Por Tomás Álvaro

Flora intestinal madre

El sistema inmune (SI) desarrolla un papel fundamental en nuestra salud. Constituye un auténtico cerebro periférico compuesto por linfocitos que actúan como neuronas ambulantes, recogiendo información y actuando a nivel local en cualquier rincón del organismo.

Transita de forma permanente por el sistema circulatorio y no deja un solo milímetro de nuestro ser descuidado, desde antes de nacer y hasta la muerte, confiriendo la integridad que se obtiene a través de la capacidad de reconocimiento.

La flora intestinal en el recién nacido

El desarrollo normal del sistema inmune (SI) durante el embarazo dota de la capacidad de defensa a la persona. Durante toda la gestación se desarrollan sus principales estructuras anatómicas y cada tipo de célula que lo compone.

Un hito fundamental en el desarrollo del SI corresponde al momento del parto. Es diferente si lo que tiene lugar es un parto natural o bien una cesárea a la hora de poner en marcha dicha capacidad.

En el proceso de maduración, el tubo digestivo desempeña un papel primordial, ya que hasta el momento del parto es estéril, pero experimentará una colonización masiva durante el paso del bebé a través del canal del parto.

Allí recogerá la flora bacteriana vaginal e intestinal de la madre, que determinará su propio tipo de flora bacteriana gastrointestinal, necesaria para el correcto funcionamiento del aparato digestivo y muy especialmente para la maduración inmunitaria.

Cuando el parto es por cesárea

El proceso queda afectado en caso de parto por cesárea, ya que entonces los primeros microorganismos con los que el bebé tendrá contacto no será con los de su madre, sino con el ambiente de quirófano, el instrumental que se utilice en su cuidado, el personal sanitario que lo asista y por el tratamiento médico recibido, especialmente antibiótico.

Están en la raíz del asombroso aumento de alteraciones del sistema inmune:

  • el modo de alumbramiento (natural o por cesárea)
  • la disminución de lactancia materna
  • la influencia del ambiente y las estrictas condiciones de higiene en el hogar adoptadas en los países occidentales

Como consecuencia, procesos alérgicos y autoinmunes, enfermedades inflamatorias y cáncer, acompañan el estilo de vida occidental.

si el bebé es prematuro

El infortunio se ceba especialmente en algunas condiciones, como cuando el nacimiento no puede llegar a término. En niños prematuros se produce un retraso en la implantación de la flora bacteriana intestinal.

Ello se debe a que además de su bajo peso y su propio retraso madurativo, se suma el que habitualmente nazcan por cesárea, estén separados de su madre, no reciban lactancia materna, y estén en un ambiente rigurosamente aséptico y sometidos a multitud de instrumentaciones, tratamientos y antibioticoterapia.

Cualquier tipo de estrés prenatal se asocia a parto prematuro y bajo peso al nacer. La situación afecta al SI a lo largo de todas las etapas de la vida.

En niños prematuros se produce un retraso en la implantación de la flora bacteriana intestinal

En la infancia y la adolescencia de estas personas disminuye la respuesta vacunal. En el adulto aumentan los niveles de cortisol y en el anciano se observa un incremento de alteraciones metabólicas y cardiovasculares.

Es decir, que el estrés prenatal y en la vida temprana produce un importante impacto sobre la fisiología y función inmunes, que serán determinantes del estado de salud y enfermedad del individuo ya para toda la vida.

El sistema inmune también mama

Existen importantes diferencias en la flora intestinal según el tipo de lactancia recibida. Y ello se correlaciona fuertemente con el tipo de maduración inmunitaria del bebé.

Por un lado el neonato recibe protección pasiva de los factores de defensa presentes en la leche materna. Pero además, la colonización bacteriana del intestino del niño, ligada a la flora bacteriana de la madre, representa el estímulo madurativo activo que adquiere una importancia principal.

Es por ello que debe ser objeto de atención a lo largo de todo el embarazo, y especialmente alrededor del momento del parto y el periodo perinatal, así como durante todo el tiempo que dure la lactancia.

El fallo del proceso en relación con el uso creciente de fórmulas infantiles, tendrá una repercusión inmediata en forma de infecciones recidivantes, enfermedades inflamatorias y alergias, como la enfermedad atópica. Ello se debe a una flora bacteriana con una cantidad menor de lactobacilos y bífidobacterias en el intestino de los niños alérgicos.

Lass leches de fórmula no llevan flora bacteriana, por lo que propician una colonización microbiana intestinal insuficiente

Y más adelante, a lo largo de toda la vida de la persona, aparecerá un número mayor de procesos inflamatorios ligados a enfermedades cardiovasculares y metabólicas, así como un riesgo incrementado de cáncer en la vida adulta.

Cuando la lactancia se hace con leches maternizadas, se pierde el estímulo óptimo de estimulación inmunitaria. Estas leches han sido tratadas y pasteurizadas y no llevan flora bacteriana alguna, por lo que propician una colonización microbiana intestinal insuficiente.

La lactancia materna representa no solo un estímulo inmunitario y contribuye a la formación de la flora del bebé, sino que también actúa como estimulante del nivel cognitivo del niño, y es capaz de incrementar su coeficiente intelectual e inteligencia verbal en la infancia tardía y adolescencia.

infecciones de la infancia

En la biología como en la vida, pocas cosas ocurren al azar o carecen de sentido. Las infecciones bacterianas ocasionales de la infancia, especialmente las intestinales, esas diarreas y molestias a veces tan inoportunas, también tienen su función.

Esa inflamación gastrointestinal posee la capacidad de estimular la inmunidad, lo que se acompañará de una serie de beneficios adicionales para toda la vida.

Incluyen la composición de la flora bacteriana y la incidencia de enfermedades relacionadas con la inmunidad, ya sea por exceso (alergias, autoinmunidad) o por defecto (inmunodepresión, infecciones y cáncer).

La exposición bacteriana aumenta la eficiencia de las células que regulan el funcionamiento del sistema inmune

Tal y como ha sido probado, la exposición bacteriana infantil aumenta la eficiencia de las células capaces de regular un correcto funcionamiento del sistema inmune, incluyendo la protección para desarrollar tumores en la vida adulta.

Y todavía más, la transferencia de dichas células de una persona con un sistema inmune correctamente “educado” a través de dichas infecciones gastrointestinales de la infancia representa hoy una promesa terapéutica.

Esas células donadas se han mostrado capaces de suprimir los cambios inflamatorios, restaurar el equilibrio inmunitario y prevenir la proliferación tumoral en el receptor enfermo de cáncer.

y la hipótesis de la higiene

Esta es la conocida hipótesis de la higiene, que cobra su fuerza de la acumulación de datos que muestran mayor incidencia de alergias conforme disminuyen el número de infecciones comunes de la vida temprana.

Comienza en el momento del parto con las bacterias comensales y saprofitas de la madre, sigue con la lactancia y continúa con el entorno, ayudando a la maduración de esas células capaces de hacer eficaz el proceso inmunitario.

Saber que la maduración y puesta a punto del sistema continuará durante toda la vida, quizás permita relajar en la infancia la excesiva obsesión por una higiene excesiva, el tratamiento antibiótico y la administración de algunas vacunas.

Y más adelante prestar especial atención al estilo de vida, evitando en lo posible la exposición a tóxicos y las situaciones de estrés, y propiciando unos buenos cuidados del SI a través de la alimentación, el ejercicio físico y el cultivo adecuado de la esfera afectiva y la alegría.

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