Por Gabriella Bianco

Un posparto en compañía

La llegada de un hijo suele traer alegría, ilusión, un mundo de novedades, nuevos retos y, sin duda, muchas enseñanzas, así como la oportunidad de crecer como persona.

Con un recién nacido en casa empieza un nuevo capítulo en la historia de su vida, ya que con el parto y el nacimiento no solamente vino al mundo un bebé, sino que también ¡acaba de nacer una nueva madre!

Cada una de ellas hilará junto a su hijo desde ese primer instante su propia historia de amor, (re)conociéndose en su vida fuera del útero, aprendiendo a detectar sus nuevas necesidades y capacidades, a construir su identidad como madre e hijo para caminar juntos por la vida, redefiniendo y ajustando en cada fase de su desarrollo la cercanía y la distancia adecuadas a cada momento.

Dudas e inseguridades

Tras el nacimiento es cuando resulta evidente que el bebé es un ser real y que la nueva condición de madre (y padre) requiere un tiempo de adaptación.

El puerperio representa para la madre reciente un momento de transición, de cambios, tanto en un plano físico como psicosocial y emocional, que supone un desafío y, en muchos casos, situaciones desconocidas. Es frecuente y comprensible que surjan, entonces, dudas e inseguridades:

  • “¿Cuántas veces al día hay que cambiarle el pañal?”
  • “¿Se debe ofrecer el pecho a demanda o instaurar un ritmo?”
  • “Cuando lo amamante, ¿cómo sabré si ha comido suficiente?”
  • “¿Qué quiere decirnos con su llanto?”
  • “¿Cómo y cuándo hay que bañarlo?”
  • “¿Será beneficioso o peligroso dormir juntos?”
  • “Y si sentimos que donde mejor está es en brazos, ¿estará bien o se malacostumbrará?”.

Los consejos y recomendaciones no tardan en llegar, bien por parte de expertos titulados, bien por parte de madres, suegras, familiares, vecinas, amigas reales o virtuales, con el resultado frecuente de crear aún más dudas e inseguridades en la madre recién nacida, confundiéndola y alejándola de la incipiente intuición materna que está deseando nacer junto a ella.

Los primeros meses

La nueva mujer que nace es un ser fuerte y sensible al mismo tiempo. La naturaleza apoya su instinto de protección, así como su capacidad de adaptación al cambio, además de afinar su olfato y agudizar su oído, su vista y el tacto.

Todos sus sentidos están puestos al servicio de la criatura y de su cuidado con especial intensidad. Por su parte, el bebé humano viene al mundo reconociendo perfectamente el olor, la voz y el ritmo cardiaco de su madre, puesto que eran sus compañeros mientras estuvo en el útero materno, y es allí donde se reconoce “en casa” y a gusto.

La investigación sobre la salud materno-infantil alrededor del periodo perinatal nos confirma la importancia de los meses que rodean nacimiento, con el fin de crear la base de una buena salud para toda la vida, porque es en este periodo en el que se construyen los cimientos de los patrones que regularán nuestra capacidad de adaptarnos a las circunstancias de la vida, así como nuestros afectos y relaciones.

El cuerpo y la leche materna proporcionan los pilares de su salud presente y futura, incluyendo los patrones afectivos y relacionales

El contacto fuera del útero materno en un contínuum que respeta la unión permanente del recién nacido con el cuerpo de su madre permite el establecimiento de una transición respetuosa y saludable a la vida extrauterina, además de fomentar un sano vínculo afectivo con la madre y propiciar el fluir de la leche, alimento biológico y emocional para el bebé.

El cuerpo y la leche maternaproporcionan los elementos fundamentales que permiten a la criatura estabilizar su sistema fisiológico, los pilares de su salud presente y futura, incluyendo los patrones afectivos y relacionales.

La fuerza de la tribu

A lo largo de la historia de la humanidad, en cada transición a una nueva etapa, la mujer ha sido acompañada por un grupo de referencia, de una tribu simbólica y a la vez real que ofrece contención, apoyo, acompañamiento y solidaridad.

Pero por primera vez en la historia, la mujer puérpera se adentra en la maternidad desconectada de su tribu, sola y más frágil en la desconocida aventura de nacer y crecer como madre.

En la sociedad actual, la mujer puérpera se adentra en la maternidad desconectada de su tribu, sola y más frágil

Las tribus naturales alrededor y al servicio de la recién devenida madre se han ido perdiendo paulatinamente a lo largo de la vida moderna, sustituyéndose en parte por las redes sociales, hoy “puntos de encuentro” también para las nuevas madres.

Los estudios recientes nos confirman que la soledad y el aislamiento materno durante el último trimestre de la gestación y del puerperio representa la causa principal de psicopatología en el posparto, especialmente de la cada vez más habitual depresión, que no solamente merma el placer y el disfrute maternos, sino que también puede llegar a comprometer la calidad del vínculo afectivo con su bebé, repercutiendo así en el bienestar del niño.

Compartir experiencias con otras madres

Como está descrito en la literatura especializada, los grupos tienen de por sí una gran fuerza terapéutica que se puede observar en los grupos de autoayuda, en las terapias grupales o en los distintos movimientos culturales y/o asociativos.

De aquí la importancia de los grupos posparto como espacios en los que madres y bebés puedan ser acogidos, contenidos y acompañados, a lo largo de todo el periodo de exterogestación (los primeros tres trimestres de vida extrauterina) y, a ser posible, durante todo el primer año de vida del bebé.

Está ampliamente demostrado que los grupos de acompañamiento en el posparto representan la medida preventiva y terapéutica más eficaz para la tristeza o la depresión leve en el posparto, para las dificultades relacionales precoces entre madre y recién nacido, así como para los malestares físicos y/o emocionales ligados a la experiencia del parto.

Los grupos posparto representan la medida preventiva y terapéutica más eficaz para la tristeza o la depresión leve en el posparto

Los grupos de madres y bebés promueven espontáneamente la lactancia materna prolongada, la relación afectiva protectora de la madre hacia su criatura, refuerzan (y restablecen) la salud materno-infantil y rompen el aislamiento social.

En grupo, las madres se reencuentran, comparten, se observan, ríen, aprenden las unas de las otras, con y de sus bebés, descubren juntas cómo reconocer su voz interior, aquella sabiduría profunda que les permite crecer con confianza, confirmándose capaces de cuidar y criar, de tomar decisiones con criterio y sensibilidad respecto al cuidado de su criatura.

Las necesidades de esta nueva etapa

Amor y cuidados son los elementos principales de los que se debe proveer tanto a la madre como a su hijo, para facilitar el inicio del vínculo entre ellos.

La mujer se adentra en la maternidad desde su biografía e historia personal, las cuales han condicionado sus creencias, sus expectativas y sus miedos. Razón por la cual toda madre recién nacida necesita:

  • Contención física y afectiva, dar el pecho y sentir que alimenta con amor a su hijo, construir su identidad como madre (no reproducir modelos imperantes), un tiempo de adaptación a su bebé y a su nueva condición como madre dentro de su contexto social y familiar, sentirse una “madre suficientemente buena”, así como ser escuchada sin juicios, cuidada y respetada por todo su entorno inmediato.
  • ¿Y qué necesita el bebé? Pues, a lo largo de su primer año de vida, precisa estabilizar sus funciones fisiológicas y sentar las bases de un desarrollo adecuado a nivel psico-físico-emocional.
  • Asimismo, necesita contención física, relacional y afectiva, es decir, ser amamantado y/o alimentado con amor, y tener una madre disponible que satisfaga sus necesidades.

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