luxaciones

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Un hueso dislocado o una luxación provoca una aparatosa situación que genera mucho dolor en quien lo sufre y bastante angustia, tanto en quien lo sufre como en la gente que le rodea. Aunque no hay más remedio que acudir a urgencias de inmediato, conviene saber cómo actuar hasta que nos atiende un médico.

¿Cómo se produce una luxación?

Los huesos están perfectamente colocados y conectados en las articulaciones gracias a la acción de soporte de varias estructuras, principalmente de los ligamentos y de los músculos.

Cuando hay un golpe fuerte o una mala caída, pueden salirse de su sitio y no volver a su origen. Pero no siempre un traumatismo intenso es el causante, hay gente que nace con los ligamentos más flexibles y cualquier movimiento puede hacer que el hueso abandone su posición habitual.

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Los músculos, al servir también de sujeción, deben ser robustos y fuertes, por eso, quienes tienen menor masa muscular, son más propensos a este tipo de lesiones, como ocurre en las mujeres y en los ancianos.

¿Qué huesos pueden dislocarse?

Todas las articulaciones son susceptibles, pero lo habitual es que las más grandes sean las más frecuentemente afectadas, sobre todo los hombros, pero también las rodillas, los tobillos, los codos y las caderas (estas últimas, suelen lesionarse en los accidentes de tráfico al impactar la rodilla con el salpicadero del coche).

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Las articulaciones menores son menos frecuentes pero no es raro que los dedos de las manos y de los pies se luxen, sobre todo en deportistas por golpes con balones o caídas.

¿Cómo sé que se trata de una dislocación?

El dolor es muy intenso y aparece de forma brusca y repentina justo tras el impacto o el “mal movimiento”. Hay síntomas que pueden hacer que en un primer momento haya dudas entre fractura o luxación y el especialista es el indicado para hacer el diagnóstico correcto.

  • La zona se deforma completamente, como si los huesos “se hubiesen salido de su sitio”. Aunque el dolor inicial puede disminuir un poco, es imposible mover la parte luxada y, si se hace, el dolor empeora nuevamente como al principio.

¿Qué puedo hacer?

Ir a un Servicio de Urgencias cuanto antes es la mejor opción ya que, después de la media hora de haberse producido la lesión, empiezan a aparecer contracturas musculares que dificultan el tratamiento.

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  • Mientras se acude al médico, hay que intentar no mover la articulación. Aunque la inmovilización disminuye el dolor, el hielo es un buen remedio que contribuye a su alivio, aparte de disminuir la inflamación.

Aplicar una bolsa de hielo reduce el dolor y la inflamación

Los analgésicos habituales, como el paracetamol, y los antiinflamatorios tipo Ibuprofeno, pueden tomarse para mitigar las molestias.

Lo que no hay que hacer

Mucha gente intenta mover el hueso para que vuelva a su sitio pero no debe hacerse en ningún caso, ya que podría provocar lesiones en otras zonas cercanas (ligamentos, músculos, vasos, nervios…), complicando después el tratamiento y la recuperación.

¿Y si el hueso se coloca por sí mismo?

A veces, al intentar adoptar una posición determinada, aunque sea de forma inconsciente, el hueso entra nuevamente en la articulación de la que se salió. En este caso, también debe consultarse con el médico para que sea él quien determine si ha vuelto a su lugar de manera correcta, y asegurarse de que no hay ninguna lesión añadida.

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En cualquier caso, ya sea el médico o un movimiento determinado el que reduzca o coloque el hueso luxado, y una vez descartada otra patología adicional, el reposo suele ser la opción indicada durante unas semanas, para después iniciar una rehabilitación que permita recuperar el movimiento y fortalecer la zona para que no vuelva a salirse.

Hay casos más graves (no son los más habituales) que necesitan de una intervención quirúrgica para corregir la inestabilidad articular o tratar daños adicionales, sobre todo en quienes sufren luxaciones con frecuencia en el primer caso, y en aparatosas caídas en el segundo.