Por Isabel Fernández del Castillo

Claves para elegir la mejor guardería

La situación laboral y económica que vivimos no nos facilita precisamente el poder disfrutar de excedencias laborales, bien al contrario, está empujando a las madres a reincorporarse pronto a sus trabajos. Y mientras trabajamos tenemos que dejar a nuestro hijo con otras personas para que lo atiendan.

la importancia de los vínculos afectivos

Lo más habitual es que sean los abuelos, aunque también es cierto que, actualmente, puede que sea el padre quien se quede cuidándolo y eso beneficia enormemente al bebé.

Otra alternativa que hace unos años que funciona son las madres de día, mujeres que han tenido o tienen hijos y que ahora acogen en su casa a unos cuatro niños, tres si son muy pequeños.

Pero muchas veces la única solución es contratar a una cuidadora o, lo más habitual, inscribirlo en una escuela infantil de primer ciclo (de 0 a 3).

Y escoger una guardería no es una decisión menor. En primer lugar, porque no es fácil separarse del bebé y dejarlo con una persona a la que solo habremos visto un par de veces.

Hay que asegurarse de que el centro cubre las necesidades afectivas y psicológicas del bebé

Pero especialmente porque esta elección influirá directamente en el desarrollo del niño, ya que los primeros tres años son una etapa de maduración acelerada de su cerebro y esta depende de la calidad de los vínculos afectivos y de los cuidados que reciba.

Por eso, además de buscar una solución práctica (proximidad, horarios...), hay que asegurarse de que el centro cubre las necesidades afectivas y psicológicas del bebé.

Una razón equivocada

¿Y qué es lo que necesita un bebé? Pues, contrariamente a lo que piensan algunas personas, un bebé de meses, o de uno o dos años, no necesita ir a la guardería para socializarse, porque esto se adquiere con el tiempo.

Según la plataforma de profesionales de la salud mental infantil Más tiempo con los hijos, lo que realmente necesita es “ser cuidado por personas suficientemente constantes en el tiempo, que establezcan con él un vínculo emocional intenso. Esto es lo que le permite desarrollar una vinculación segura y estas condiciones las reúnen, especialmente, los padres. Solo mediante la continuidad y la constancia en el tiempo, niño y adulto pueden llegar a conocerse, demandar y recibir respuestas adecuadas, realistas y coherentes y, por tanto, estructurantes”.

Un bebé de meses, o de uno o dos años, no necesita ir a la guardería para socializarse

Esta plataforma aboga por que el Estado invierta recursos en la salud mental de sus futuros ciudadanos haciendo posible que los padres –o alguno de los dos– que lo deseen puedan permanecer junto a sus hijos durante los dos primeros años de su vida.

Hoy en día en España esto es impensable, pero ser conscientes de cuáles son las necesidades reales de los bebés y niños sí puede ser una guía para encontrar el centro más adecuado.

¿Cómo debería ser una buena guardería?

¿Qué factores hacen que una escuela infantil sea más o menos adecuada para los niños?

Esa es la pregunta que trató de responder un estudio realizado por el National Institute of Child Health & Human Development (Estados Unidos), que realizó el seguimiento de más de 1.000 niños desde el año 1991 hasta 2009, y cuyas conclusiones coinciden con lo que afirman los psicólogos.

Antes de detallarlas, sin embargo, conviene tener en cuenta que la mayoría de las madres estadounidenses no disfrutan de una baja maternal remunerada, porque esto depende del empresario, aunque sí pueden tomarse algún permiso sin sueldo.

Por este motivo, lo más habitual es que los niños norteamericanos no puedan disfrutar del contacto con su madre a tiempo completo, ni siquiera en los primeros meses de su vida. Aun así, las conclusiones del estudio son interesantes y extrapolables.

  • Sociabilidad. Uno de los argumentos más utilizados en defensa de llevar a los niños a la guardería es que allí se socializan. Por el contrario, según el estudio, aquellos niños que habían ingresado a una edad más temprana en la guardería o pasaban muchas horas eran menos cooperativos y mostraban conductas más problemáticas (agresividad, rebeldía...) que los que habían sido cuidados por sus madres o un familiar.
  • Actitud de los cuidadores. Estos resultados, sin embargo, no eran inamovibles. Uno de los hallazgos clave del estudio fue la importancia de la calidad humana, la calidez de la atención, el equilibrio emocional y las aptitudes personales, tanto de la madre y el padre como de otros familiares o cuidadores de la guardería.
  • Ratio niños por cuidadora. La cantidad de niños a cargo de la educadora fue uno de los factores que más peso demostró tener en la calidad de la atención recibida. Lo ideal resultó ser un grupo pequeño a cargo de una persona bien cualificada y dispuesta a establecer una relación significativa y positiva con los niños. Esto concuerda con la recomendación de los psicólogos de que los niños tengan la posibilidad de desarrollar pocos vínculos pero de calidad, antes que estar rodeados de muchas personas con las que tengan poca posibilidad de interactuar.

