Le pegan en la escuela

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Si nuestro hijo es víctima de los golpes de otros niños en la escuela, tenemos mucho por hacer. No solo acusar a los otros niños que le hacen daño. Eso es algo que han de resolver la escuela y las familias de esos niños. Por nuestra parte, es preciso que demos una importancia superlativa a la situación de hostigamiento y vulnerabilidad de nuestro hijo.

Recursos afectivos

Puede suceder que un niño que recibe poca mirada o poco acompañamiento en sus procesos internos sea blanco de burlas o humillaciones en el colegio. Y desde esa posición, es probable que termine golpeado. Por eso es vital que averigüemos qué recursos afectivos necesita ese niño para sentirse seguro internamente y, también, qué herramientas podemos ofrecerle nosotros para que no permanezca expuesto a las agresiones de los demás. De hecho, en ocasiones ya está instalada una modalidad o un rol que el niño “juega” en casa sin darse cuenta, y, por lo tanto, somos los adultos quienes tenemos que poder sacarlo de esa dinámica en la que termina lastimado.

Que alguien maltrate a nuestro hijo en la escuela, nos llena de rabia e impotencia. Ahora bien, si después de una situación de maltrato no cambiamos ninguna actitud respecto a nuestro hijo, las cosas no cambiarán. El niño precisa con urgencia más cobijo, más palabras y mayor comprensión de eso que se genera en el ámbito escolar, eso de lo que, de una manera u otra, forma parte.

En una situación de este tipo también es muy importante que aumentemos y profundicemos las conversaciones, tratando de acercarnos a las vivencias cotidianas desde su realidad de niño pequeño, hasta desmenuzar cada escena y encontrar una estrategia que le sea útil para cambiar las cosas.

Involucrarnos personalmente

Tomemos el problema de la agresión en la escuela como si fuera propio. No lo dejemos solo. Busquemos entre los maestros apoyo y compañía.

No subestimemos lo que pasa.

Encontremos recursos inteligentes involucrándonos personalmente en cada situación. Si nuestro hijo se siente comprendido y constata que sus padres están buscando soluciones lógicas al asunto, es probable que las agresiones en la escuela se acaben tan pronto como deseamos.

Lo peor es minimizar las cosas. Hay un hecho real de maltrato entre –como mínimo– dos niños que sufren.

Cada uno lo expresa de diferentes maneras y cada uno de ellos merece ser atendido, defendido o asistido según las circunstancias.

Sería ideal que el maestro tratara el suceso con la gravedad que tiene, tratando de acercarse a la víctima y al agresor con profunda dedicación, buscando recursos para que cada uno pueda decir lo que le pasa.

Así podrá ayudarlos a encontrar una manera respetuosa de salvar las diferencias.

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Laura Gutman