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Tu casa, el orden del hogar e, incluso, tu vajilla, pueden ayudarte a adelgazar porque tus hábitos están más relacionados con tu entorno de lo que imaginas.

En Norteamérica son muy dados a estudiar el comportamiento de las personas a la hora de comer.

  • Entre las investigaciones, hay un curioso experimento, que nos aporta una información muy útil para perder algunos kilos, realizado por el director del Laboratorio de Alimentos y Marcas de la Universidad de Cornell (EE UU), Brian Wansink. Te lo contamos.

Comes más o menos según lo que ves

En su experimento, las mujeres que tenían a la vista alimentos grasos (como cruasanes de chocolate u otro tipo de bollería, bolsas de patatas fritas…) pesaban, de media, 9 kg más que aquellas otras mujeres que ponían en primera línea de su despensa alimentos más ligeros.

La investigación demuestra que es importante, por tanto, evitar la tentación. Puedes conseguirlo con algunas medidas sencillas:

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  • Estudia a fondo tu despensa. En el caso de que tengas demasiados productos calóricos (los usuales de picoteo) y que los tengas en primera línea, quítales protagonismo y coloca a la vista todos aquellos otros que te sacian más y te aportan menos calorías.
  • El orden es importante. Si tu cocina está desordenada y llena de trastos, elimina todo lo que te sobra y comprobarás que te sientes mejor. Y un estado de ánimo positivo refuerza la predisposición a continuar con la dieta.

Tenemos tendencia a comer lo que está a la altura de nuestros ojos

  • Hay neveras que abren el apetito. Los alimentos que predominen en ella determinarán el éxito de tu dieta. Si hay carnes, embutidos y platos precocinados, te será más difícil tener fuerza de voluntad. Coloca a la altura de tus ojos los alimentos saludables. Se ha demostrado que somos tres veces más proclives a comer lo que está a esa altura visual.

El color y el tamaño de la vajilla importa

Los expertos recomiendan que te sirvas la comida en un plato azul y pequeño, porque se ha comprobado que te hace sentir saciada antes.

  • El color azul suprime el apetito y la ansiedad. ¿El motivo? En la naturaleza casi no encontramos alimentos de color azul, por lo que nuestro cerebro no lo identifica con algo apetecible. En cambio, se ha comprobado que el rojo y el amarillo son colores que estimulan la alegría y también despiertan el apetito. Por eso, muchos restaurantes emplean estos colores en su decoración.

La misma ración de comida es percibida de forma diferente según el tamaño del plato

  • El plato pequeño da buenos resultados. Los profesores Brian Wansink y Koert van Ittersum publicaron en Journal of Consumer Research un estudio sobre cómo una ilusión óptica nos lleva a estimaciones inexactas del tamaño de la porción, según el tamaño del plato en que se presentan. Los platos más grandes pueden hacer que una porción de comida parezca más pequeña y nos sirvamos mayor cantidad, y los platos más pequeños pueden llevarnos a juzgar, erróneamente, que la misma cantidad de comida es significativamente más grande.

un ambiente agradable a la hora comer

  1. No comas en la cocina. Las cocinas abiertas están de moda y a todo el mundo les encanta… pero a la hora de seguir una dieta son un peligro. Porque comiendo allí mismo todo está “demasiado” a mano.
  2. Siempre sentada. Está comprobado que si comes de pie lo haces de forma más compulsiva y acabas ingiriendo muchas calorías en poco tiempo. Pero si concibes la hora de la comida como un acto placentero, preparas bien la mesa y te sientas a ella como si fueras a saborear un festín, verás que, sin darte cuenta, comes más despacio. Y si te cuesta contenerte, oblígate a masticar al menos 20 veces cada bocado.
  3. No lleves la fuente a la mesa. Si está en el centro de la mesa es probable que alguien en la familia repita. Y deben hacerlo si están en edad de crecimiento o gastan muchas calorías. Pero no es tu caso, ¿verdad? Sin darte cuenta, tú también repetirás.
  4. Distribuye el salón en dos zonas. Reparte el espacio entre una zona de comedor y otra para el sofá. De este modo, marcarás unas pautas de uso. Elige la zona con más luz natural y buenas vistas para ubicar la mesa, que te invite a sentarte y a ser consciente de la comida, masticando bien, saboreando cada bocado.
  5. La decoración debe ser práctica para que te sea fácil poner la mesa de forma atractiva cada día, incluso si comes sola. Dispón cerca de la mesa un mueble con todo lo necesario (mantelería, vajilla...).
  6. Evita comer en el sofá. Los científicos lo denominan el “efecto pantalla”, porque se come mirando la televisión, y lo asocian con un mayor sobrepeso. Como la atención se desvía al televisor, se tiene poca conciencia de la cantidad ingerida, no se saborea y se ignoran las señales de saciedad que envía el cerebro. Además, se convierte en un hábito, de modo que acabas relacionando el sentarte a ver la tele con comer y picotear.

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Iluminación cálida y música tranquila

Según el estudio –dirigido por el profesor Brian Wansink– los comensales ingieren unas 175 calorías menos de promedio por cada comida si el contexto es agradable y tranquilo. Los mejores resultados se obtuvieron en ambientes con una iluminación cálida y, sobre todo, en los que la comida se acompañaba de música de relajación tipo 'chill out'.

El efecto saciante se produce antes si comemos en ambientes tranquilos y con calma

Al comer de forma relajada, se ingiere alrededor de un 18% menos de alimentos, según un estudio de la Universidad de Cornell publicado en la revista Psychological Reports.

Por el contrario, los nervios nos llevan a comer casi una quinta parte más de lo que el organismo necesita y la satisfacción es mucho menor, por lo que contribuirá a aumentar el deseo de picar entre comidas.

Olvídate del móvil en la mesa

Consultar el móvil mientras estás comiendo hace que comas más y también peor. De hecho, según un estudio de la Universidad Notre Dame de Kyoto, el uso del smartphone durante la comida está asociado a un aumento del peso. Estar atento al móvil “despista” al cerebro y hace que no funcione la función saciante.

Los estímulos que recibimos con el teléfono nos despiertan, además, emociones (antojo, ansiedad, tristeza…) que nos llevan a escoger, sin pensarlo, alimentos para calmarlas, y muchas veces no son los más saludables.

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Que no te influya “el orden” del supermercado

En el súper, los productos de primera necesidad no están nada más entrar, sino que suelen tenerlos al fondo. En cambio, los productos más “golosos” (y, normalmente, también más caros y menos necesarios) los sitúan bien a mano.

Esto puede hacer que te olvides de algo que necesitas o que lo incluyas en menor cantidad de lo recomendado porque al llegar a la zona de productos básicos solemos tener ya la cesta llena, estamos cansados, llevamos prisa… Evita caer en esta trampa.

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Lleva una bolsa grande, colócala en el carro de la compra del súper y llénala de vegetales. Y echa, en el espacio sobrante del carro, el resto de los alimentos que compres.