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Las infecciones de orina pueden dar señales de diferentes maneras dependiendo de la edad del niño y de si la infección se da en la vía urinaria alta o en la baja.

El riñón, las vías urinarias, la vejiga o la uretra son las que forman el sistema urianrio y cuando hay cualquier infección en alguna de estas zonas es cuando hablamos de infección urinaria.

  • Si afecta a la uretra o a la vejiga se conoce como cistitis o infección de vías urinarias bajas, mientras que si afecta a los riñones hablaremos de infección de vías urinarias altas o pielonefritis.

Cómo identificar una infección de orina

En bebés estas infecciones se manifiestan de una forma y en niños más mayores, de otra.

  • En el caso de los bebés, el síntoma suele ser la fiebre.
  • Otros síntomas más inespecíficos puede ser el rechazo del alimento, los vómitos o la irritabilidad.

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  • La posibilidad de que un cuadro febril sea consecuencia de una infección de orina en un lactante es lo que hace que los pediatras analicemos a menudo la orina en los bebés pequeños cuando tienen fiebre y no tenemos un foco evidente (o casi en todos los casos de fiebre en bebés menores de 3 meses).
  • Cuando los niños son más mayores, puede haber fiebre también, especialmente si afecta a la vía urinaria alta (pielonefritis).

Dolor en las lumbares o ganas continuas de orinar pueden ser una señal

  • Otra sintomatología relacionada con esta alteración puede ser el dolor abdominal en la zona baja de la barriga, dolor en la zona lumbar o síntomas miccionales como necesidad de ir al lavabo con mucha frecuencia o escozor al orinar.
  • En algunos casos la orina puede tener cambios de color y de olor.

Pruebas para hacer el diagnóstico

La prueba más importante para hacer un diagnóstico correcto de una infección de orina es el análisis de la orina, especialmente el cultivo, lo que llamamos urocultivo.

  • La recogida de orina debe ser meticulosa, ya que la zona genital está colonizada por otros gérmenes, y en caso de no conseguir una recogida lo suficientemente “limpia”, es posible que el cultivo quede contaminado y no podamos determinar el germen con evidencia.
  • La necesidad de esa recogida en condiciones de higiene es lo que hace que en bebés que todavía llevan pañal la recogida deba realizarse con técnicas estériles, como un sondaje vesical.

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Con la orina es posible realizar tests rápidos -tira de orina- y un primer análisis al microscopio -sedimento de orina- que nos van a dar mucha información. Sin embargo el diagnóstico de certeza lo tendremos con el urocultivo al cabo de 3 ó 4 días de la recogida de la orina.

La ecografía renal también puede ser una prueba útil en el caso de que se sospeche o haya una pielonefritis. Esto ayuda a definir el grado de afectación de los riñones por la infección y además se usa también para seguir su evolución.

La infección podría afectar a los riñones, por ello se realiza una ecografía

  • En función de la severidad de la infección, varias semanas después puede ser necesario evaluar la funcionalidad del riñón y la presencia de cicatrices debidas a la infección mediante otras exploraciones.

cómo se tratan estas infecciones

Una infección urinaria precisa tratamiento antibiótico en la mayoría de los casos. Suele iniciarse en un primer momento cuando existe la sospecha de la infección de orina y más tarde se ajusta en función del resultado del urocultivo.

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Suelen ser infecciones “muy agradecidas” al tratamiento, en el sentido de que a menudo la fiebre y los síntomas miccionales se frenan rápidamente al empezar con la medicación.

  • En el caso de bebés muy pequeños que presentan mal estado general o se detectan de anomalías en las vías urinarias, el tratamiento suele realizarse mediante antibiótico endovenoso por la cual cosa será necesario el ingreso hospitalario.

UNA posible CAUSA

Puede ocurrir que la orina retroceda de la vejiga hacia los riñones, es el llamado reflujo vesicoureteral.

Está causado habitualmente porque las válvulas que comunican los uréteres con la vejiga son inmaduras y permiten que la orina vuelva para atrás.

  • Esta condición predispone a las infecciones de orina ya que permite que los gérmenes asciendan por la vía urinaria.

Las infecciones repetitivas podrían llegar a dañar los riñones

Existen diferentes grados de reflujo en función de la madurez de las válvulas y la dilatación en los uréteres que provocan. La mayoría de ellos acaban resolviéndose espontáneamente durante los primeros años de vida y en pocos casos esto requiere intervención quirúrgica.

Aunque la resolución suele ser espontánea, el problema es que predisponen a las infecciones de orina y estas, de forma repetida, pueden llegar a dañar el riñón. Este es el principal motivo del seguimiento del reflujo, y de intentar evitar y diagnosticar de forma precoz las infecciones de orina si se producen.

cómo prevenir infecciones

Son más frecuentes en las niñas que en los niños por una cuestión anatómica: el ano está más cerca del conducto urinario en ellas, así que los gérmenes pueden tenerlo más "fácil". Aún así, es fundamental tener mantener una serie de medidas de prevención:

  • Cambiar el pañal de forma frecuente en los bebés, no esperar a que esté "pesado".
  • Cuidar las medidas de higiene íntima y enseñar a las niñas a limpiarse de la vulva al ano y no al revés.
  • Utilizar ropa interior de algodón.
  • Ofrecerles agua a menudo.
  • En el caso de los niños, la fimosis podría favorecer la presencia de microorganismos.

Dra. Amalia Arce. Pediatra