Esperando con ilusión a los Reyes Magos

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El tiempo pasa tan deprisa que ya estamos de nuevo inmersos en los preparativos de las celebraciones y, especialmente, en la elección de los regalos.

Económicamente es una época complicada para muchos de nosotros y puede ser que en esta ocasión no podamos comprar a nuestros hijos todo lo que nos gustaría, pero eso no implica que ellos no vayan a ser igual de felices o incluso más que otros años.

A veces, nos descubrimos comprando un regalo tras otro mientras decimos: “Este le hará ilusión...”, cuando los niños al desenvolver el enésimo paquete ya han desestimado tal posibilidad. En el fondo, y de un modo inconsciente, es posible que con este exceso estemos supliendo algún sentimiento de culpa por no dedicarles tiempo suficiente. Los niños necesitan jugar –una actividad vital que va más allá del comprar–, pero sobre todo nos necesitan a nosotros.

Nuestro tiempo y dedicación siempre serán los mejores regalos.

Por eso, podemos aprovechar estas fiestas para disfrutar juntos de la iluminación navideña de la ciudad, decorando la casa, cocinando... y, cómo no, escribiendo una carta repleta de sueños.

Escribir los deseos

Si en lugar de empezar la carta con un “Quiero...”, animamos a nuestros hijos a comenzar con un “Deseo...” se abre ante ellos un mundo de posibilidades que va desde los juguetes que ven en los catálogos o en la televisión, a experiencias cotidianas que les pueden resultar igual de placenteras: “Deseo ir al parque con mis padres los sábados, deseo cenar pizza un día a la semana...”.

Necesitamos ayudarlos a decidir qué pedir y a qué renunciar. Si les explicamos el trabajo que los Reyes Magos o Papá Noel tienen que hacer en una sola noche, entenderán que quizá no les pueden traer todo lo que piden. Entonces, para facilitarles el trabajo y asegurarse de que no se dejarán lo que más les gusta, es recomendable escribir por orden de preferencia aquello que les haría más ilusión recibir.

Un buen método para evitar los excesos que suelen producirse, ya que toda la familia quiere complacer a los niños, es especificar en la carta que, por ejemplo, si piden una bicicleta, el resto de complementos: el casco, las rodilleras o los guantes se lo dejen en casa de los abuelos, de los tíos, de su madrina...

Escribir la carta no es una tarea banal. Con este gesto tan simple les estamos transmitiendo valores tan importantes como el del trabajo hecho con cariño. Escoger un papel bonito, explicar los deseos en lugar de hacer una especie de lista de la compra, decorarla con un dibujo... no solo lo agradecerán Sus Majestades sino que hará que los niños se den cuenta de la trascendencia que tienen los pequeños detalles.

La hora de las compras

La carta ya está enviada y ahora nos toca a nosotros enfundarnos en ese papel de compradores de sueños con el que tanto disfrutamos. Quizá estos criterios nos sirvan de ayuda a la hora de escoger:

  • Cada niño tiene sus propios gustos y necesidades. No sirve de nada regalarle aquel juguete que hace las delicias de casi todos los niños de su misma edad o el que tanto nos encanta a nosotros.
  • Al escoger, es imprescindible tener presente su edad y su capacidad física y psicológica.
  • Siempre tiene que favorecer cualquier aspecto del desarrollo motriz, cognitivo-afectivo y social.
  • Comprobaremos que son seguros buscando la etiqueta CE y si incluyen un manual de instrucciones.
  • Con el consenso del niño, evitaremos los juegos que fomenten los valores negativos. Si los prohibimos podemos lograr el efecto contrario.
  • Podemos buscar asesoramiento en ludotecas, tiendas o webs especializadas. A veces la caja no incluye toda la información necesaria.
  • Ningún juguete en sí mismo garantiza el juego y a veces los mejores no son los que se compran. Propiciemos que creen los suyos: una botella que se transforma en maraca, un palo que es un caballo, una caja que se convierte en cama o un calcetín que es una marioneta.

Llegó el gran día

Los nervios harán que los niños se levanten más pronto de lo habitual, irán corriendo a comprobar que los Reyes y sus camellos han tomado ese aperitivo que ellos les dejaron con tanto amor y, si estaban tan profundamente dormidos que pudisteis rociarles levemente con purpurina, se entusiasmarán al tener una prueba más de que realmente han estado allí y todo tendrá un sentido aún más mágico. Y para no perder este ambiente tan especial, haremos que el momento de abrir los regalos sea algo más que el simple hecho de desenvolver paquetes.

Comenzaremos leyendo en voz alta la carta que los Reyes Magos nos han escrito, agradeceremos su cortesía y, a continuación, descubriremos de uno en uno lo que nos han dejado. Todos mostraremos interés no solo por nuestros regalos sino también por los de los demás y solo de esta manera los objetos adquirirán el valor emocional y cultural que poseen.

Volvamos de nuevo a ser niños

  • Los niños son los auténticos protagonistas de estas fiestas pero, ¿y si nos permitimos jugar y participar de la fantasía de nuestros hijos? ¿Y si los Reyes Magos reciben nuestra propia carta?
  • ¡Es genial! Pedir, esperar con emoción y fantasear con qué nos traerán: quizá aquella Nancy que siempre quisimos y nunca nos trajeron o el barco pirata de Playmobil... Será muy emotivo el compartir con nuestros hijos esos juguetes tan significativos para nosotros.
  • Hay una gran variedad de juegos donde elegir para disfrutar en familia, pero lo importante es que estamos fomentando su deseo y su capacidad de jugar.
  • Escribiendo nuestra carta compartimos con los niños nuestra coherencia, ya que comprobarán que no pedimos muchas cosas y aceptamos y difrutamos con lo que al final nos traigan.

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