Eva Mimbrero
Eva Mimbrero

Periodista especializada en salud

El lenguaje afecta a tu relación con la comida
iStock by Getty Images

¿Cómo te hablas? ¿Qué sientes cuando te miras al espejo? ¿Qué te dices?” . Son tres de las cuestiones que la nutricionista Fran Sabal se plantea en su último manual, Nutrición emocional (Alienta Editorial).

Para ella, que además de nutricionista es experta en Programación Neurolingüística (PNL), el lenguaje que utilizamos explica, en buena medida, los resultados que obtenemos cuando queremos adelgazar.

En las páginas de su manual, escrito para ayudar a los lectores a conseguir su peso ideal, se vislumbra la importancia que tiene el lenguaje en las acciones que tomamos y para conseguir objetivos a corto, medio y largo plazo.

Cómo hablamos refleja cómo pensamos

“La forma en la que hablamos refleja cómo estamos pensando, con lo cual es imposible que digamos cosas positivas de forma natural si en nuestros pensamientos rondan ideas negativas, apunta la autora en su libro.

"Hay que poner el foco en cómo le hablamos al cerebro, no en la acción que estamos haciendo"

  • Por ejemplo, si crees que no vas a poder adelgazar o que nada te ha funcionado hasta ahora ni te va a funcionar en un futuro te lo estás poniendo mucho más difícil a la hora de perder peso.

Dí lo que sí quieres, no lo que "no"

“Una de las características de nuestro cerebro es que no entiende el no, explica la nutricionista. Y tener claro esto es muy importante a la hora de afrontar tu objetivo.

  • Por ejemplo, si te dices "no quiero estar así", ¿qué está entendiendo realmente tu cerebro?"Para saberlo solo necesitas volver a leer la frase quitando el 'no' –afirma Sabal–. Eso es lo que entiende, esas son las órdenes que estás dando a tu inconsciente".

"La neurociencia ha demostrado que el 80% de los pensamientos son repetitivos y negativos"

  • "Esto es exactamente lo mismo que sucede cuando todo el tiempo nos repetimos: 'No quiero ser más gordo, no quiero estar ansioso, no quiero comer más chocolates, no quiero comer más hamburguesas, no quiero seguir engordando'", ejemplifica.
  • "La clave, entonces, es decirle al cerebro lo que sí queremos: 'Quiero alcanzar mi peso ideal, sentirme liviano, lleno de energía, con un cuerpo saludable, activo, guapo, sexi...'", explica en su manual.

Expresa tu malestar en positivo

Que la palabra principal de la frase sea positiva es otra de las claves para que el lenguaje te ayude a adelgazar.

La autora aporta los siguientes ejemplos en este sentido. Verás que, en ellos, se aprovecha también el hecho de que el cerebro omite el "no", como te acabamos de explicar. Así...

  • En vez de decir "estoy mal", es mejor decir "no estoy bien".
  • Sustituye "esto es difícil" por "esto no es fácil".
  • Cambia el "lo hice fatal" por "no lo hice bien".
  • Descarta "tengo ansiedad" y apuesta mejor por "no me siento en calma" o por "no estoy tranquilo".

Céntrate en tus objetivos, no en el problema

"En PNL se dice que las personas que alcanzan sus objetivos son aquellas que piensan un 5% del tiempo en el problema y el 95% en la solución", expone la especialista.

  • Si tu objetivo es adelgazar, fíjate en cuanto tiempo dedicas al día a pensar en que tienes sobrepeso y cuanto inviertes en hacer cosas para lograr tu meta. Y procura acercarte al máximo a los porcentajes anteriores.

¿Cómo interpretas lo que te pasa?

Para la autora, una de las enseñanzas de la PNL es que las situaciones son neutras, es decir, que no existe nada bueno ni malo. Así, "la importancia de una situación es un 10% lo que pasa y un 90% la interpretación que hacemos de lo que pasa", escribe en su libro.

  • "Si, por ejemplo, tenemos sobrepeso, ese es el 10% de la situación y lo más importante es el 90% restante, es decir, la interpretación del hecho. En este caso la interpretación sería que te preguntases cómo vives tu sobrepeso, cómo lo sientes, qué significa para ti y qué resultados trae a tu vida", añade.

En resumen, en vez de estar pensando todo el tiempo en lo que no queremos hacer o no queremos comer, es mucho más fácil decirle a nuestro cerebro cómo sí queremos pensar, cómo queremos estar, cómo queremos sentir y, por tanto, cómo queremos comer, con mensajes claros y precisos.