa, no tiene dificultades cuando come en compañía de alguien a quien quiere. Aquí el problema podría ser la soledad.

1. El lastre de la imagen

La causa más frecuente de problemas con los alimentos es su relación con el peso corporal. Ponerse a dieta es algo común con la esperanza de que al perder unos kilos aumentará la satisfacción personal. Pero si se logra alcanzar el objetivo, a menudo se comprueba que el malestar de fondo no desaparece. Entonces se vuelve a engordar y luego de nuevo a adelgazar, lo que genera un círculo vicioso del que cuesta tomar conciencia.

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Si la persona se detuviese a pensar quizá descubriría el montón de emociones implicadas –especialmente el miedo a no ser amada– y sobre todo la dificultad para aceptarse con los "defectos" y "debilidades" que todo ser humano tiene.

2. Sentimiento de CULpa

La vergüenza o la culpabilidad aparecen a menudo en relación con los alimentos. Curiosamente, surgen casi exclusivamente por haber cometido lo que se considera un exceso y casi nunca por quedarse corto. Las posibles deficiencias de nutrientes no suelen suscitar emociones.

La comida no debe usarse como recompensa o castigo

Sucede así por la tendencia a imponerse límites y restricciones exageradas que suelen esconder conflictos emocionales. Las grasas, los productos lácteos, la carne, el pan y el azúcar son foco de emociones negativas que a menudo se contagian entre personas.

Sin duda estos alimentos en cantidades inadecuadas pueden causar problemas, pero la fobia no parece justificada. Estos alimentos han sido considerados básicos y quizá al rechazarlos se está manifestando un malestar social particular.

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Cualquier emoción puede producir atracción o rechazo por alimentos a los que a menudo se otorgan inconscientemente poderes mágicos. El dolor o la nostalgia que produce la pérdida o la separación de un ser querido puede llevar a comer lo que más le gustaba a esa persona. Es una manera de volver a estar cerca de ella.

Solo la observación de cuál es el sentimiento que prevalece al comer y de cuáles son las circunstancias permite dilucidar la verdadera causa de un comportamiento alimentario "extraño".

Masticar bien cada bocado nos ayudará a estar presentes en el momento de la comida

Aceptar la frustración por no ser perfectos en todos los sentidos o no conseguir todo lo que se desea es necesario para sacar partido de las características positivas que posee toda persona. Esta simple aceptación puede abrir las puertas hacia una manera más placentera y realista de relacionarse con los alimentos.

3. Alegría y curiosidad

Lo deseable es que el acto de comer esté vinculado siempre con emociones positivas. Un modo de favorecerlas es establecer una conexión natural con las necesidades del organismo. Hay que relajarse, eliminar la ansiedad y atender los mensajes que envía el cuerpo, comer cuando lo pide y los alimentos que resultan atractivos, pero vigilando que no se esté bajo el efecto de ninguna compulsión.

  • Cuando se abandona la obsesión por el aspecto o por las dietas milagrosas o excéntricas y se otorga prioridad al equilibrio emocional, lo más probable es que el organismo se autorregule con éxito. Si no se puede evitar comer bajo los efectos de la ansiedad, conviene buscar ayuda psicológica y elegir un profesional que sea capaz de escuchar y buscar las causas profundas del conflicto emocional.

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  • Cada vez que nos sentemos a la mesa deberíamos hacerlo movidos por la alegría y la curiosidad. En los momentos dedicados a comer realizamos un paréntesis en la actividad diaria y retomamos el contacto con necesidades y sensaciones primarias y reconfortantes, como saciar el hambre o dejarse invadir por sabores y aromas, unos nuevos, otros conocidos y siempre placenteros.

4. Sensaciones para gozar

Concentrarse en las sensaciones y permitir que afloren recuerdos o imágenes permitirá disfrutar a conciencia, profundamente, del comer.

  • El pan tostado puede llevarnos hasta los momentos más dulces de la infancia.
  • Una piña nos acerca a una isla tropical, aunque nunca la hayamos pisado. Disfrutar de todo ello en compañía, deleitándose con el placer propio y ajeno, forma parte de las pequeñas cosas que dan sentido a la vida.

Los sentimientos en la mesa

  1. Las emociones son ingredientes esenciales de las comidas. Hay que "prepararlas" como un alimento nutritivo más.
  2. Sin premios ni castigos. Con los niños (y con uno mismo) no son recomendables ni los premios ni los castigos. La aprobación y el amor no deben depender de lo que se come.
  3. Generosidad. Al preparar la comida hay que añadir el ingrediente del cariño y pensar en el placer que producirá el plato en los comensales.
  4. El espacio. Hay que otorgar al momento de la comida el respeto que merece, preparándolo todo para que resulte agradable (sin la distracción de la televisión o la radio, por ejemplo).