Crianza en verano

Llega la época de calor y las necesidades de tu bebé o de tu hijo pequeño cambian.

Te damos algunas recomendaciones para que todo fluya, tu pequeño esté feliz y, además, lo mantengas alejado de posibles efermedades e infecciones típicas de esta estación.

1. Dale de mamar todo lo que necesite

Al igual que a los adultos, el calor puede hacer que los niños beban más, coman menos y más veces al día. Con los bebés que toman leche materna pasa lo mismo, así que ofrécele el pecho cuando lo veas inquieto y no olvides que todas las tetadas no tienen por qué ser iguales, ya que unas las pedirá por hambre y otras por sed.

Y si solo ha mamado unos minutos porque tenía sed (la primera leche es la que tiene más agua), vuelve a ofrecerle ese mismo pecho en la siguiente ocasión. Pero deja que sea él quien marque la pauta, confía en su sabiduría innata, porque nadie mejor que él conoce cuáles son sus propias necesidades.

2. Ofrécele agua con frecuencia

Si tu hijo mama y tiene sed, no necesita agua, tan solo tu pecho. Pero si tu hijo ya no mama o combináis la lactancia con otros alimentos, puedes ofrecerle agua a menudo.

En el caso de que tu hijo tenga una tacita con asas, renueva el agua frecuentemente. De la misma manera, descarta aquellos envases de agua que llevan un tiempo abiertos.

Cámbiale el agua frecuentemente y no dejes las botellas bajo el sol ni el calor

Es preferible que el agua esté natural antes que demasiado fría. Pero no dejéis las botellas con agua durante el día en el coche, pues las altas temperaturas a las que se exponen pueden afectar al plástico y, por lo tanto, al agua que contienen. Y elige siempre envases de plástico libres de BPA.

3. Portea, sin dudarlo

​Si aún no conoces el porteo, te animamos a usarlo. Viajar con niños ¡y vivir con niños! tiene un antes y un después de usar una mochila ergonómica o un fular.

Pero déjate aconsejar por profesionales en porteo ergonómico, que respeta la fisiología del cuerpo infantil, ya que no todas las mochilas son iguales.

4. Evita que esté al sol al mediodía

Desde las 12 y hasta las 16 horas nadie debería exponerse al sol más de 20 minutos, ¡y un bebé mucho menos! Su piel es muy delicada y la mejor manera de protegerla es no exponiéndola.

El momento ideal para ir a la playa o a la piscina con ellos es a primera hora de la mañana o al atardecer, y sin olvidarse del protector solar, la gorra y la camiseta.

Y aunque a veces se olvida, en la montaña el sol quema tanto o más como en la playa, así que toca tener cuidado.

5. Resguarda sus ojos tras las gafas

Se ha concienciado a los padres de lo necesario que es proteger la piel de los niños del sol. Sin embargo, ¿qué ocurre con sus ojos? La incidencia del sol no es igual ahora que años atrás, y esta época favorece la aparición de problemas oculares como la conjuntivitis.

Las gafas deben estar homologadas y fabricadas con materiales seguros para los niños

Por esta razón, los especialistas insisten en que se protejan los ojos de los niños con gafas de sol. ¿Y estas deben cumplir algún requisito?

Por supuesto, deben estar homologadas (busca que tenga el sello de la Comunidad Europea, así como la clase a la que pertenece o la categoría de su filtro) y tienen que estar fabricadas con materiales seguros para los niños.

6. ¿Baños de piscina o de mar?

Los baños en la piscina, tanto por el cloro como por estar demasiado tiempo en el agua, puede empeorar la irritación de la piel de los niños con dermatitis atópica.

En cambio, el agua de mar mejora y alivia los síntomas.

7. Cuidado con la colonia

A tu hijo, no le pongas ni colonia ni cualquier otro producto que contenga alcohol cuando vayáis a estar expuestos al sol porque son fotosensibilizantes, es decir, incrementan los efectos de los rayos del sol.

8. Adiós a las otitis

Las otitis en los niños son muy frecuentes en verano. Para prevenirlas:

  • Si es propenso a las otitis habría que intentar que no buceara mucho tiempo.
  • Asegurarse de que le sale toda el agua tras el baño inclinándole la cabeza.
  • Y evitar el uso de bastoncillos.

9. Aliviar los golpes

Lleva a mano un remedio a base de árnica (se encuentran fácilmente en el mercado). ¿Para qué? Por si tu hijo se da un golpe poder aliviarlo inmediatamente. Se puede aplicar siempre que sea necesario.

10. ¡Stop picaduras!

En estos meses las picaduras de insectos son una constante, porque el calor favorece su aparición. El agua dulce estancada contribuye a su presencia, por lo tanto, solo hay que evitarla para reducir las posibilidades de que os piquen.

Poner mosquiteras en las ventanas o usar lociones repelentes también pueden ser una solución. Las lociones ecológicas con base de geranio son bastante efectivas.

