Los medicamentos que Harvard desaconseja por riesgo de demencia

Hay dos clases de medicamentos ampliamente extendidos que, entre sus posibles efectos secundarios, tienen el riesgo de demencia. La Universidad de Harvard ha recordado que hoy tenemos otras opciones para preservar así la salud de nuestro cerebro.

Pablo Cubí
Pablo Cubí del Amo

Periodista

Actualizado a

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Los medicamentos para la depresión o la hipertensión pueden afectar a la memoria.

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Las enfermedades mentales degenerativas, como la demencia, el alzhéimer y el párkinson, conforman uno de los grandes retos para la salud al que nos enfrentamos actualmente.

Hay médicos que atribuyen su crecimiento exponencial sobre todo al hecho de que ahora se vive más años. Otros consideran que tienen mucho más peso aspectos de nuestra vida actual. Estos hábitos pueden haber incrementado el riesgo de manera decisiva. Dos de estos posibles factores de riesgo son unos medicamentos.

Qué medicinas tienen riesgo de demencia

Hace ya algún tiempo que dos grupos de fármacos están en el punto de mira por su posible efecto dañino a la capacidad mental.

La Universidad de Harvard insistía sobre ello en un artículo, sobre todo para poner en evidencia que son medicamentos que no se pueden tomar sin una estricta prescripción médica y que también existen otras opciones.

Estos grupos de medicamentos se han relacionado, en concreto, con un mayor riesgo de demencia. Son dos:

  • Los ansiolíticos, utilizados para tratar no solo los problemas de ansiedad y depresión, sino también problemas musculares y de trastorno del sueño, por ejemplo.
  • Los anticolinérgicos, un amplio grupo que abarca tratamientos contra las alergias, la hipertensión o la incontinencia.

En ambos casos se trata de un riesgo que aparece después de un uso prolongado, de varios meses, y que también se incrementa conforme aumenta la dosis pautada.

¿Por qué no se ha prohibido esta medicación?

Si hay riesgo, ¿por qué no se prohíben? Todas las medicinas tienen sus efectos positivos y negativos. No hay tratamiento que no tenga un mínimo de posibles efectos secundarios, lo que el sector denomina “indeseados”.

Lo que hacen los médicos es valorar los pros y contras y aconsejar un tratamiento cuando los beneficios superan a los posibles perjuicios. Por esta razón, este tipo de medicación está hoy sobre todo más cuestionada entre las personas de más edad.

Los organismos sanitarios hace años que dan una larga lista de tratamientos inapropiados para adultos mayores: benzodiacepinas, antihistamínicos, por ejemplo.

Todo este tipo de medicamentos tiene entre estos efectos indeseados la confusión o niebla mental y fallos de memoria. Eso en sí ya supone un riesgo, por ejemplo de que tenga un accidente, como una caída.

Otros estudios posteriores los han relacionado directamente con alzhéimer y demencia. Sin embargo, no son estudios concluyentes porque no se ha hecho un ensayo clínico; es decir, con grupos separados en los que unos toman el medicamento y otros no, y todos en las mismas condiciones para que se puedan comparar los resultados.

¿Hay riesgo de demencia en adultos jóvenes?

Estos medicamentos actúan sobre neurotransmisores, que como sabes son mensajeros químicos que influyen en nuestro cerebro.

Algunos ansiolíticos, por ejemplo, potencia un neurotransmisor que disminuye la actividad neuronal. Mientras que los anticolinérgicos bloquean una sustancia que actúa sobre la contracción de los vasos sanguíneos o las vías respiratorias, pero que también interviene en la capacidad de memoria y el aprendizaje.

En el caso de los adultos jóvenes estos riesgos pueden ser más relativos sin ser despreciables. En los adultos de más edad hay un riesgo más evidente por dos factores que hacen que el cuerpo tarde más en eliminar el medicamento:

  • Ni el hígado ni los riñones, los principales filtros que tenemos, funcionan igual de rápido.
  • Con los años se pierde músculo y se gana tejido graso. Es precisamente en el tejido graso donde el medicamento puede quedar almacenado más tiempo y hacer que sus efectos se prolonguen.

Cuáles son las posibles alternativas

No estamos tampoco ante un riesgo seguro de demencia. Son enfermedades sobre las que aún se ignoran muchas cosas. Así que no se trata de ahora vetar toda medicación de este tipo.

Al contrario, desde Harvard han puesto el foco en el hecho de que ha de ser el médico el que establezca la conveniencia o no de para una medicación. Son un grupo de medicamentos en el que dejarlos de golpe pueden tener efectos especialmente dañinos.

Si te preocupa, háblalo con tu especialista. Puede haber otros tratamientos alternativos para cada patología que esté tratando.

Si temes el riesgo de demencia, tienes una lista de cosas que también se ha comprobado que ayudan a reducir ese riesgo: una dieta sana y equilibrada, hacer ejercicio regularmente y mantener una horas de sueño reparadoras y adecuadas.