bacterias peso

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bacterias peso

Existen muchas investigaciones que relacionan la calidad –y también la cantidad– de la microbiota intestinal con la facilidad para ganar peso.

Una de las más interesantes, publicada recientemente en la prestigiosa revista Nature, confirma que el hecho de que falten ciertas bacterias buenas propicia que el peso no deje de aumentar, incluso con una dieta baja en calorías.

Se ha comprobado que las personas obesas tienen una composición bacteriana diferente a la de las personas con un peso normal: más cantidad de bacterias dañinas que beneficiosas (la relación firmicutes/bacteroidetes está alterada).

Cómo afecta la microbiota al peso

Cada vez se tiene más claro que la conexión entre microbiota y dieta se produce en un doble sentido:

  • Cuando comemos mal (demasiados productos envasados o manipulados industrialmente, pocas verduras y frutas frescas, muchos azúcares...) nuestra microbiota se altera (las bacterias buenas van disminuyendo y las malas se adueñan del intestino).

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  • Pero además, cuando la flora ya está alterada, resulta más complicado comer bien porque se producen situaciones que nos lo ponen más difícil: ansiedad por la comida, dificultad para diferenciar hambre real de los antojos, mayor apetencia por el dulce...
  • Quizá no puedas cambiarlo todo de la noche a la mañana, pero sí dar pasos para lograrlo. Comienza por introducir más probióticos y prebióticos en tu dieta.

La primera regla para un intestino sano

Dependiendo de qué abunde más en tu alimentación, estarás alimentando las bacterias buenas o las malas.

  • Más fibra saludable. Nosotros no podemos digerir la fibra (se desplaza sin digerir por todo el tracto digestivo), pero nuestras bacterias sí. Le sirven de alimento y las mantienen en equilibrio.

Consume azúcar y grasa de forma ocasional, nunca diaria

  • Menos azúcar, grasas y carnes. Que hoy en día tomamos demasiadas grasas saturadas y trans, carnes rojas y azúcares es una realidad. Y eso es justamente lo que alimenta las bacterias malas.

Alimentos probióticos

  • Los más comunes en nuestra dieta son los lácteos fermentados (yogur, kéfir...), pero también son probióticos todos los fermentados, como las aceitunas, el chucrut (col fermentada), el miso (soja fermentada) o el kombucha (bebida fermentada a base de té).

Incluye hortalizas o vegetales en cada comida

  • Al estar fermentados, son ricos en microorganismos "vivos", sobre todo de las familias de los lactobacilos y bi dobacterias que, en cantidades adecuadas, producen efectos beneficiosos para la salud.
  • Si los tomas con frecuencia, puede mejorar tu digestión, haber una comunicación más efectiva entre cerebro e intestino e, incluso, frenar la tendencia a engordar.

Alimentos prebióticos

  • Están presentes de forma natural en verduras (ajo, cebolla, puerros, espárragos, alcachofas, zanahorias...), en frutas (tomates, plátanos, ciruelas, manzanas), en cereales integrales, en legumbres y en frutos secos y semillas.

Puedes tomar el kéfir solo, pero también usarlo en salsas

  • Los prebióticos son compuestos no digeribles, por lo que no pueden ser atacados por los enzimas del estómago ni del intestino delgado y llegan al colon (intestino grueso) sin degradarse. Y es aquí donde estos compuestos "se dejan comer" (son fermentados) por las bacterias.
  • Esa fermentación produce energía, nutrientes y ciertas sustancias buenas (como el ácido butírico) que disminuyen el pH del colon, lo que hace más difícil que proliferen las bacterias malas.

¿Qué daña tu microbiota?

Hay situaciones puntuales en que la toma de medicamentos –con el correspondiente control médico– resulta inevitable y necesaria; pero recurrir a ellos con demasiada frecuencia modifica nuestro equilibrio intestinal. Pero hay otros factores que van debilitando tus bacterias buenas.

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  • Sumar años. Un estudio realizado por la Universidad McMaster (Canadá) y publicado en la revista Cell Host and Microbe ha confirmado en ratones lo que ya se sospechaba hace tiempo: la composición de nuestra microbiota intestinal cambia con la edad y para peor porque contribuye a un mayor nivel de inflamación.
  • Cómo contrarrestarlo. Tomando probióticos y prebióticos; es decir, lo solucionas cuidando tu dieta.
  • (Demasiados) nervios. Ya se sabía que el estrés crónico propicia la obesidad, la ansiedad y la depresión; pero ahora la Univ. Estatal de Georgia (EE. UU.) ha ratificado que el estrés social leve altera la microbiota.
  • Cómo contrarrestarlo. No descuides tus relaciones sociales. Cualquier celebración nos aporta felicidad; pero hacerlo con gente positiva y alimentos buenos hace que ese bienestar sea mucho más duradero.

El exceso de limpieza es un riesgo

  • Dicen los entendidos que el deseo de vivir en un entorno extremadamente limpio deteriora esa microbiota.

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  • Usar productos excesivamente agresivos impide la exposición a microorganismos que nuestro intestino, en realidad, necesita para ganar mayor biodiversidad.

A tus bacterias no les gusta la sal

Científicos alemanes advierten que tomar demasiada sal disminuye los lactobacilos, una de las familias más beneficiosas.

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  • No se conoce bien cómo se produce esa destrucción, pero sí sus consecuencias: una baja protección de todo el organismo.
  • Los expertos sospechan que hay otras bacterias también afectadas por el exceso de sal, así que modérate al usarla.
  • Recuerda: no superes los 2,3 mg de sodio al día.

Antibióticos que "arrasan" con todo

  • El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado que el tratamiento con antibióticos altera la microbiota intestinal... ¡Nada más empezar a tomarlos! Según sus estudios, bastan 11 días de tratamiento para deteriorar de manera importante esa "fauna" bacteriana que forma parte de nosotros.
  • La buena noticia es que al dejar de tomarlos el cuerpo tiende a restaurar su microbiota original, es decir, la que se tenía al inicio del tratamiento. ¿Y en cuánto tiempo se completa ese proceso? En unos 40 días volvemos a tener un buen equilibrio microbiano.