Por Cristina Romero

"Nos falta empatía con los niños"

Entrevistamos a Yolanda González. Ella es psicóloga especialista en clínica de adultos. Formadora en Promoción de la salud y prevención infantil.

Autora de los libros "Amar sin miedo a malcriar. La mirada a la infancia desde el respeto, el vínculo y la empatía" (RBA) y "Educar sin miedo a escuchar" (RBA).

¿Tenemos miedo a malcriar a nuestros hijos?

Así es. Los tópicos y la presión social, es muy elevada en el tema de la crianza y educación.

En mi práctica profesional, y también durante mi maternidad, sigo escuchando con demasiada frecuencia expresiones como éstas: "No lo cojas en brazos, que se va a malcriar", "Déjale llorar, que lo hace para llamar la atención", "Si cedes, se convertirá en un tirano", entre otras muchas afirmaciones que hablan de los tópicos educativos que arrastramos a nivel intergeneracional.

"Existe un discurso social que inhibe las respuestas naturales de atención y cuidado afectivo"

Estos tópicos generalizados ejercen una presión considerable en las familias que desean criar y educar desde el respeto a las necesidades emocionales de sus peques.

Padres y educadores, quedan confundidos ante un discurso social que inhibe las respuestas naturales de atención y cuidado afectivo, por desconocimiento del desarrollo madurativo infantil.

Hay mucha ignorancia sobre las auténticas necesidades emocionales y como gestionarlas desde la salud. Es por ello que decidí escribir el primer libro "Amar sin miedo a malcriar. La mirada a la infancia desde el respeto, el vínculo y la empatía" (RBA), dirigido a padres, madres y educadores.

Pero, ¿qué es malcriar?

Hay mucha confusión en relación a este término. Mucho juicio indiscriminado que no diferencia lo que es cubrir las legítimas necesidades emocionales infantiles, de las "necesidades" consumistas de esta sociedad, que son presentadas y manipuladas por intereses comerciales y ajenos al respeto de las necesidades de la infancia.

Malcriar es llenar las lagunas afectivas que viven las criaturas de nuestro tiempo, como es la necesidad de la presencia física y emocional de los padres, con tapones compensatorios consumistas: televisión, chuches, tecnología diversa que les entretiene y malcría, aunque nos libere de acompañarles en el juego o en sus intensas demandas. Esto, es malcriar.

Dar afecto, coger en brazos, atender en llanto, escuchar profundamente sus demandas, nunca "mal-cría".

"El amor, nunca malcría ni malcriará"

Las crías humanas, como cualquier otro mamífero, necesitan sentirse seguros y atendidos en sus demandas afectivas para desarrollarse con salud y bienestar.

Los adultos también necesitamos un clima de seguridad y afecto para sentirnos seguros y con bienestar emocional. El amor, nunca malcría ni malcriará.

¿Qué es la respuesta sensible?

Desde la Teoría del apego (del psicoanalista inglés John Bowly) y de la Asociación de la que formo parte (I.A.N), se sabe que hay varios tipos de apego.

El apego se forma en la primera infancia, cuando el cuidador principal ofrece confianza y disponibilidad afectiva y para ello, es imprescindible, una serie de características.

"El niño necesita una disponibilidad emocional y física incondicional por parte del cuidador"

La más significativa, es la "respuesta sensible del cuidador", que es un organizador psíquico fundamental. Básicamente:

  • Es la capacidad de percibir las señales del bebé.
  • Interpretarlas adecuada y rápidamente.
  • Satisfacerlas.

Esto significa que, en la etapa bebé (desde el nacimiento a los dos años), y también más adelante, necesitan de una disponibilidad emocional y física incondicional por parte de la madre, el padre o cuidador principal.

Significa que el llanto de un bebé jamás debe ser desoído por miedo a "malcriar" o crear dependencia.

Nacemos dependientes, es nuestra característica más sobresaliente de nuestra especie, en la primera infancia.

El llanto debe atenderse siempre, por ser el lenguaje emocional de que disponen los bebés para comunicarse con el exterior, del que dependen totalmente para la supervivencia física y emocional.

El llanto, es una llamada de atención, en toda su extensión: "te necesito, ayúdame". Jamás deberíamos ignorar una demanda tan instintiva en un ser tan vulnerable como es un bebé.

