Por el Dr. Luis Ruiz

Otros retos con la llegada del segundo hijo

Hay una diferencia muy grande entre el primer hijo y el segundo.

La experiencia es un grado y eso se nota, aunque también es cierto que cada niño es único y especial, y el día a día es un poco más complicado, al menos al principio.

la experiencia nos da tranquilidad

Cuando tenemos el segundo hijo, muchas de las angustias que pasamos con el primero no se reproducen. Ya sabemos cómo manejarlo y lo recibimos sin ese temor a que se rompa en nuestras manos como nos ocurrió con el primero.

Cambiarlo nos parece facilísimo. Le damos de mamar y ya no nos asaltan esas dudas: que si tendré suficiente leche, que si le alimentará, etc. Son dudas normales que surgen con el primer bebé, pero que gracias a la experiencia de una larga lactancia, con los segundos no nos preocupan.

Ya sabemos que los primeros días es natural que pida pecho a demanda, y como tras el parto nos pusieron al bebé piel con pielnada más nacer, parece que aprendió él solito a mamar. Así que, seguramente, los dolores y las lesiones no aparecen en el pecho.

Con el segundo hijo, muchas inseguridades y angustias que pasamos con el primero no se reproducen

Y además ya sabemos que, si molesta lo más mínimo, hemos de buscar ayuda en el grupo de madres con el que compartimos la lactancia del primero. También sabemos distinguir si los pañales están mojados y con ello nos tranquilizamos, sabemos que está comiendo suficiente.

Todas estas situaciones las abordamos con la tranquilidad que nos da la experiencia. Sin embargo, cuando tenemos al segundo bebé, aparecen nuevas dificultades, que al igual que con el primero tendremos que ir superando.

Su primera vez

A pesar de que ya hayas dado el pecho anteriormente, hay que pensar que el recién nacido es la primera vez que mama y tú es la primera vez que das de mamar a este bebé, con lo que ambos tendréis que aprender de nuevo.

Existe una nueva dificultad: una hermanita o hermanito que reclama tus atenciones y tu tiempo

Hay que darle tiempo a él y también a ti, para conocerlo y descubrir cuáles son sus señales de hambre, sueño...

Pero en ese proceso de aprendizaje, que aparentemente debería ser más relajado, existe una nueva dificultad: una hermanita o hermanito que reclama tus atenciones y tu tiempo, tal y como hacía antes de la llegada del bebé.

Cambios para el mayor

Dependiendo de la edad, los problemas que se pueden generar son diferentes.

No hay que olvidar que para el mayor va a ser una época de grandes cambios y ajustes, y es fácil que, de alguna manera, se manifiesten:

  • Quizá algunos que ya controlaban los esfínteres vuelvan a hacerse pipí encima.
  • Se nieguen a ir a la guardería.
  • Vuelvan a vuestra cama, si ya la habían dejado
  • O estén todo el día encima tuyo y del bebé sin dejar que nadie se os acerque.

Es normal. En el mejor de los casos, el mayor va a querer ayudar. Así, algunos cuidados básicos se complican cuando él quiere vestirlo, cambiarle los pañales o bañarlo con su muñecos.

La paciencia, la mayor virtud

Con el segundo hijo, la paciencia es una súper virtud. Se trata de tomarse las cosas con toda la calma del mundo.

De lo contrario, en estos momentos, es fácil que reaparezca esa sensación de no tener tiempo de nada, de sentirse desbordada, de no llegar a todo y de cansancio extremo que ya vivisteis con el primer hijo, aunque las causas sean diferentes.

El consejo de “duerme cuando él duerma” no es viable en estos casos. La organización de las tareas de la casa, la ayuda de la familia y el papel del padre para atender, cuidar, jugarcon el primer hijo serán claves para que todos, padres e hijos, logren disfrutar del nuevo hermanito.

El papel del padre para atender, cuidar, jugar con el primer hijo serán claves

Otro aspecto importante a tener en cuenta es que el nuevo recién nacido en realidad está en contacto con virus propios de la guardería desde el día que nace, a través de su hermanito.

Aunque el bebé esté todo el día con su madre sin apenas salir a la calle, su hermano mayor está trayéndole a casa los virus que rondan por el colegio o entre los niños con los que juega en el parque.

