mala digestion

Son muchas las personas que sufren del estómago sin encontrar alivio. De hecho, en un 75% de los casos, cuando se realiza una endoscopia digestiva para comprobar el desencadenante, no se halla ningún indicio de enfermedad.

Por eso la mayoría de dispepsias (el término médico que se usa para definir las digestiones difíciles) son funcionales, es decir, sin una causa específica.

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qué es una mala digestión

La dispepsia se define como un dolor más o menos intenso en la boca del estómago, unido a una sensación de saciedad precoz (eres incapaz de acabar una ración normal de comida), pesadez estomacal muy incómoda al acabar de comer o incluso antes, y acidez. Pueden aparecer también eructos, náuseas e hinchazón abdominal.

Que hay detrás. Tras eso puede haber una enfermedad como una úlcera de estómago o una hernia de hiato, pero ya hemos dicho que la mayoría de las veces no está asociado a ningún trastorno.

¿Eso quiere decir que no hay nada que hacer? ¡Ni mucho menos! Tu forma de comer, los horarios, una microbiota alterada… Aparte de la comida en sí, son varias las causas que pueden alterar tus digestiones. Detecta qué es lo que ocurre en tu caso y ponle remedio.

COMER RÁPIDO AFECTA

La digestión "empieza" en la boca, donde el alimento se mezcla con las enzimas de la saliva. Si engulles, te estás saltando este paso.

No masticar puede provocarlo

  • La comida llega al estómago sin apenas triturar y este tiene que invertir mucho esfuerzo en digerirla. La digestión es más lenta y pesada y te consume mucha energía, con lo que te sientes más cansada.
  • Tragas aire y esto provoca gases, eructos y dolor abdominal.
  • Consumes hasta 300 calorías más en cada comida. Lo ha demostrado un estudio publicado en la revista de la Asociación Americana de Dietética. Cuando comes rápido, la leptina, hormona de la saciedad, no tiene “tiempo” de enviar la señal de que "estás llena" al cerebro. Y cuando esta llega, ya es tarde porque has comido de más.
  • Te alimentas mal. Comer rápido es sinónimo de hacerlo con ansiedad. Esta actitud te empuja a optar por alimentos ricos en grasas y azúcares que, por supuesto, no aligeran tus digestiones.
  • Y aunque comas sano, si no masticas no se absorben bien los nutrientes.

4 consejos para comer más lento

  1. Elige alimentos poco procesados. La fruta, la verdura, el pescado, la carne magra… te “obligan” a masticar más que la bollería, las croquetas, la pasta…
  2. Resérvate entre media hora y 45 minutos para la comida. Concéntrate en la masticación: no hables (tragarás aire), aleja el móvil, la tele…
  3. Mastica al menos 20 veces el alimento. Cuanto más triturado llegue al estómago, mejor. Y "mastica" hasta los líquidos: ensaliva las cremas, las sopas...
  4. Entre bocado y bocado, deja los cubiertos en el plato. Te ayudará a comer más despacio. Y no lo hagas con las manos: engullirás sin darte cuenta.

¿Tienes la microbiota alterada?

Una flora intestinal equilibrada es un conjunto de bacterias en su mayoría buenas y "casi" vegetarianas. Y esto favorece una buena digestión.

Bacterias necesarias para la vida. La Dra. Irina Matveikova, especialista en Endocrinología y Nutrición, asegura que está más que demostrado científicamente que sin esos 2 kilos de bacterias que tapizan nuestro cuerpo por dentro y por fuera no podríamos vivir, ya que afectan a la salud de todo el organismo. Y, por supuesto, también a tu digestión.

La señales que te avisan. Si hay una proliferación de bacterias malas por la causa que sea, las señales que te envía tu cuerpo son variadas según el tipo de bacteria predominante. Unas provocan gases e hinchazón; algunas, migraña, mal aliento y heces malolientes; otras, digestión pesadas, meteorismo, eructos...

El estrés, los antibióticos, la falta de ejercicio y una dieta pobre en fibra altera tu flora

Cómo aumentar las bacterias beneficiosas

  • Evita el estreñimiento. Un tránsito intestinal regular diario limpia el tubo digestivo y ayuda a equilibrar la microbiota porque impide que crezcan cepas dañinas.
  • Limita el exceso de azúcar. Tiene un efecto muy negativo en el intestino ya que sirve de alimento a las bacterias dañinas que causan hinchazón y dañan la mucosa intestinal. Limita la bollería, los zumos industriales...
  • Que no te falten probióticos. Kéfir, chucrut, yogur... Son alimentos fermentados ricos en probióticos que ayudan a tu cuerpo a proveerse de las bacterias buenas que el intestino necesita para funcionar bien.
  • También necesitas prebióticos. Son fibras que sirven de nutrientes a las bacterias buenas. Si tomas a diario un batido de fruta y verdura ya te aseguras la dosis adecuada de prebióticos, clave para una flora intestinal en equilibrio.

El jengibre es un "antibiótico inteligente" que combate las bacterias malas

¿sigues un horario regular en tus comidas?

El catedrático de Neurociencia Carlos Acuña, de la Universidad de Santiago de Compostela, asegura que una alimentación desordenada, sin respetar ningún ritmo, favorece la dispepsia.

El ritmo ideal de las comidas. Debería estar sincronizado con el ritmo circadiano. Si las comidas siguieran este patrón, separadas por intervalos de 4 horas, mejorarían las digestiones.

La explicación es sencilla: el ritmo circadiano (ciclo de 24 horas de luz-oscuridad) está regulado por una especie de gran reloj maestro alojado en el cerebro. Este sincroniza, aparte de los ciclos de sueño-vigilia y otros procesos, los momentos de las comidas y el almacenamiento o el gasto de energía coincidiendo con las horas de actividad o de descanso.

Sin embargo, no todo depende del gran reloj maestro. En cada órgano hay "genes reloj" que se rigen por el "jefe", pero que también son sensibles a estímulos como los horarios de las comidas. Si son desordenados, se rompe esa armonía entre el reloj maestro y el de tu estómago. Y esto favorece la dispepsia.

La horas ideales para comer

Cuándo comes es tan importante como cuánto y qué. Según el Dr. Acuña, respetar unos horarios en las comidas principales reduce molestias.

  • El desayuno, entre las 6:00 y las 8:00: Tras el largo ayuno nocturno, la primera comida del día debe ser la más abundante de todas.
  • La comida, entre las 12:00 y las 14:00: Tiene que incluir menos calorías que el desayuno, aunque suele ser al revés.
  • La cena, antes de las 20:00: Ha de ser la más ligera y nunca pasadas las 20.00 horas.