Lactancia: es clave que encuentres otras madres

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Amamantar es un acto de salud y bienestar, un derecho y un placer. Es un asunto de mujeres. Madre y bebé se transforman de sustancias separadas en una única y firme amalgama, la simbiosis necesaria para la primera etapa de la crianza del bebé.

Cuando se interfiere en esa simbiosis madre-criatura, aparecen las dificultades al amamantar. Esa interferencia se ha producido de una manera generalizada desde los años 50.

No fue uno sino varios los factores que, combinados, casi dieron al traste con la lactancia materna. La medicalización del parto, la separación de madres y bebés en los hospitales, las pautas rígidas de amamantamiento que se les imponía y la irrupción de las leches para bebés que vinieron a “resolver” todos los problemas así creados provocaron un clima de desconexión entre las madres y las criaturas, una perturbación generalizada de la biología del amamantamiento y la pérdida de toda una cultura ancestral en torno a él.

La recuperación del amamantamiento fue iniciativa de las mujeres y madres. La Liga de la Leche, constituida en EE. UU. en 1956, y los grupos de madres de los países nórdicos contribuyeron al reconocimiento de su importancia por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), treinta años después.

Actualmente existen miles de grupos en todo el mundo. En España, la historia de los grupos de madres comienza hace 25 años con la asociación Vía Láctea, en Aragón, la primera asociación de ayuda de madre a madre para la lactancia materna, y también la primera en editar una guía elaborada por madres, en 1997. Hoy existen cerca de doscientos grupos repartidos por todas las comunidades.

Hay una gran diversidad de grupos en cuanto a su origen y funcionamiento. El nacimiento de un nuevo grupo de madres es como el de una criatura; surge de un deseo, de un impulso afectivo y apasionado que despierta, en la mayoría de los casos, a partir de mujeres-madres que disfrutan amamantando a sus hijos y conocen las dificultades que pueden aparecer en la lactancia, a veces porque las han padecido ellas mismas y deciden, con un firme compromiso y entrega, contribuir a que desaparezcan todas esas interferencias.

Inicialmente pueden ser dos o tres personas (solo madres o madres y profesionales). En cualquier caso, siempre existe un gran entusiasmo y una dedicación desinteresada y altruista. Los grupos de apoyo vienen a sustituir a la red de mujeres con la que contaban las madres recientes en tiempos pasados, y ayudan a paliar la soledad y el aislamiento de la madre en la sociedad actual.

Las madres necesitan, además de información adecuada, compartir la crianza con otras madres para tener un sentimiento de normalidad.

Pero el gran experto en lactancia materna es el recién nacido. Es él quien sabe lo que tiene que hacer... si nada más nacer se encuentra en el hábitat adecuado: sobre el cuerpo de su madre.

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María Jesús Blázquez