Menos defensas

Como estos virus llegan a una edad más temprana al bebé, las defensas que la madre le ha pasado a través del cordón umbilical y las que le llegan con la leche materna se agotan antes, por esta razón se inician los cuadros catarrales con mocos desde muy pronto.

Así, en los segundos o terceros hijos, los estornudos, la tos y los mocos son más frecuentes que en los primeros, y padecen complicaciones como otitis y bronquiolitis más a menudo. ¡Aun sin salir de casa!

Como estos virus llegan a una edad más temprana al bebé, la tos, los mocos, otitis y bronquiolitis son más frecuentes

Es importante saber que estos procesos pueden ser una dificultad añadida a la lactancia. Por suerte son banales, requieren atención y vigilancia pero, por lo general, se resuelven por sí mismos lavando la nariz, quitando los mocos y, si es necesario, con algún antitérmico.

También hay que vigilar que los catarros no se compliquen y saber qué hacer y en qué momento acudir al pediatra.

Inevitables comparaciones

Desde luego, la experiencia es una ventaja, pero a veces también puede ser un hándicap, ya que, sin pretenderlo, esperamos que sea igual a la del hijo mayor, cuando en realidad son dos personas distintas y la situación en la que nacen y las relaciones familiares también lo son.

La madre es algo más mayor, con más experiencia, sí, pero quizá también se cansa más. No es lo mismo uno que dos.

Los padres siempre hacemos comparaciones, especialmente con el peso y el crecimiento. Con el segundo tenemos la larga lista de números de las revisiones mensuales con pesos y tallas del anterior.

Lo que en el primero eran preocupaciones por los percentiles, en el segundo son preocupaciones porque no llega al nivel de su hermana/o o lo pasa.

La hora de dormir

Comparamos también mucho respecto al sueño. Algunos padres piensan que como el primero fue muy tranquilo y dormía mucho, todos van a ser iguales.

Es posible que así sea, pero el segundo bebé tiene un elemento más en casa: el hermano mayor, que quizá lo despierte con sus voces y juegos.

Además, tener catarros y molestias respiratorias o en el oído desde una edad más temprana le puede causar frecuentemente irritabilidad y problemas para dormir.

Aunque más adelante, la opción de compartir cama y habitación con el hermano mayor será un estímulo de mucha ayuda para ambos.

Juntos disfrutarán de una mayor autonomía que cuando solo hay un hijo, con lo que la crianza es más descansada

También es bueno saber que llega un momento en que este exceso de trabajo inicial se compensa. Cuando el pequeño empiece a crecer, contará con algo con el que el mayor no contaba: un igual, un compañero de juegos, alguien a quien seguir e imitar, con quien dormir...

Y, en el momento que esto suceda, juntos disfrutarán de una mayor autonomía que cuando solo hay un hijo, y entonces la crianza será más descansada.

Cuándo hay que acudir al médico

Siempre hay que estar expectante con los bebés y, si hay un hermano mayor, aún más. Los problemas más habituales son:

  • Fiebre: en un recién nacido siempre es motivo para ir al médico sin demora. Cuando es un lactante y no hay otros síntomas, como los cuadros suelen ser banales, se puede administrar antitérmicos y ver qué pasa.
  • Manchas en la piel: cuando en un bebé o niño a la fiebre se le unen manchas en la piel que no desaparecen al presionarlas, hay que acudir a Urgencias.
  • Dificultad respiratoria: si no se debe a que el bebé tenga mocos y le cueste respirar, sino que se le marcan las costillas y tiene una frecuencia respiratoria (número de veces que respira en un minuto) por encima de 40, en esos casos hay que ir al hospital de inmediato
  • Vómitos: la fiebre y los vómitos continuados son otro motivo para acudir a Urgencias. En cambio, no hay que alarmarse si se trata de un vómito aislado acompañando a la tos o provocado por la presencia de mocos nasales. Pero si se trata de un episodio que se repite y sin causa aparente, es razón para consultar sin más al médico.
  • Rechazo de la comida o a mamar en el lactante: puede estar relacionado con la mucosidad nasal que suelen tener estos segundos hijos desde temprana edad. Pero si persistiese el rechazo a mamar, es un motivo para acudir al pediatra.

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