Artrosis

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¿Qué es la artrosis y por qué se produce?

La artrosis es una degeneración crónica del cartílago, que se encuentra en las articulaciones y evita el roce de los huesos. Al irse desgastando, se pierde flexibilidad en la articulación y los huesos se rozan unos con otros, lo que resulta muy doloroso.

Las zonas a las que afecta más frecuentemente la artrosis son las manos, las rodillas, las caderas, la columna o los pies: las articulaciones que trabajan con más frecuencia.

Y es que el factor fundamental que produce artrosis es el desgaste, por eso es muy habitual en la vejez, o entre personas que han realizado muchos esfuerzos articulares: aquellas con trabajos repetitivos o deportistas de élite.

¿Cómo se diagnostica?

A diferencia de la artritis, donde al haber una causa autoinmune o infecciosa las analíticas pueden ayudarnos a detectar la enfermedad, en el caso de la artrosis son los síntomas articulares la clave para diagnosticarla.

En algunos casos pueden realizarse también pruebas radiológicas, aunque suele ser suficiente con la exploración física por parte del médico y el cuadro clínico que describe el paciente.

¿Cómo se diferencia de la artritis?

En la artritis, aunque las afectadas sean las articulaciones, la enfermedad afecta a un nivel más general. Tanto si se trata de una artritis reumatoide como de una infecciosa, es habitual mostrar fiebre o cansancio, debidos a la reacción del sistema inmune ante la enfermedad.

La artrosis se limita a presentar dolor articular. Además, este es distinto del de la artritis: mejora al tener la articulación en reposo, en lugar de mantenerse permanente. Si en la artritis las articulaciones se mostraban hinchadas, enrojecidas o calientes, en el caso de la artrosis no se da ninguno de estos síntomas, pero sí es frecuente oír crujidos al moverse.

¿Hay tratamiento para la artrosis?

Se trata de una degeneración, por lo que no tiene cura. Sin embargo, sí se puede trabajar para prevenirla y para, una vez que la padecemos, frenar el daño en la articulación y disminuir el dolor: mediante reposo, ejercicio suave, y, sobre todo, evitando la obesidad, que multiplica el esfuerzo que deben realizar las articulaciones en cada movimiento.

Si el cuadro es muy doloroso, se pueden tomar analgésicos o antiinflamatorios que reduzcan el síntoma. Debe prescribirlo un médico.

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