11. Ropa y calzado

A los niños les conviene usar prendas hechas con tejidos naturales, no solo porque son más frescas, sino porque de este modo su cuerpo transpira mejor, y así se evita que puedan aparecerle posibles trastornos o lesiones en la piel.

Lo mismo pasa con los zapatos, pero en este caso, asegurándose de que estén fabricados con materiales lo más naturales posibles, conductores de electricidad electroestática y que faciliten que el pie no sude en exceso.

Pero lo ideal en verano es permitir que vuestros hijos caminen descalzos. Los pies tienen incluso mayor sensibilidad que las manos en las primeras etapas de los bebés. Y son fuente de valiosa información y sensibilidad, dos grandes receptores que contribuyen a su inteligencia.

12. que esté desnudo un rato

Estamos tan acostumbrados a que solamente estén desnudos durante el baño que olvidamos los beneficios de dejarlos sin ropa.

Pero llevar puesto un pañal durante todo el día puede ser una clara interferencia a la hora de conocer el propio cuerpo, e incluso a la hora de aprender a utilizar el lavabo.

Conviene usar prendas y zapatos de tejidos naturales. ¡Y dejarles ir desnudos y descalzos un poquito cada día!

Tenga la edad que tenga tu hijo, el verano es una época excelente para la exploración y el contacto directo de la piel con el agua, la arena, el sol... Experiencias enriquecedoras para el aprendizaje y la autoestima del niño.

13. Un verano sin papillas

Melón, sandía, nectarinas... Es la época del año con más variedad de fruta y la mejor oportunidad para que tu hijo empiece a probar nuevos sabores.

Si ya se aguanta solo sentado y es capaz de coger cosas y llevárselas a la boca, está preparado para que le ofrezcas trozos de fruta y que él mismo las chupe y poco a poco hasta las mastique y se las coma. Lógicamente, también le puedes ofrecer un trozo de otros alimentos.

Son muchos ya los bebés que pasan del pecho a los trocitos de alimentos sin pasar por los triturados.

14. Evita las intoxicaciones alimentarias

En verano se diagnostican más intoxicaciones alimentarias, porque las bacterias prefieren ambientes calurosos (entre 36-37 °C) para vivir y reproducirse. Intentar no romper la cadena de frío es una de las claves para evitarlas.

Así que no lleves la comida de tu hijo a la playa si no puedes conservarla en frío, sobre todo si lleva huevo o alguna salsa.Los alimentos frescos bien lavados son la opción más saludable.

En el caso de sufrir una intoxicación, los síntomas son: náuseas, vómitos, diarreas, dolor abdominal, fiebre y debilidad. Y si el caso es leve, desaparecerá en dos o tres días, cuando el alimento contaminado se elimine por completo del organismo.

15. Disfrutar del juego libre

Jugar libremente es esencial para los niños, porque es su modo natural de aprender, desarrollarse y pasárselo bien. Y si esto se puede hacer al aire libre, ¡qué mejor!

La naturaleza ofrece un mundo lleno de sabiduría. Recoger conchas en la orilla del mar, hacer castillos de arena en la playa, bañarse en el río, ver cómo se hunden las piedras que se tiran al agua...

16. Explorar seguros

Tu hijo empieza a gatear o a caminar, ¡qué alegría! Pero eso implica que tú estés más pendiente de él. Aun así, déjale su pequeño espacio y seguir sus ganas naturales de explorar nuevos territorios y nuevos objetos.

Lo beneficiará en su seguridad que tu actitud sea confiada a la hora de verlo explorar el mundo

Os dará tranquilidad a ambos que durante esta etapa, en todo momento, que podáis encontraros con un simple contacto visual y que te asegures de que a su alrededor no existen peligros.

Las vacaciones pueden ser una oportunidad perfecta para buscar entornos naturales donde puedan llevarse palos, hojas, conchas y piedras a la boca sin preocuparnos, o donde los retos sean simplemente eso, retos que los animen a crecer y a desarrollarse.

17. Preparados para trayectos largos

Para viajar, sobre todo si el trayecto es largo, no dejes demasiado a la improvisación. Lleva:

  • Algo sano de comer.
  • Agua.
  • Algún juguete o objeto real que no conozca y que pueda explorar.
  • Algún objeto o juguete que le guste mucho.
  • Música animada y agradable.
  • Una sábana o toalla que puede servir para taparle si hace frío al salir del coche de noche o para protegerle del sol durante el trayecto.
  • Si el desplazamiento lo hacéis en coche, además de usar el sistema de retención infantil que se ajuste a su peso y estatura, intenta no poneros en marcha en las horas de más calor y haz paradas frecuentes.

18. Por unos días, ¡más flexibilidad!

Ahora podrán jugar, correr, comer, dormir, disfrutar... ¡sin tantos límites!

Y para eso, lo ideal es olvidarse de los horarios rígidos y de las rutinas sin demasiado sentido. Si tu hijo quiere seguir jugando un poco más en la playa, quizás no pase nada tan grave...

Permítete, este verano, vivir más relajadamente, sin demasiados objetivos ni planes... ¿Existe mejor plan para tu hijo?

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