Cuando sus pies te preocupan

El pie del niño tiene un proceso natural de evolución. Se desarrolla y crece con él, de tal modo que en cada etapa de la vida tendrá unas características específicas. El pie se desarrolla entre la cuarta y la octava semana de gestación. Por esta razón, en la ecografía de las 20 semanas, o en las posteriores, se pueden detectar las malformaciones más características, como el pie zambo.

Al nacer, los bebés suelen tener los pies ligeramente girados hacia adentro, hecho que se hace más evidente porque se le suma un cierto giro e incurvación de la tibia. Aun así, la planta del pie debe estar alineada. Esta posición tiende a normalizarse con el paso de los días; si a los dos o tres meses no ha mejorado, conviene ir a un especialista.

Existen varias anormalidades que se pueden detectar justo tras el nacimiento y que alterarán la forma y el eje del pie. Las más frecuentes son:

El pie equinovaro o pie zambo

Es una deformidad congénita. La punta mira hacia el suelo y la planta tiende a mirar hacia arriba y hacia adentro. Aparece en uno de cada mil recién nacidos y afecta más a los varones. La ecografía la puede mostrar en el primer trimestre (16-24 semanas de gestación). El pie zambo siempre precisa tratamiento, que es conservador. Se utiliza la técnica de Ponseti, que consiste en: manipulación, enyesado, tenotomía (sección del tendón de Aquiles), ferulaje del pie y evitar las recidivas mediante la utilización de férulas (que unen dos botitas con una barra y mantienen el pie girado hacia fuera) 23 horas al día durante tres meses, tiempo que se va reduciendo progresivamente. El uso nocturno se prolonga hasta los cuatro o cinco años.

El metatarso adducto

Es una deformidad que afecta al antepié (empeine y dedos), pero solo en una dirección. En este caso el tendón de Aquiles no se encuentra acortado, no tira. Es un pie flexible. Existen tres grados según el nivel de afectación: leve, moderada y grave. La mayoría (85-90%) se resuelve espontáneamente durante el primer año de vida, y el resto, en la infancia. Si la deformidad persiste, la resolución puede acelerarse con una férula que mantenga el pie en la posición correcta.

El talo valgo

Se debe a una malposición del pie en el útero, que produce una deformidad del antepié hacia arriba y del talón hacia fuera. Es un pie muy flexible. Como es una deformidad posicional no requiere tratamiento. Se resuelve espontáneamente o con ayuda de manipulaciones o férulas.

Sus primeros pasos

Entre los 12 y los 24 meses, el pie empieza a estimular los músculos responsables de la locomoción. En esta etapa es normal que el pie del niño sea plano y no tenga el arco formado. Se desarrollará igual tanto si usa zapatos como si va descalzo.

De su aspecto también destaca que tiene más contenido de grasa en la planta del pie. Esto no cambia hasta los cuatro o cinco años, por lo que un pie plano en un niño por debajo de esta edad no es nada anormal y no precisa tratamiento.

En general, los niños no necesitan un calzado especial, pero los padres sí que tendrían que valorar que el zapato sea verdaderamente cómodo, ligero, con una suela lo más flexible y plana, que permita la máxima libertad de movimientos para el desarrollo normal del pie.

Problemas habituales

Existen dos alteraciones de la morfología normal del pie: el pie plano y el pie cavo.

El pie plano

Se divide en dos tipos: el flexible y el rígido. El pie primero es el más frecuente. Normal hasta los cuatro años, se trata de una disminución de la altura del arco longitudinal (interno) del pie. Mejora cuando el niño se pone de puntillas o con la hiperextensión del primer dedo (cuando se estira más allá de los límites normales), evidenciándose así un arco plantar correcto.

El pie plano flexible causa disfunción en un 2% de las ocasiones y se asocia a obesidad y a hiperlaxitud de los tejidos. Contrariamente a lo que se suele creer, este pie no precisa tratamiento; el uso de plantillas es controvertido y hoy en día solo se recomiendan en casos excepcionales.

El pie plano rígido suele causar dolor. Siempre debe ser valorado por el especialista, ya que puede deberse a otras patologías, como una coalición tarsal (la unión anormal entre dos huesos del tarso, la parte posterior del pie), y precisar tratamiento quirúrgico.

El pie cavo

Se caracteriza por un arco del pie anormalmente alto. En ocasiones puede tratarse de una particularidad heredada, pero, en cualquier caso, se deben estudiar alteraciones neuromusculares asociadas.

El tratamiento suele ser ortopédico, con el objetivo de mejorar el apoyo del pie, no para corregir la deformidad. El tratamiento quirúrgico puede ser necesario, dependiendo de la patología y de la incapacidad que produzca.

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