¿Cómo será el tratamiento del cáncer en el futuro?

Hallar nuevas herramientas que permitan vencer más fácilmente al cáncer es uno de los principales objetivos de investigadores de renombre como Carlos López-Otín, Premio Nacional de Investigación. En su libro "Egoístas, inmortales y viajeras", nos acerca su visión sobre cómo será la medicina del futuro para tratar los tumores.

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Carlos López-Otín
Carlos López-Otín

Catedrático de Bioquímica en la Universidad de Oviedo

Eva Mimbrero
Eva Mimbrero

Periodista especializada en salud

¿Cómo será el tratamiento del cáncer en el futuro?
iStock by Getty Images

Carlos López-Otín lleva décadas investigando el genoma humano y su relación con el cáncer y el envejecimiento prematuro, unos estudios que le han dado relevancia tanto a nivel nacional como internacional.

Catedrático de Bioquímica en la Universidad de Oviedo, compagina su labor docente con la investigación y, también, con la escritura. Su libro más reciente, con el que cierra una trilogía dedicada a la vida, es "Egoístas, inmortales y viajeras" (Paidós), en el que repasa el pasado, el presente y el futuro del cáncer.

El título de la obra hace referencia a las características que definen a las células cancerígenas.

  • Debido al proceso de transformación celular, "una célula normal se convierte en una entidad egoísta cuyo objetivo es crecer sin freno, inmortal porque desoye las señales de la muerte recibidas por las células dañadas y viajera, por cuanto es capaz de abandonar su tejido de origen y colonizar otros territorios, distintos y dispares, para formar las metástasis que caracterizan los tumores malignos", expone en las primeras páginas del libro.

Por qué es tan importante estudiar los genes

Sin duda, este proceso celular es complejo y, hasta hace relativamente poco, no se ha visto que el cáncer es, resumiéndolo mucho, "una enfermedad de los genes", remarca López-Otín.

  • "Una larga y diversa serie de mutaciones y alteraciones cromosómicas ocurridas en diferentes oncogenes y genes supresores de tumores está en el origen del egoísmo de las células tumorales –apunta el investigador–. Su denominador común está en la pérdida del control sobre el crecimiento y la división celular", matiza.

Pero, ¿cómo funciona este proceso? Para entenderlo de forma sencilla, el autor compara los genes con el acelerador de un vehículo.

  • "Las mutaciones oncogénicas hacen que el pedal esté continuamente presionado y el vehículo mantenga su marcha a máxima velocidad y sin ningún control sobre ella. En cambio, los genes supresores de tumores serían como los frenos, por lo que su inactivación dejaría el vehículo sin posibilidad de reducir la velocidad ni de detenerse cuando fuera necesario".

Esto nos da una idea de la relevancia de nuevas herramientas para comprender y combatir los tumores como son el desciframiento de los genomas del cáncer y la immunoterapia que, en palabras del bioquímico, "ya han comenzado a proporcionar extraordinarios regalos de vida".

Futuros tratamientos que ya llaman a la puerta

La complejidad del cáncer, una enfermedad que, en realidad, engloba más de 200 distintas, y de las posibles alteraciones y daños genéticos que pueden estar detrás, hacen que la acumulación y el análisis de datos sea fundamental en la lucha contra el trastorno.

  • "El origen de los daños causantes del cáncer es tan diverso como los efectos que provocan, y muchos de ellos ocurren solo en algunas letras de las más de tres mil millones que componen el asombroso mensaje genómico que existe en los billones de células de nuestro cuerpo", plasma López-Otín en su manual.

"La investigación oncológica no se ha detenido durante la pandemia. En 2020, se aprobaron más de treinta nuevos medicamentos"

De ahí la importancia de recopilar, cruzar y analizar millones y millones de datos.

  • "La integración y análisis de todos los datos almacenados en densas historias clínicas en formato electrónico nos permitirá afrontar los grandes retos que todavía presenta el cáncer –diagnóstico temprano, heterogeneidad tumoral, evolución clonal y resistencia a los fármacos– que acaban por provocar las metástasis", opina el investigador.
  • "Nuevos algoritmos nos ayudarán a navegar entre datos y nuevas técnicas nos impulsarán a pasar de los datos a los fármacos", defiende.

Así, se imagina un futuro de paneles génicos gracias a los cuales se podrán identificar los genes conductores de cada cáncer de cada paciente, de células reprogramadas para enfrentarse a los tumores y de sustancias antitumorales encapsuladas en nanopartículas diseñadas para transportarlas al lugar preciso.

Un enfoque cada vez más multidisciplinar

"Esta enfermedad se nos muestra en sus muchas caras, por lo que también hacen falta muchas caras, muchos ojos y muchas mentes de expertos en ámbitos diferentes para recoger, integrar e interpretar las mareas de datos y, después, escoger los tratamientos más adecuados, evaluar su eficiencia y anticipar las resistencias", añade el investigador.

Por ello, "habrá que difuminar las barreras de las especialidades y aumentar el diálogo entre los especialistas", recomienda.

La prevención seguirá siendo un pilar fundamental

La ciencia sigue avanzando en la lucha contra el cáncer, pero esto no nos debe hacer perder de vista la importancia de la prevención.

  • "Ninguno de estos costosos tratamientos, ni ninguna de las sofisticadas tecnologías disponibles salvará más vidas que la aceptación de normas tan sencillas como comer menos y mejor, hacer ejercicio, protegerse del sol, dejar de fumar y alejarse de cualquier foco de toxicidad", remarca.
  • "Completemos estas medidas tan sencillas, y que dependen solo de nosotros, con otras basadas en la participación en los programas de detección precoz de diversos cánceres" añade.

Gracias a ello, "oiremos así la voz del kogarashi, el viento frío japonés que avisa de la llegada del invierno, y, cuando se aproxime el mal, nos encontrará preparados", escribe López-Otín en las últimas páginas de "Egoístas, inmortales y viajeras".