¿Escuchamos suficiente a nuestros hijos?

Vivimos en una sociedad muy estresada. Tenemos ocupado todo el día por trabajo y actividades diversas, que nos lleva a estar dispersos, intentando llegar a todo. Y cuándo aparecen los hijos, el mundo se para. Todo cambia.

"Vemos a los niños como adultos en miniatura y nos enfadamos si no nos entienden o no nos obedecen"

Los bebés y los niños pequeños no entienden nuestras prisas. Ellos están en su mundo, no porque sean egoístas, sino porque son inmaduros y están aprendiendo a vivir. Su mundo y el nuestro, no tienen nada que ver, sin embargo, los vemos como adultos en miniatura y nos enfadamos si "no nos entienden o si no nos obedecen".

Para escuchar, hay que parar. Hay que empatizar y ponerse en el lugar del otro, en este caso una criatura que se está formando y que percibe y siente las cosas de una forma totalmente diferente a la nuestra.

Sin embargo, al desconocer como perciben y sienten, les tratamos y esperamos de ellos, lo que no corresponde por su proceso madurativo. Y ahí, sufrimos todos. Los adultos porque se desesperan, los pequeños porque no se sienten entendidos y por tanto respetados.

Pero es difícil una crianza contracorriente... ¿hasta qué punto necesitamos reunirnos con otras madres y padres en similar sintonía?

Si la sociedad fuera consciente de la responsabilidad de traer un hijo a este mundo, la formación previa a tener un hijo sería tan necesaria como cualquier aprendizaje en el ámbito profesional.

¿Cómo es posible que tengamos un hijo, sin que nadie nos ayude a comprender cuál es su proceso de formación emocional?

Si hubiera preparaciones adecuadas a la maternidad/paternidad, se evitaría mucho sufrimiento estéril en la primera infancia.

Superaríamos los patrones educativos transgeneracionales, que reproducen modelos educativos poco saludables. Habría una reflexión profunda, sobre el modelo de sociedad que queremos legar a nuestros hijos.

"Si hubiera preparaciones adecuadas a la maternidad/paternidad, se evitaría mucho sufrimiento"

Es decir, a nivel social y político, la prioridad sería favorecer una infancia sana, porque son el futuro de la humanidad, tal y como defendía Wilhelm Reich ya en los años 50, pionero en el parto natural y defensor de los derechos de la infancia.

Pero los intereses políticos, siempre miran hacia otro lado y la sociedad avanza muy lentamente en la comprensión y respeto de estos procesos emocionales infantiles, claves para el desarrollo de la salud integral.

Por tanto, las madres y los padres necesitan encontrar espacios de reflexión y crítica, donde desarrollar una mirada profunda y saludable a la primera infancia.

Se debería desarrollar esta consciencia y la idea de continuum durante los procesos madurativos de toda la primera infancia: grupos de embarazo consciente que favorezcan el parto natural, grupos de crianza y lactancia, grupos de madres y padres en todas las franjas de edad. Esa es mi práctica profesional, desde hace 25 años.

Todos queremos lo mejor para nuestros hijos, pero en momentos de estrés tenemos reacciones poco adecuadas con ellos...

Efectivamente. La prisa, el estrés, el cansancio y sobre todo el desconocimiento, son interferencias serias en la relación con los que más queremos.

Por eso mismo, los grupos de madres/padres, con una orientación profunda y crítica dónde existe un cuestionamiento de nuestra percepción y reacción, son muy necesarios.

No me refiero a los grupos de padres convencionales donde se dan charlas. Sino en los grupos, dónde los padres intuyen que les falta desarrollar la empatía y reconocen el desconocimiento de los procesos emocionales de la primera infancia.

Cuando no nos gusta lo que nuestro hijo hace ¿que podemos hacer si no queremos castigarle o caer en las broncas?

Este, es uno de los temas de los grupos de padres y madres, dónde existe consciencia. Lo habitual, es considerar que el niño, tiene que obedecer y punto. Tanto en casa o en la escuela.

Es una tradición transmitida del modelo autoritario que no se detiene a reflexionar sobre "el por qué" es decir la causa de una conducta y lo que quiere es simplemente "educar", moldear a la criatura según su criterio.

Pero... ¿Es adecuado y sano su criterio de obediencia incuestionable? ¿Respeta el momento evolutivo de la criatura? ¿Genera confianza o miedo?

