Juguetes maravillosos, no comerciales

La vida infantil no puede concebirse sin juego. Jugar es la principal actividad de la infancia y responde a su necesidad de mirar, tocar, experimentar, imaginar, expresar, crear...

Un impulso primario y gratuito que nos empuja desde que nacemos a descubrir y explorar el mundo que nos rodea para conseguir conocerlo y aprender a amarlo.

Para un bebé todo es nuevo, todo es “disfrutable”. Descubre con sus manos, sus oídos, su olfato, sus ojos, ¡su boca! Sin duda, jugar es una de las fuentes más importantes de progreso y aprendizajes, y la curiosidad, el gran motor.

Juguetes caseros que despiertan su interés

En este sentido, a menudo vemos que algunos objetos resultan tanto o más interesantes para los niños que sus propios juguetes. Jugar con ollas o cucharas de madera tiene algo de inusual que resulta atractivo. Las pulseras de mamá... ¡son de mamá! ¿Y los servilleteros? Suenan, ruedan...

  • Tetra brik o envases de yogures para hacer grandes construcciones que se pueden montar y destruir sin peligro y con poco ruido.
  • Cajas grandes y pequeñas que se encajan unas dentro de otras o que sirven para ocultar objetos mágicamente. ¡Incluso puede esconderse en una de ellas!
  • Objetos sorprendentes como por ejemplo los batidores manuales, aros de cortinas de baño, cepillos o esponjas nos permiten explorar con sus diferentes usos. La variedad de materiales y sonidos les fascina.
  • En la bañera (y fuera de ella) coladores, escurridores, boles y vasos de plástico se convierten en juguetes.

De este modo, los niños interiorizan que para jugar solo necesitamos deseos e ideas. Y que con nuestra imaginación, todo lo podemos convertir en juego.

En el juego exploratorio necesitamos dar libertad al niño para que investigue y realice sus propios descubrimientos. Lo ideal es mantenernos lo suficientemente cerca para darle seguridad y lo suficientemente lejos para respetar su libertad.

En el juego exploratorio hay que dar libertad al niño para que investigue y realice sus propios descubrimientos

Los objetos que pongamos a su alcance deben ser seguros, incluso sin nuestra presencia continua y ante la duda, mejor abstenerse.

Necesitamos crear un clima de confianza donde el niño se sienta seguro para experimentar, sin miedo a equivocarse o a no responder a nuestras expectativas.

Una cesta de los tesoros

Cuando tu bebé tiene la capacidad de sentarse por si mismo, colocar frente a él una caja o una cesta, llena de objetos cotidianos puede convertirse en su gran fuente de tesoros.

Para hecerla puedes elegir objetos de casa o también de la naturaleza, pero no juguetes

Necesitas que sean de un tamaño suficientemente grande para evitar que se los trague. La propuesta es que puedes elegir objetos de casa o también de la naturaleza, pero no juguetes.

  • Hay infinidad de objetos posibles: una esponja natural marina, objetos de la cocina varios, anillas de las cortinas de madera, piedras, conchas marinas grandes, cepillos, cadenas de metal...

La idea es ofrecerle diferentes texturas que pueda explorar con todos sus sentidos, e ir variando los objetos.​

Rescatar los juegos tradicionales

A menudo buscamos entre las últimas novedades los mejores juegos y juguetes para nuestros hijos. Sin embargo, si buceamos entre nuestros recuerdos de infancia, aparecerán muchos juegos que hoy pueden seguir estando entre los preferidos de los niños.

La peonza, las canicas, la comba, los cromos, la rayuela o el diábolo nos hacen rememorar imágenes felices y nos conectan a nuestros hijos, que pueden continuar divirtiéndose con ellos.

En su momento los compartimos con nuestros padres, y hoy podemos compartirlos con nuestros hijos

En su momento los compartimos con nuestros padres, y hoy podemos compartirlos con nuestros hijos. Tan solo necesitamos esperar a que nuestros hijos sean suficientemente mayores como para entender y vivir bien este tipo de juegos que se prestan a la competitividad.

Cada niño es diferente, pero a partir de los 6 años es más sencillo... ¿Recordamos lo difícil que nos resultaba aceptar que a los mayores les salieran tantos cincos con los dados cuando jugábamos al parchís, mientras que a nosotros la suerte no nos acompañaba? ¿Y los nervios cuando nos acercábamos a una casilla con sorpresa del tablero de la oca?

Seguro que esos recuerdos, además de ponernos una sonrisa en los labios, nos permiten entender mejor los aprendizajes que hacen nuestros hijos cuando jugamos con ellos. Y podemos contarles anécdotas de cuando de pequeños nosotros jugábamos con nuestros abuelos, padres o hermanos. ¡Les encantará!

La oca, el parchís, el veo veo, el escondite...

¿Y el escondite inglés o el pica-pared? Cualquier pared es buena para contar un, dos, tres y reírnos un rato juntos. De este modo les decimos que nos gusta jugar y nos gusta verlos disfrutar, que nosotros fuimos niños que jugábamos y que podemos seguir haciéndolo con ellos.

Compartir nuestros juegos de infancia con los hijos es una manera maravillosa de transmitirles amor y felicidad.

Estos juegos de siempre, a los que han jugado abuelos, padres y nietos, tienen el don de acercarnos y afianzar los vínculos, haciendo de puente entre generaciones y garantizando el juego para todos.

  • Buscad en la memoria, preguntad a vuestros hermanos... Gracias a estos momentos de diversión compartidos, vuestros hijos os conocerán un poco más.
  • Los abuelos son una fuente inagotable de juegos: aprovechemos sus propuestas y sumémonos a ellas. Tres generaciones jugando juntas, ¿qué más se puede pedir?
  • Los más sencillos son los mejores, sin duda. Cuanto más simple y sencillo, más fácil de recordar y practicar.
  • Hay opciones para todos los momentos: infinidad de juegos de cartas para jugar en casa, los juegos de mesa tradicionales (el parchís, la oca, las damas...), la petanca para el parque, elveo veo para los viajes... Seguid, seguid recordando.