Cuando tenemos nueva pareja

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Si estuviéramos acostumbrados a vivir cotidianamente en estrecha relación con la verdad, la escena de presentar una nueva pareja a nuestros hijos no tendría por qué ocurrir. Esto sucede cuando los adultos vivimos negando y escondiendo nuestra realidad emocional a los hijos, y por lo tanto, es posible que los niños –por pequeños que sean– hagan lo mismo.

Esto no significa que nuestros hijos tengan que estar al tanto de nuestras intimidades. Pero si estamos estableciendo una relación cariñosa con otra persona, esa persona será primero un amigo, alguien que a veces nos acompaña a casa, alguien que llama por teléfono o se interesa por los niños, alguien que nos propone un paseo... En definitiva, alguien que nos hace la vida un poco más agradable.

Si esa relación acaba convirtiéndose después en un vínculo de pareja, lo hará gradualmente y con la inclusión obvia de los niños que han sido testigos y también beneficiarios de dicha relación. Quiero decir, nuestros hijos forman parte de cualquier acuerdo de futuro que podamos hacer con una persona que nos interesa. Para cuando la relación se establezca ya no serán necesarias las presentaciones, porque ese individuo ya estará presente en la cotidianeidad de los niños.

Esa es una manera sencilla, clara, honesta y abierta de establecer nuevas relaciones afectivas.

Actuar con honestidad

Pensemos en las amistades: si tenemos una nueva compañera de trabajo y la invitamos a casa, salimos de paseo o hablamos por teléfono, nuestros hijos no necesitarán que se la presentemos formalmente. Simplemente es una amiga que se va introduciendo en las rutinas.

En el caso de una pareja, debería funcionar igual.

Si nos manejamos con apertura y honestidad, los niños sabrán perfectamente cuándo estamos más contentas, cuándo sentimos que tocamos el cielo con las manos, cuándo nos enamoramos, cuándo renovamos nuestras ganas de volver a empezar.

Si hasta ahora no hemos sido claras y tenemos una relación amorosa importante que nuestros hijos no conocen, empecemos por invitarla a casa. Hagamos que las cosas fluyan naturalmente. Y dejemos las presentaciones para situaciones formales, no para las familiares.

La pareja es del padre

Que el padre de nuestros hijos tenga una nueva pareja en principio es una buena noticia.

En verdad, el amor siempre es una buena noticia.

Respecto a los niños, crucemos los dedos para que la nueva pareja del padre de nuestros hijos desee vincularse con ellos. Porque si son pequeños, dependemos de su capacidad para acompañarlos o, por el contrario, distanciar al padre de las criaturas.

Escuchemos con atención aquello que los niños dicen. Apoyemos las vivencias en otra casa con costumbres distintas a las nuestras. Y defendamos siempre sus intereses.

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Laura Gutman