Testimonio: Su destete a los 2 años

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Mi primer hijo, Samuel, sufrió la inexperiencia y el miedo de una madre novata que no tuvo seguridad suficiente para seguir su intuición. Aunque le di el pecho –era algo que tenía muy claro desde el principio–, no hubo apenas silencio, ni descanso, ni tranquilidad, pues no hubo colecho.

Cuando nació mi segundo hijo, Jorge, todo fue diferente. No me separé de él ni un solo segundo. Decidí seguir mi instinto y olvidarme de todas las teorías, opiniones y recomendaciones de personas que parecían “saberlo todo” sobre los bebés.

Desde el primer momento dormimos juntos en la misma cama. No solo funcionó la lactancia materna, sino que además reinó el silencio, la seguridad y la calma. Y, lo más importante, todos descansamos. Para mí, lo más significativo fue darme cuenta de que Jorge se sintió querido, confiado y seguro, pues sus acciones me lo demostraron. No solo no lloró, sino que cuando fue ca- paz de expresar cuanto sentía, se acercó a “la teta” y la besó, la acarició y me mandó una sonrisa.

Ahora, después de dos años me siento satisfecha y orgullosa de haber actuado así. No hay mejor regalo que ver reír a tu hijo. Un hijo feliz, sano, juguetón, cariñoso, seguro e independiente, que durante su primer año de vida prácticamente solo me reclamaba para comer y dormir.

Fue difícil tomar la decisión de abandonar la lactancia, pero creí que era el momento de introducir nuevos hábitos.

Eso sí, cuando decidí retirarle el pecho, me lo tomé con tranquilidad. Quería darle todo el tiempo que necesitara. Empecé hablándole y diciéndole que ya era muy mayor, pero él seguía pidiéndomela: “Mamá, teta”. Si yo le decía “Teta no, Jorge”, él insistía: “Teta zí”. Así estuvimos un tiempo, hasta que un resfriado le imposibilitó respirar y mamar al mismo tiempo.

Él mismo lo dejó, pero aún me reclamaba tocar la teta; me decía “Teta mano”.

¡Qué difícil puede resultar para cualquiera dejar algo que ha conocido desde el primer día de su existencia! “La teta” había sido para Jorge alimento, seguridad, cobijo, tranquilidad... y en aquel momento, aunque fuera con la mano, tenía necesidad de sentirla, de saber que aunque no mamara todo seguía siendo igual.

Sin lugar a dudas, todo esto no lo podría haber conseguido sin el apoyo y el cariño de mi pareja. Una persona maravillosa que siempre ha estado a mi lado comprendiendo y reforzando mis decisiones.

Gracias por dejarme expresar cuanto siento y enhorabuena por tener una revista y un equipo que permite que seamos madres tal y como lo sentimos.

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Adelina