La filosofía del centro

Cada guardería tiene una metodología y nosotros debemos buscar aquella que se ajuste más a nuestro modo de crianza.

Cuestiones como que permitan llevar la leche materna extraída para que allí se la den, que dejen que el niño alérgico lleve alimentos de casa, que dispongan de flexibilidad horaria o que tengan cierta tolerancia a la hora de permitir que el niño lleve o no pañal a partir de una edad, pueden hacer que la balanza se incline hacia uno u otro centro.

Fijarnos en las actividades que realizan también puede ayudarnos a escoger porque a esa edad su principal tarea es jugar.

Hay personas que están convencidas de que los niños, cuanto antes empiecen a descubrir las letras, los números..., tendrán una mayor ventaja cuando comiencen el colegio. Pero los datos dicen que a pesar de tener una escolarización tan temprana, los niños españoles son los que presentan una tasa más alta de fracaso y abandono escolar de Europa.

Debemos buscar la guardería que más se ajuste nuestro modo de crianza

Si observamos cómo lo hacen en otros países europeos, vemos que aquellos que postergan el ingreso en la escuela primaria hasta los siete años son también los que obtienen mejores resultados escolares, siendo el caso más paradigmático el de Finlandia.

Año tras año, este país ocupa el primer lugar del Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) a pesar de que sus niños no aprenden a leer hasta que tienen siete años.

Antes de esta edad, dedican todo su tiempo a jugar, tanto en interiores como al aire libre, puesto que consideran que es lo más importante que puede hacer un niño para desarrollar saludablemente todas sus capacidades.

En España, por el contrario, desde bien pequeños ya hacen actividades estructuradas y muchas de ellas las realizan sentados en una mesa.

Las claves de una buena elección

  • El lugar: es ideal que tenga espacios amplios y luminosos con acceso directo a zonas verdes, donde los niños puedan disfrutar de la naturaleza y el juego al aire libre.
  • La atención: cuanto menor sea el número de niños por cuidadora, mejor, especialmente cuando son bebés y necesitan más atención. Las aptitudes de la cuidadora también cuentan.
  • Actividades: en los primeros años, lo esencial es que puedan jugar y moverse libremente, escuchar cuentos, hacer manualidades... No es edad para hacer fichas.

Los tiempos cambian

En los últimos años, tanto las guarderías como los centros escolares han adaptado su funcionamiento. Algunas guarderías disponen de flexibilidad horaria, tanto para dejar como para ir a buscar al niño, también permiten hacer un periodo de adaptación, llevándolo primero poco tiempo para luego ir aumentándolo poco a poco, incluso algunas dejan a los padres estar con su hijo mientras se habitúa y les dan total libertad de acudir al centro cuando deseen.

Los niños con un vínculo afectivo sólido con sus padres tienen un desarrollo más favorable en todos los niveles

Pero tan importante como el tiempo que está en la guardería es la calidad del tiempo que pasa en casa.

Así lo reflejaba el estudio citado al inicio, donde los niños que tenían un vínculo afectivo sólido con sus padres –si estos eran emocionalmente equilibrados y afectivamente disponibles y cariñosos– eran los que tenían un desarrollo más favorable en todos los niveles.

Los niños de familias con un entorno cultural más rico y estimulante (juguetes apropiados, cuentos...), tanto en casa como en actividades exteriores, eran los que mostraban un mejor desarrollo social e intelectual que perduraba en el tiempo.

Una dura realidad

Cada vez pasan más tiempo en la guardería. La incertidumbre laboral está haciendo que los niños ingresen más pronto y pasen más horas en la escuela infantil. Según los estudios, el temor a perder el trabajo hace que los padres decidan volver antes al mundo laboral, dejando antes a los niños en la guardería y durante más horas y más meses que años atrás.

  • El tiempo de permanencia en el centro ha aumentado de forma significativa. El 85% de los niños está como mínimo cinco horas al día. El 44%, al salir del centro todavía permanece al cuidado de un familiar u otra persona hasta que los padres pueden hacerse cargo de él.
  • Las vacaciones se reducen al mínimo: el 74% de los niños acude a la guardería once meses al año, un 7% más que en el año 2011 y un 19% más que en 2010.
  • Los padres son conscientes de que no pasan suficiente tiempo con sus hijos, así lo declara un 52% de los padres y un 48% de las madres, mientras que un 48% de los padres y un 46% de las madres dicen que dejarían de trabajar para estar con ellos si pudieran permitírselo.
  • A la hora de elegir guardería, su coste fue decisivo en el 36% de los casos, un 21% más que en el 2011. El 52% de las familias encuestadas pagan más de 250 euros; el 30%, más de 350 euros y el 18%, más de 450 euros.

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