El trabajo, el cuidado de tus familiares, las tareas del hogar... es fácil que en algún momento te sientas desbordada.

A veces lo percibes claramente (te notas alterada, tu humor cambia, estás ansiosa...) pero en ocasiones estos nervios no se manifiestan de forma evidente y lo que provocan son alteraciones leves en el organismo que, aunque pueden pasar inadvertidas, repercuten en tu salud e incluso favorecen el desarrollo de otras patologías.

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1 / 7 ¿Sientes dolor si estás tensa?

Numerosas investigaciones demuestran que el bombardeo de adrenalina que se genera cuando se viven situaciones estresantes y la tensión muscular que la acompaña pueden favorecer que se sufran diferentes tipos de dolor:

  • Contracturas. La zona cervical tiende a agarrotarse ante situaciones como una discusión, ir a un lugar con prisas, sufrir un contratiempo... También los músculos que protegen la columna se contraen por estas causas y tienden a contracturarse provocando dolores de espalda, lumbalgias...
  • Dolor de cabeza. Esta mayor tensión en los músculos del cuello (y también del cráneo) puede provocar un dolor en las sienes, que se siente como si alguien apretase la cabeza. Muchas personas aprietan los dientes al dormir cuando están estresadas y eso también puede desencadenar dolor de cabeza.
dolor estomago

2 / 7 ¿Tu estómago sufre?

En el intestino existe una red de neuronas. Por ello, dicen que el aparato digestivo es un “segundo cerebro” capaz de percibir las emociones.

  • Puede aparecer dolor. Los pinchazos en la barriga son habituales cuando se está nervioso.Y también la acidez de estómago, debido a un exceso de secreción de jugos gástricos.
  • Más riesgo de gastritis porque la angustia muchas veces hace que comas mal, rápido, sin masticar bien... Y esto favorece la gastritis.
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3 / 7 ¿Tus diente están débiles?

Según varios estudios presentados por el Consejo General de Odontólogos y Estomatólogos de España, el estrés puede facilitar la caries dental y acelerar la enfermedad de las encías e incluso la caída de los dientes. Y ocurre por varias razones:

  • Tienes la boca seca. Las glándulas salivales están controladas por fibras nerviosas. Por ello, si se produce un cambio drástico en las emociones su función puede alterarse y se produce xerostomía, es decir, el síndrome de boca seca, lo que empeora la salud oral.
  • Tomas más azúcar. Las personas que sufren ansiedad por largos periodos de tiempo suelen tener los niveles de serotonina excesivamente bajos, lo que "empuja" al organismo a consumir alimentos ricos en azúcares, principal "caldo de cultivo" para las bacterias productoras de caries en los dientes.
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4 / 7 ¿Te ahogas o te mareas?

Si no se presentan otros síntomas puede responder al estrés:

  • La respiración se acelera. Tu cerebro activa, ante situaciones que te ponen nerviosa, el sistema respiratorio. Por ello, puedes sentir que “te falta el aire”.
  • La cabeza se embota. La ansiedad puede en algunos casos también provocar un mareo de tipo psicógeno que hace que percibas la cabeza como embotada o vacía.
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5 / 7 ¿Te resfrías varias veces al año?

Un estudio publicado en la revista “Proceeding of the National Academy of Sciences” demostró que en las personas que están permanentemente nerviosas, las células inmunes (encargadas de proteger al organismo frente a la invasión de patógenos) son menos capaces de provocar inflamación cuando un virus ha dañado el tejido, que es la que permite "aislarlo".

Por ello hay más tendencia a sufrir un resfriado. Además, esta alteración de la respuesta inflamatoria influye sobre el estado de salud general y por eso hay más tendencia a infecciones de todo tipo.

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6 / 7 ¿Tu piel está más delicada?

Cuando estás angustiada liberas hormonas que provocan un torbellino de reacciones en tu organismo. Es habitual que eso genere desajustes en el nivel de estrógenos y testosterona (hormonas sexuales) lo que, además de provocar alteraciones en el ciclo menstrual, puede afectar a la salud de tu piel.

  • Acné. Con los nervios se liberan más hormonas masculinas, lo que a su vez hace que se libere más aceite. Esta grasa obstruye los poros y favorece el acné.
  • Eccema, urticaria. Muchas veces son de tipo nervioso. Además, sea cual sea su origen, el estrés dificulta su cura.
  • Psoriasis. Aunque en su aparición influye la genética, en muchos casos los síntomas se manifiestan tras un episodio de estrés o algún choque emocional.
  • Herpes orales. El virus del herpes es “durmiente” y suele reactivarse si el sistema inmunológico –el que controla a los invasores patógenos– está en baja forma, que es lo que ocurre en épocas de estrés.
  • Caspa. También está provocada por la proliferación de un agente invasor, en este caso el hongo Pityrosporum ovale, que prolifera si el sistema inmunológico está deprimido.
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7 / 7 ¿No consigues dormir bien?

Cualquier situación que altere tu “paz mental”, aunque no seas consciente de ello, hace que entres en un estado de alerta que no te deja dormir.

En concreto, el estrés está detrás del 85% de los casos de insomnio ocasional (duran 2 o 3 semanas) y las mujeres entre 40 y 49 años son las más afectadas.

  • Además, aunque se logre conciliar el sueño, el estrés impide que este sea reparador ya que no se concluyen las fases de sueño profundo y REM.

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Pautas para liberar el estrés

Si estás pasando por un periodo de cambios, si hay algo que te preocupa o si sientes que has perdido el control sobre algún aspecto de tu vida... es fácil que tu sistema nervioso esté ahora más activo. Para que eso no repercuta en tu salud, te conviene intentar "calmarlo".

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El yoga, el pilates, la meditación y el ejercicio físico regular, practicados con constancia, son excelentes para recuperar la calma pero hay otras técnicas que te pueden ayudar a relajarte durante los "picos" de tensión:

  • Un automasaje suave en el pecho. Para tranquilizarte, resulta muy efectivo hacer círculos con la punta de los dedos lentamente y en el sentido de las agujas del reloj sobre el pecho, a la altura del esternón.
  • Comer un helado te puede ayudar. En momentos puntuales, si la tensión es notable y no logras relajarte, comer un helado te hace liberar endorfinas, hormonas que alejan la ansiedad. Lo aseguran científicos del Instituto de Psiquiatría de Londres (Reino unido).
  • Escucha una pieza de música clásica. Es, según científicos norteamericanos, una de las técnicas más sencillas para relajar los sentidos. Cualquier música que te resulte agradable puede servir pero la clásica es la más efectiva.
  • Esboza una sonrisa con la boca... y con los ojos. La sonrisa que involucra tanto los músculos que rodean la boca como los que están alrededor de los ojos es la más eficaz para alejar el estrés, según la universidad de Kansas (EE UU). Sus beneficios son los mismos, aunque sea impostada.
  • Controla tu respiración. Cuando te supere una situación, coge aire por la nariz y expúlsalo lentamente por la bo- ca hasta que notes los pulmones vacíos. Después llénalos de nuevo y expulsa el aire. Repite varias veces.

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Por Marta Fernández