Por Isabel Fernández del Castillo

Grupos de apoyo a la lactancia

María llega por primera vez a una reunión de un grupo de apoyo a la lactancia materna. Con un bebé de poco menos de un mes, está a punto de tirar la toalla a pesar de la ilusión que le hacía poderlo amamantar. Está un poco nerviosa, y sobre todo muy decepcionada.

Nunca pensó que amamantar iba a ser tan complicado ni que tuviera que pedir ayuda. Al fin y al cabo, es algo que han hecho las mujeres toda la vida. ¿Por qué ella no puede? A la reunión asisten madres expertas, mamás recién llegadas e, incluso, profesionales de la zona en busca de información.

Las dificultades pueden solucionarse

Unas horas después, de vuelta a casa, María se siente aliviada. La reunión la ha ayudado a no abandonar y, sobre todo, a entender por qué empezaron las dificultades.

No se trataba de que ella no pudiera amamantar, sino que en el hospital todo se había hecho mal desde el principio.

María tuvo a su hija por cesárea y pasaron casi dos horas hasta que pudieron estar juntas. Una vez tuvo a su bebé con ella, nadie la ayudó a ponérselo al pecho y, además, se lo llevaban de la habitación muy a menudo, también por las noches.

El resultado fue que la niña no se había agarrado bien, cada toma era un drama, tuvo una ingurgitación mamaria muy molesta, y su hija, por indicación del pediatra, empezó a tomar suplementos porque no ganaba peso.

Ahora, con la ayuda del grupo, cree que podrá alimentarla solo con su leche.

La época en que todo se complicó

En la actualidad, no paran de publicarse artículos que demuestran las bondades de la lactancia materna para la salud del bebé y de la madre. Pero no siempre ha sido así.

En realidad, es difícil entender la importancia de los grupos de apoyo a la lactancia sin tener en cuenta el contexto en el que comenzó todo.

En los años 50, la casi desaparición de la lactancia materna tuvo su origen en dos fenómenos muy relacionados:

  • Por una parte, el nacimiento se trasladó de forma generalizada del domicilio familiar –donde sí había mujeres con experiencia en dar de mamar– al hospital, a la vez que la atención al parto comenzó a medicalizarse cada vez más.
  • En el hospital, los bebés eran separados de sus madres y enviados al nido, y las madres recién paridas entraban en una estricta dinámica que consistía en dar de mamar cada tres horas, colocando al bebé diez minutos en cada pecho.

Las madres recién paridas debían dar de mamar cada tres horas, colocando al bebé diez minutos en cada pecho

  • Así, las lactancias fracasaron en masa y caló la idea de que la lactancia es algo difícil y complicado, y que muchas madres “no tienen suficiente leche”.
  • Esta circunstancia coincidió con el surgimiento del fenómeno del biberón, que supuso una fácil solución para los problemas causados por las prácticas hospitalarias, y fue apoyado con entusiasmo por la clase médica debido a que los bebés engordaban más rápidamente.

La determinación de las pioneras

Fue en este contexto donde comenzó, en 1956, la primera red de madres de apoyo a la lactancia materna: La Liga de la Leche, una organización norteamericana pero con un nombre hispano, ya que por aquel entonces la palabra breastfeeding (lactancia), que incluye la palabra breast (pecho), no estaba bien vista.

La organización interna, su rigor científico, su cuidado lenguaje y la calidad de los materiales han sido esenciales para que esta organización haya sobrevivido y prosperado a lo largo de tantos decenios, y ha allanado el camino para el desarrollo de este movimiento tan esencial.

En España todo empezó alrededor del año 1985 con la puesta en marcha de tres iniciativas pioneras, la Asociación Vía Láctea de Zaragoza, la Asociación Gala de Barcelona (que ya no existe) y el primer grupo de apoyo a la lactancia de la Liga de la Leche iniciado en Bilbao por Connie Little.

Los inicios fueron lentos y el reconocimiento nulo, a pesar de que el nivel de conocimientos y competencias de las madres era, por lo general, muy superior al de los profesionales. En muchos casos, entre las integrantes de las asociaciones de apoyo a la lactancia se encuentran profesionales de la salud.

El nivel de conocimientos y competencias de las madres era, por lo general, muy superior al de los profesionales

La Asociación Vía Láctea fue la primera en elaborar una Guía de Lactancia Materna, y lo hizo con el apoyo del Departamento de Salud Pública de Aragón. Aun así, era impensable que pudiera ser redactada y firmada únicamente por madres, de modo que fue prologada por el conocido pediatra Dr. Luis Ruiz.

De hecho, los grupos de apoyo a la lactancia se han ido incorporando poco a poco al sistema, hasta el punto de intervenir con regularidad en los congresos de lactancia materna que bianualmente organiza el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría.

El funcionamiento interno

La labor de estos grupos se basa en el trabajo desinteresado de las madres que lo integran. La forma jurídica elegida para constitutirse acostumbra a ser la de asociación. Los encuentros suelen tener un carácter local (un barrio, un pueblo) y las reuniones son periódicas.

Tienen lugar en locales públicos, como los centros cívicos, que suponen un coste cero para el grupo y permiten que la asistencia sea gratuita. Los encuentros son abiertos, es decir, siempre hay una o varias personas de la asociación que son las responsables de conducir la sesión, pero puede asistir quien quiera.

Otro servicio que suelen ofrecer estos grupos es la atención telefónica para casos urgentes que no pueden esperar a la reunión. Las páginas webs de las asociaciones incluyen los teléfonos de las personas que están disponibles, así como los días y horarios en los que se les puede encontrar.

Muchos también tienen un servicio de préstamo de libros, material audiovisual o sacaleches, y se organizan talleres y conferencias relacionadas con la lactancia y la crianza.

Muchas mujeres se deciden a asistir a estas reuniones porque se encuentran con alguna dificultad en su lactancia, pero son cada vez más las que acuden cuando aún están embarazadas. Esta es una gran noticia, porque informarse durante la gestación resulta clave para prevenir problemas.

Este apoyo entre madres tiene también un gran valor psicosocial, el de poder entrar en contacto con otras madres que están en el mismo momento vital.

Duerante el puerperio, las madres se encuentran mejor si tienen el apoyo de otras mujeres

En la actualidad, con la incorporación de la mujer al trabajo y la desaparición de la vida de barrio, es un hecho que las madres han perdido la red social tradicional de apoyo y están muy solas en el posparto.

En este sentido, los grupos se convierten en un punto de encuentro de gran relevancia: no son solo un lugar al que se acude a resolver un probema, sino un espacio en el que compartir experiencias y reflexiones.

Alianzas naturales

Los grupos de apoyo a la lactancia tienen estrechos vínculos con el movimiento por el parto respetado, y constituyen un tejido por donde este movimiento ha crecido de forma natural.

De hecho, como afirma María Jesús Blázquez, socia fundadora de la Asociación Vía Láctea, “en el año 85 ya teníamos una fuerte conciencia de la importancia de respetar la fisiología del parto, pero en aquellos tiempos era un tema tabú. En cambio, la lactancia materna sí se podía nombrar, y se podía trabajar en su favor”.

Las raíces comunes de ambos movimientos es tan clara que incluso la IHAN (Iniciativa Hospital Amigo de los Niños) ha cambiado recientemente su nombre por el de Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia. Porque... ¿puede ser un hospital amigo de los niños y no serlo de las madres?

¿Dónde encontrar tu grupo más cercano?

Puedes encontrar información sobre grupos de apoyo por comunidades autónomas o dar de alta uno nuevo en la página de IHAN.

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