Parenting

Decimos demasiados "no" a nuestros hijos

¿Es necesario repetirlo constantemente? Quizás lo que ocurre es que de tanto usarlo le estamos quitando significado y, por lo tanto, utilidad.

Laura Gutman

Laura Gutman

Psicoterapeuta familiar. Directora de Crianza y autora de El poder del discurso materno y La revolución de las madres.

Les decimos demasiados "no"

No toques los interruptores. No saltes encima de la butaca. No le pegues a tu hermano pequeño. No revuelvas los cajones. No molestes. No hagas ruido. No cojas el teléfono, que puede ser un cliente. No juegues con el mando a distancia. No llores más. No interrumpas. No te hagas pis. No despiertes a tu hermanita. No mojes el baño. ¡Que te he dicho que no!

Parecerá una exageración, pero si pudiéramos vernos con los ojos de una tercera persona, nos daríamos cuenta de la cantidad de veces que decimos “no” a nuestros hijos.

La ineficacia de los 'noes' repetidos

En lugar de intentar convencernos de que nuestros niños necesitan que les marquemos límites, sería útil constatar que estos “no” son tremendamente ineficaces.

¿Por qué sino estamos obligados a repetirlos una y otra vez? Porque usamos el “no” como primera instancia, en lugar de utilizarlo como última.

Podemos afirmar que con los niños perdemos la paciencia casi cotidianamente. Muchas veces estamos ocupadas y superadas por situaciones externas que no son nuestros hijos. Y quizá es más fácil decir "no hagas eso" que buscar una alternativa.

Usamos el “no” como primera instancia, en lugar de utilizarlo como última

Sin embargo, esa sería la idea: ofrecerle un acompañamiento para que haga otra cosa que sí le podemos permitir.

Usar el 'no' con sentido

Tal vez somos personas a quienes se nos ha negado todo... y no hemos aprendido otra cosa. Tenemos la intención de ser buenos padres... pero no tenemos paciencia.

Cuando el “sí” es recurrente y facilitador, el “no” aparece de vez en cuando, oportunamente, y es efectivo

Y el “no” está muy aprendido y forma parte de nuestra visión. No registramos que sostenemos una mirada negativa, fijándonos primero en la mitad vacía del recipiente antes que en la mitad llena.

Esto no significa que nunca vamos a decir “no” a un niño. Sería un despropósito. Cuando el “sí” es recurrente y facilitador, el “no” aparece de vez en cuando, oportunamente, y es efectivo.

Porque tiene sentido y porque hace referencia a un hecho puntual que el adulto desaprueba y que el niño comprende perfectamente, diferenciándolo del “no” constante y sin sentido.

Espacios adaptados

  • A cada movimiento o imitación de nuestras acciones que haga nuestro hijo, hagamos la prueba de ofrecer un acompañamiento que sí le permita tocar, moverse, explorar, probar, subir, trepar o jugar.
  • Aplaudamos sus logros, sus descubrimientos, sus inventos.
  • Adaptemos un poco los espacios y los tiempos a las necesidades de los niños pequeños.
  • Ofrezcámosles objetos que sí puedan tocar, desmontar, juntar, encajar, garabatear y oler.

Aunque no estemos en condiciones de responder a su deseo, debemos considerar al niño sin desestimar lo que le pasa

  • Cuando el niño intenta pedirnos algo, antes de desaprobarlo, usemos la expresión mágica “¡ahhh!”: “¡Ah, tú lo que quieres es usar el cuchillo!”, “¡Ah, estabas esperándome para ir a pasear!”...
  • Esta expresión da cuenta de que hemos comprendido aquello que el niño desea. El niño sabe que lo hemos escuchado. Luego, habiéndolo escuchado, podremos dar la respuesta que creamos conveniente.
  • No importa si no estamos en condiciones de responder a su deseo. Lo único importante es que hemos considerado al niño sin desestimar lo que le pasa.
  • Y por último, contemos todos los “no” que hemos pronunciado en un solo día y reemplacémoslos con frases afirmativas que muestren aprobación.
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