Por una crianza más ecológica

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Es relativamente fácil entender el concepto de alimentación o cosmética ecológica como aquella que respeta el medio ambiente, que solo utiliza productos/ingredientes naturales y que está libre de tóxicos siguiendo una normativa. En cambio, no sucede lo mismo si hablamos de un concepto tan amplio y ambiguo como es la “crianza ecológica”.

¿En qué consiste?

¿Es aquella en la que los niños se crían en el campo y se suben a los árboles? ¿O la de “hippies” que lavan pañales de tela y portean a sus bebés? ¿La crianza ancestral era eco y la actual no? Evidentemente, no existe un sello ni un certificado oficial que determine cómo criamos a nuestros hijos, pero podemos establecer algunos criterios para definir y comprender mejor el mundo de la eco-crianza. Entre otros: consumimos potitos ecológicos, cremas certificadas de caléndula y portabebés prestados, pero esta parte eco es secundaria y superficial.

Acompañar a los niños en su crecimiento es el papel principal de la crianza natural, respetando sus necesidades y con el objetivo de que se conviertan en adultos sanos y felices. En este sentido, la sociedad actual, tan materialista y que tan poco protege el comienzo de la vida (bajas de maternidad-paternidad insuficientes, falta de conciliación real…), está lejos de una crianza ecológica.

Nuestros bebés necesitan afecto y contacto continuo para gozar de buena salud, física y emocional. Por tanto, amor incondicional, presencia, tiempo, apego seguro, conciencia y ecología deben ir de la mano.

¿Qué comen los bebés?

Vuelta a la teta

A finales del siglo XX la lactancia materna casi había desaparecido en los países desarrollados, algo comparable a un grave proceso de deforestación o de deterioro de la naturaleza por causas humanas, y por tanto la recuperación de la alimentación -y contacto- natural de la especie humana (y su integración, facilitación y respeto social) debería ser uno de los pilares en cualquier ecologismo.

Comida casera

En las estanterías de los supermercados, la “nutrición infantil” se compone de latas, botes y cajas, no se ve comida fresca por ningún lado.

Como respuesta a esta artificialidad (alimentos altamente refinados, azucarados y envasados), está surgiendo con fuerza la tendencia del Baby Led Weaning (alimentación complementaria a demanda) o la dieta de nuestras antepasadas, que prescinde de papillas y opta por lo casero y compartir el puchero familiar, comida en pedacitos adaptada a la edad de los bebés (arroz, zanahorias machacadas…).

Los niños se crían en comunidad

Sí, así es, no hay otra. La crianza en solitario a la que muchos se ven abocados, aislados en apartamentos de grandes urbes, sin el contacto, el apoyo y la escucha de una “tribu” tampoco es ni ecológica, ni saludable. A falta de familias extensas con más madres puérperas que conviven y comparten la experiencia, en el mundo moderno existen redes de ayuda, grupos de lactancia o crianza, o comunidades de “iguales” con las que criar en compañía y arropados. Es muy gratificante poder compartir experiencias, ilusiones, miedos... con personas que están pasando por tu mismo momento vital.

3 ideas para cuidar y disfrutar de la naturaleza

1. Pañales de tela

Han vuelto a funcionar como una forma de consumo más sostenible, pero en gran parte de Asia, África rural y América del Sur no se usa ningún tipo de pañal, sino que dominan la técnica de la “comunicación de la evacuación” o “higiene natural del bebé” y reconocen en sus bebés la necesidad de orinar o defecar, igual que saben cuándo tienen hambre o sueño.

2. Cero residuos

Este movimiento a nivel mundial propone el modelo de las 5 “R”, que consiste en rechazar, reducir, reutilizar, reciclar y compostar (del inglés, refuse, reduce, reuse, recycle and rot). En este sentido, hablaríamos de compartir juguetes, ropa, libros, como se ha hecho durante siglos. Son otros conceptos asociados a este punto:

  • Simplificar la crianza
  • Economizar y huir del hiperconsumismo
  • Huir de la hiperestimulación de los niños
  • Elegir productos ecológicos
  • Potenciar la ayuda mutua o el intercambio

3. Jugar al aire libre

Cada vez son más los estudios que relacionan el contacto con la naturaleza con menores niveles de estrés y mejores índices fisiológicos. Esto también se aplica a los niños, porque la infancia actual vive encerrada en edificios y tan alejada de la madre tierra que está perdiendo conocimientos sobre nuestro entorno y adquiriendo fobia a lo no industrial (a mancharse, a caerse).

Destacamos aquí las experiencias de escuelas-bosques o alternativas en el centro y norte de Europa, en las que los alumnos aprenden en la naturaleza, más allá de techos y sillas.

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María del Mar Jiménez