Pablo Cubí
Pablo Cubí del Amo

Periodista

Tomar más alimentos ecológicos puede mejorar la memoria y la inteligencia
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Los temas relacionados con las capacidades mentales son complejos y siempre se han de tomar con prudencia. Es muy difícil encontrar y aislar un solo factor en el desarrollo cognitivo de un niño.

No obstante, un investigación pionera, que abarca seis países europeos, aporta algunas pistas que pueden ser útiles y que ratifica otros estudios parciales previos.

Investigadores de la Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili han analizado la exposición de los niños antes de nacer y en sus primeros años a diversos factores ambientales, y cómo ha sido su desarrollo neuropsicológico posterior.

La alimentación influye en la inteligencia

El estudio constata que los niños que en su casa tomaban alimentos ecológicos obtenían las mejores puntuaciones en dos tipos de pruebas:

  • La memoria a corto plazo. La llamada memoria de trabajo, que permite retener nuevos datos de una manera inmediata.
  • La inteligencia fluida. La capacidad para resolver problemas.

Se establece una asociación entre las dietas saludables, entre ellas la ecológica, en comparación a los niños que tuvieron una dieta centrada en comida rápida y precocinada industrial.

Las vitaminas, ácidos grasos y antioxidantes son nutrientes necesarios para el cerebro

La explicación puede estar en que “las dietas saludables son más ricas en nutrientes necesarios para el cerebro, como vitaminas, ácidos grasos y sustancias antioxidantes”, justifica el investigador Jordi Júlvez, doctor en psicología y primer autor del estudio.

Estos nutrientes, de forma conjunta, pueden favorecer el desarrollo de las funciones cognitivas en la infancia.

Otros factores importantes

El trabajo, publicado en la revista Environmental Pollution, es más ambicioso y no se limita a estudiar un solo factor medioambiental. Precisamente, critica que la mayoría de estudios previos se centran en eso.

  • Su enfoque se basa en el exposoma, término que abarca el conjunto de factores a los que se expone una persona.

Los investigadores han tenido en cuenta factores exteriores y cómo han podido influir a un grupo de casi 1.300 niños, entre 6 y 11 años.

Se analizaron 87 factores que tuvieron esos niños cuando aún estaban en el vientre materno y 122 factores ya durante los primeros años de vida.

Entre estos factores cabe destacar la contaminación del aire, productos químicos, como limpiadores y ambientadores, el ruido o el estilo de vida, y el número de habitantes de la casa.

Factores todos que pueden afectar en el desarrollo cerebral. En el caso de los químicos, cabe recordar que los niños son especialmente sensibles a la toxicidad de estas sustancias.

Peligro: contaminación y humo

Los autores consideran que los factores que más influyen en la memoria, desde un punto de vista negativo son:

  • La contaminación del aire en el interior de la casa.

Las micropartículas respiradas en el interior del hogar provocan reacciones inflamatorias en el cerebro. Eso podría afectar de modo negativo el desarrollo cognitivo del pequeño.

  • El humo del tabaco.

Provoca reacciones similares a la contaminación general.

  • Las dietas basadas en comida rápida.

Las mejores puntuaciones se han dado cuando hay una mayor ingesta de alimentos bio y una menor ingesta de comida rápida”, ha confirmado Júlvez.

Los niños con mejores puntuaciones comían más alimentos bio

Estos elementos también se han relacionado con problemas de conducta infantil. Así lo constatan otros estudios que analizaban factores relacionados como el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y otros comportamientos no deseables.

Los límites del estudio

Hay que tener en cuenta, como apuntábamos al principio, que estos factores no son fácilmente separables.

El estilo de vida es menos saludable y la calidad del aire peor, en contextos de pobreza, que también puede afectar a las puntuaciones de niñas y niños en test cognitivos”, puntualiza el psicólogo Júlvez.

De hecho, el estudio también ha encontrado relaciones poco esperables. Por ejemplo, los menores con puntuaciones positivas eran los que estaban más expuestos a un disruptor endocrino: el sulfonato de perfluorooctano (PFOS), presentes sobre todo en utensilios de cocina antiadherentes, ollas o sartenes.

Como sabes, los disruptores endocrinos son sustancias que alteran el equilibrio hormonal. Es decir, pueden alterar la función de la tiroides y afectar el desarrollo intelectual del pequeño.

Abarca varios estilos de vida

En el otro lado de la balanza, cabe constatar las fortalezas del estudio, que da robustez a sus principales resultados:

  • Se ha hecho a partir de seis países: han contado con datos de España, Reino Unido, Francia, Noruega, Grecia y Lituania.

Esto ha permitido dar al estudio una diversidad cultural y de estilos de vida muy grande.

  • Análisis más completo. Se han analizado una gama de biomarcadores muy amplia para ver la influencia de los productos ambientales, tanto con análisis de sangre como de orina.