Por el Dr. Julio Basulto

Las verduras "no encajan" en su alimentación...

Que los niños deben tomar como mínimo dos raciones de verdura al día (al igual que los adultos), lo tenemos claro. Sin embargo, conseguirlo, a veces, es misión imposible.

Ya sea por la textura o po su sabor, este tipo de alimentos es de los que menos suelen gustar a los pequeños de la casa. Te damois una serie de consejos para conseguir que sea un poco más fácil que tus hijos coman verduras sin dramas.

¿Primero las frutas o las verduras?

Cuando el bebé cumple siete meses, el pediatra nos aconsejará que empecemos a ofrecerle nuevos alimentos, aunque conviene recordar que muchos bebés no estarán listos hasta los ocho.

El caso es que no hay padre o madre que no pregunte de inmediato: ¿Qué le ofrezco primero? ¿Las frutas, las verduras, la carne...?

La sociedad científica europea de referencia en estos temas, la ESPGHAN (European Society for Paediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition), afirma que el orden de aparición de los alimentos en la vida de los bebés no tiene ninguna importancia.

El único criterio que sigue vigente es el de la progresión, es decir, hacerlo poco a poco para valorar la tolerancia de bebé.

¿A trozos o en puré?

Aunque te parezca algo absurdo, tú jamás te apuntarías a un curso de natación donde empezaran a enseñarte a nadar en un gimnasio. Ni aprenderías a ir en bici montada en un patinete. A nadar se aprende en el agua, y a ir en bicicleta sobre una bici.

De igual manera, se aprende a comer comida comiendo comida, no purés. Por este motivo, si queremos que nuestros hijos mastiquen la comida, lo mejor es que empiecen cuanto antes.

Se aprende a comer comida comiendo comida, no purés

Para conseguirlo no es necesario que hagas nada especial: los niños ya tienen dos manitas de lo más inquietas, deseosas de llevar a la boca cuanto encuentran a su alrededor.

Así que deja que tu bebé manipule los alimentos, que los explore, que los saboree y los disfrute, aunque se manche.

¿Comer juntos o separados?

Una de las cosas que pretende transmitir este artículo –que la clave es dar ejemplo– es difícil de conciliar con una costumbre arraigada en nuestra sociedad: es normal que los niños coman a distinta hora que los padres, o en una mesa aparte.

Los niños que comparten mesa con sus padres acaban tomando alimentos similares a los que comen ellos

Está demostrado que los niños que comparten mesa con sus padres acaban tomando alimentos similares a los que comen aquellos, y presentan patrones de alimentación más saludables.

No te sientes en la mesa con tus hijos solo para que se coman la verdura. Hazlo porque así hablarás más con ellos, reiréis, y aprenderás qué les gusta y qué no.

¿Hay alguna estrategia que funcione?

Un interesante estudio publicado en la revista Annals of Behavioral Medicine se planteó cómo conseguir que los niños consumieran más verdura. Se estudió el efecto de cinco tácticas:

  1. Recompensarles.
  2. Darles ejemplo.
  3. Insistirles en que prueben solo un bocado.
  4. Ofrecérsela sin más.
  5. O ponérsela delante y no hacer nada.

Ninguna táctica funcionó más que otra. Conclusión: no te empeñes en buscar soluciones. Comer verduras es sano, no cabe duda; así que comedlas vosotros y, a lo mejor, vuestro hijo acaba imitándoos. Y si no come verduras será porque no las necesita.

¿Qué se puede hacer si no quiere probarlas?

Tu hijo no necesitará comer verduras si lo compensa con otros alimentos. Crecerá igual de bien si le ofreces alimentos saludables. O lo que es lo mismo, si tiene a su alcance pocos alimentos superfluos.

Muchos alimentos, y las verduras no son una excepción, comparten propiedades nutricionales.

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