Con el asesoramiento de Juan Ignacio Serrano, responsable de Investigación y Formación de la Asociación de Celíacos y Sensibles al Gluten 

Por Eva Mimbrero, periodista especializada en salud

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Intolerancia al trigo, sensibilidad al gluten, celiaquía son términos que a veces pueden llegar a confundirnos, sobre todo cuando se usa la palabra intolerancia.

  • “Habitualmente a los celíacos se les ha llamado intolerantes al gluten, y se les sigue llamando. Pero esto, a día de hoy, es confuso, porque hay especialistas que aplican la palabra intolerancia a los sensibles al gluten no celíacos, y son dos trastornos diferentes, nos aclara Juan Ignacio Serrano, responsable de Investigación y Formación de la Asociación de Celíacos y Sensibles al Gluten.

El origen de esta doble nomenclatura está en conocer, o no, el mecanismo que provoca la enfermedad, algo que al principio en los celíacos no se sabía pero ahora sí. No ocurre lo mismo con los sensibles al gluten no celíacos, y por eso hay quienes los llaman intolerantes.

Pero claro, tal y como nos cuenta el experto, esto acaba siendo un lío que puede confundir tanto a los médicos como a los propios pacientes.

Porque, ¿en qué consiste en realidad la sensibilidad al gluten? ¿Y cómo podemos saber si lo somos o no?

Más común que la celiaquía

Pese a que la incidencia de la sensibilidad al gluten es mayor, seguramente la celiaquía es más conocida. Y en esto puede tener mucho que ver el hecho de que la sensibilidad al gluten como tal se definió y se empezó a estudiar hace relativamente poco, en el año 2011.

El 1% de la población es celíaca, mientras que la sensibilidad al gluten puede rondar el 6%

  • “Hablamos de sensibilidad al gluten cuando una persona tiene síntomas de enfermedad celíaca, pero en base a las pruebas de diagnóstico no lo es. No tiene elevados en sangre los anticuerpos específicos de la enfermedad ni tampoco presenta atrofia de las vellosidades intestinales”, nos explica el experto.

El mecanismo de la celiaquía está claro: se debe a una reacción del sistema inmunitario tras comer alimentos con gluten, que provoca inflamación y daños en la pared intestinal. Pero esto, en cambio, no ocurre con los sensibles al gluten.

  • “Incluso hay estudios en los que se ha comprobado que, a veces, el culpable de que se originen los síntomas en los sensibles al gluten no es esta proteína y sí otros componentes del trigo, como por ejemplo los fructanos (que son un tipo de hidratos de carbono), ya sea solos o combinados”, matiza Serrano.

    “Aunque en otros casos, efectivamente, el responsable del malestar es el gluten, añade.

Los síntomas, muy variados

Para el especialista en ambos trastornos, no hay diferencias entre los síntomas de la celiaquía y de la sensibilidad al gluten.“De hecho, es lo que ha llegado a definir lo que es la sensibilidad no celíaca, que los síntomas son los mismos”, incide. Y son “tremendamente variados”.

  • Pueden ser intestinales, como hinchazón, dolor abdominal, tránsito irregular, diarreas o incluso estreñimiento.
  • Pero también hay señales que se dan fuera del aparato digestivo, como migrañas, sensación de cansancio, ansiedad, dificultad de concentración, dolores articulares y musculares, dermatitis, anemia…

En relación a esto último, un reciente estudio de la Sociedad Española de Salud y Medicina Integrativa (SESMI), publicado en Medical Hypotheses, muestra una relación entre la sensibilidad al gluten y un tipo de dolor lumbar crónico vinculado a la artritis.

En el 62% de los pacientes el dolor lumbar mejoró tras al menos 4 meses sin comer gluten

“El beneficio observado en la dieta sin gluten probablemente tenga que ver con la estimulación del sistema inmune innato, la alteración del microbioma y la permeabilidad intestinal, sostiene al respecto el Dr. Carlos Isasi, responsable del estudio y miembro también de la Sociedad Española de Reumatología (SER).

“Sobre la microbiota y la permeabilidad intestinal, son problemas que se sospecha que están ahí, pero no se sabe qué ocurre antes y qué después, aclara Juan Ignacio Serrano.

  • “No sabemos si primero tienes esa posible sensibilidad, que repercute en la composición bacteriana del intestino y eso se traduce en una mayor permeabilidad intestinal que resquebraja el sistema inmune y la regulación intestinal en general, o estos problemas son previos y se manifiestan con estos síntomas”, continúa.

No sigas una dieta 'gluten free' por tu cuenta

Si sospechas que el gluten no te sienta bien, desde la Asociación de Celíacos y Sensibles al Gluten recomiendan ir al médico pero, en ningún caso, eliminar el gluten de la dieta por cuenta propia.

  • “Cuando uno hace dieta sin gluten como opción personal sin que se lo haya dicho el médico, corre el riesgo de alimentarse peor, afirma de forma rotunda el experto. “Porque hacer una dieta sin gluten que además sea variada y equilibrada es bastante más complicado que si en ella incluyes alimentos con gluten”, insiste.
  • A los pacientes diagnosticados esto no les ocurre porque, primero, tienen un control médico. Y segundo, habitualmente acuden a asociaciones, y allí les explicamos cómo seguir una dieta sin gluten, y lo suelen hacer bien”, aclara.

Cómo se diagnostica la sensibilidad al gluten

Cuando, tras llevar a cabo las pruebas médicas, se descarta que la persona sea celíaca y se sospecha de una posible sensibilidad, se le quita el gluten durante unos meses (entre 4 y 6, apunta el experto) y se ve como va el paciente.

  • Si mejora, se le pide que vuelva a tomar gluten un tiempo para comprobar si hay, o no, una recaída.
  • Cuando los síntomas se repiten al volver a tomar gluten, se considera que la persona es sensible al gluten no celíaca.

La dieta, igual que la de los celíacos

“Para nosotros, lo ideal es que las personas que son sensibles al gluten no tomen ni trigo, ni cebada, ni centeno, ni avena, afirma el miembro de la asociación madrileña.

  • “Hay especialistas que consideran que los sensibles no celíacos pueden tomar algo de gluten. Pero tampoco tenemos claro que eso sea así. Y con pacientes tan complicados no nos la jugamos y les recomendamos que sigan una dieta estricta, la misma que para los celíacos”, continúa.
  • “Para que sea equilibrada, hay que esforzarse y no solo eliminar alimentos, sino intentar que lo que sí se puede comer sea lo más variado posible”, aconseja el investigador.

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