Por Anna Maria Obradors

Si queremos que coma de todo (o casi)

Exceptuando las enfermedades, la “falta” de sueño y de apetito es la principal cuestión que los padres plantean en las consultas de pediatría. Pero el apetito de los niños, igual que el de los adultos, puede variar sin ser producto de ningún trastorno.

En la mayoría de ocasiones, se regulariza solo o realizando pequeños cambios en los hábitos alimentarios o culinarios. En cambio, si la inapetencia va asociada a otros signos, se debe consultar al pediatra.

Nuestro ejemplo

Enseñar a los hijos a comer saludablemente puede ser una tarea ardua, pero no es algo imposible si actuamos con paciencia y cariño.

La alimentación no puede ser nunca un premio o un castigo, sino formar parte de un hábito normal, como la higiene o el estudio.

Los primeros en dar ejemplo deben ser los propios padres: un niño nunca pedirá pescado o verdura si papá o mamá no los comen o los rechazan.

Es importante tener en mente que la hora de la comida es un momento de encuentro familiar, de diálogo. Tiene que ser agradable, no podemos ir con prisas ni reprimendas.

Un niño nunca pedirá pescado o verdura si papá o mamá no los comen o los rechazan

Es normal que el niño coja la comida con los dedos o que la sopa se caiga de la cuchara: solo puede descubrir sus habilidades probando y ensuciándose.

Si le damos la comida, quizá iremos más deprisa, comerá más y se ensuciará menos, pero ¿es ese nuestro objetivo?

Algunas claves pueden resultar de ayuda

1. Comprar y cocinar juntos

Es una forma lúdica de compartir y aprender. Ir juntos a hacer la compra de los alimentos que cocinaremos luego puede ser divertido para ellos.

Podemos mezclar alimentos que le gustan con otros que no le gustan tanto, como la pasta con verduras o hacer una pizza casera con nuevos ingredientes.

Cocinar juntos y comer lo que uno mismo ha preparado hace más apetitosas las comidas, incluso las que no nos atraen demasiado.

2. No engañar

Es mejor que coma poca cantidad de un alimento que crear un ambiente de desconfianza cada vez que nos sentamos en la mesa. Tampoco es prudente cambiar de menú sobre la marcha constantemente. Si hoy come menos, mañana ya comerá más.

3. Ir con cuidado con las cantidades

Las raciones tienen que ser adecuadas a su edad. Un niño no puede comer las mismas cantidades que un adulto.

4. Variar las preparaciones

No cocinemos el mismo alimento siempre de la misma manera, puede no gustarle nada hecho de una forma y de otra, en cambio, que se lo coma bien. ¡En la variedad está el gusto!

5. Ser cariñosos y positivos

No es bueno comentar, y menos ante él, lo difícil que es “que coma bien”. Todos hemos hecho este camino con más o menos dificultades.

6. Evitar la comida basura entre comidas

Bollería, dulces, snaks... no le aportan los nutrientes necesarios y disminuyen su apetito.

7. Interactuar y divertirnos

Mientras nos sentamos a la mesa para comer juntos, podemos inventar historias y cuentos sobre los alimentos o explicarle qué nutrientes aporta cada alimento y para qué es beneficioso. Siempre será mejor que comer viendo la tele.

Cuándo Debo preocuparme

En alguna ocasión, la falta de apetito sí puede ser un síntoma de enfermedad. Si va acompañada de fiebre persistente, diarreas, vómitos, decaimiento, tristeza o irritabilidad, es mejor consultar al médico.

Si la falta de apetito va acompañada de fiebre, diarreas, vómitos, decaimiento o irritabilidad debemos consultar al pediatra

Si provoca pérdida de peso, o el niño mantiene el mismo peso varios meses aunque no tenga ningún otro síntoma, también es recomendable acudir al pediatra.

Pero por lo general, a todos nos ocurre que pasamos épocas en las que no tenemos tanto apetito uno es necesario darle mayor importancia.

Tags relacionados