"El castigo genera humillación, sentimiento de culpa, rabia, odio..."

Si queremos potenciar vínculos seguros, niños razonables, los adultos somos los primeros que debemos ser razonables.

El castigo, se ha corroborado en multitud de investigaciones, genera humillación, sentimiento de culpa, además de sentimientos de rabia/odio, etc. y no es en absoluto educativo.

Los castigos duros o blandos son reflejo de la impotencia de un adulto para gestionar adecuadamente una situación. No digo que sea fácil. Máxime con la educación recibida y la falta de formación adecuada.

Pero es posible interactuar con la primera infancia sin castigos ni broncas innecesarias.

Cuéntanos cómo...

Lo primero y antes de nada, siendo conscientes de nuestra tendencia a caer en "acción-reacción". Esto, también nos ocurre en la interacción con el adulto. Ante un hecho, reaccionamos inmediatamente, desde nuestra niña herida, que se siente no tenida en cuenta, o no vista, por ejemplo.

"Todas las criaturas tienen sus motivaciones para actuar de una forma concreta"

Y ahí comienza la batalla entre la criatura que se está formando y aprendiendo a conocer el mundo y el adulto que reacciona impulsivamente para corregir "lo que no le gusta". ¿Dónde está ahí, la reflexión, la comprensión, la empatía? Sólo hay acción, respuesta inmediata.

Todas las criaturas tienen sus motivaciones para actuar de una forma concreta aunque no lo entendamos. Los que tienen un nivel de salud emocional, lo hacen desde el momento evolutivo en que se encuentran, que no es el nuestro.

Los que actúan y reaccionan con agresividad, no escuchan, etc... están demandando ayuda pues se han desviado del funcionamiento natural.

En ambos casos, el castigo no tiene sentido, pues agudiza el problema, la incomprensión y soledad de quién lo sufre. Pero cada caso es un mundo. Y la interacción con la pequeña infancia, un arte.

Al menos, hay que empezar con la reflexión, con tratar de entender qué ha pasado en función de la edad madurativa y evitar reacciones adversas pues somos el modelo en quién se miran para aprender.

En la actualidad, se habla del acompañamiento respetuoso ¿Podrías comentarnos en que consiste?

Es una concepción de la crianza y la educación en la que se conoce, observa y respeta el funcionamiento natural infantil que está en continua evolución. Significa, no adiestrar ni conducir según patrones educativos que reflejan la máxima jerárquica del "yo sé, tú no sabes".

Significa, aceptar y cuestionar nuestro propio modelo educativo para mirar a la infancia desde el acompañamiento a sus procesos madurativos, sin dirigirlos ni forzarlos desde el exterior.

¿Significa "dejarles hacer todo"?

En absoluto. Hay una gran confusión al respecto. Hay modas educativas que oscilan desde el modelo del autoritarismo convencional a la permisividad total. La línea educativa que propongo, siempre es el camino del medio.

Esto significa estar presente emocionalmente, saber escuchar, respetar y conocer los procesos y solo finalmente, saber poner límites.

Pero para poner límites, expresión demasiado utilizada ante cualquier conflicto, hay que saber "cuándo, cómo y por qué". No podemos hablar de límites antes de los 2 años, con el clásico NO.

"La primera infancia, es la base de la personalidad adulta"

Existen otros límites igual de eficaces que no confrontan a un bebé que no comprende lo que se le está negando. Es más inteligente, a partir de los tres/cuatro años, hacer acuerdos que caer en prohibiciones típicas con el No.

Nuevamente es un arte, que se puede desarrollar. Si queremos que nuestros hijos/alumnos, sean más sanos y felices, tenemos que cambiar la mirada a la primera infancia.

Ellos son y necesitan amor incondicional para desarrollarse adecuadamente, y para ello, es fundamental que la familia, la escuela y la sociedad, caminen coherentemente hacia una mayor escucha, empatía y respeto a los procesos emocionales infantiles.

No olvidemos que la primera infancia, es la base de la personalidad adulta. Los niños, son el futuro de la humanidad. Humanicemos nuestra mirada a la infancia, desde el conocimiento y respeto a sus necesidades emocionales, porque es la única esperanza que tenemos para legarles un mundo más sano y solidario que el actual.

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