Los expertos se ponen de acuerdo: esto es lo más importante para envejecer bien (feliz y con salud)

El aumento de la longevidad ha hecho que los expertos en salud cambien lo que se considera más importante para tener una vejez saludable. La base para envejecer feliz es lo que se conoce como "capacidad funcional". Te explicamos en qué consiste y cómo se logra.

Pablo Cubí
Pablo Cubí del Amo

Periodista

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La longevidad ha aumentado tanto en algunos países, como España, que se está replanteando qué es lo realmente importante. Tradicionalmente se ha considerado que el objetivo de las ciencias de la salud es conseguir que la persona viva el mayor número de años posible sin enfermedades.

A medida que lo hemos conseguido y la esperanza de vida crece, se está comprobando que el criterio ha de ser otro. No es factible pensar que las personas muy mayores tengan una salud perfecta. Hay muchos ancianos perfectamente bien y felices, pese a tener achaques de todo tipo, puesto que la medicina aporta medios para paliarlos.

Por eso, la Organización Mundial de la Salud cambió lo que es un envejecimiento saludable. Dijo que lo que hay que fomentar ahora es que la persona mantenga con los años “la capacidad funcional que permite el bienestar”. ¿Cómo se consigue eso?

Qué es lo importante en la vejez

La capacidad funcional es simplemente que la salud te permita hacer las cosas que son importantes para ti. Esta capacidad tiene dos aspectos que quizá no hayas tenido en cuenta hasta ahora:

  • Una es tu propia capacidad, que tu salud física y mental sean lo suficientemente buenas.
  • La otra es tu entorno, y eso incluye el aspecto social y también el político. Por ejemplo, está bien tener una familia que te quiere, pero tener un sistema sanitario en condiciones o un centro residencial personalizado que te acoja en un momento dado pueden llegar a ser fundamentales para que sientas que envejeces feliz.

El envejecimiento óptimo es que mantengas tus capacidades lo más altas posibles a lo largo de los años. Sin embargo, “si la persona sufre un declive en su capacidad intrínseca, un entorno favorable puede suplir estas deficiencias y mantener la capacidad funcional”, explicaba el fisioterapeuta Pau Moreno, profesor de la Universidad de Vic, coautor de un análisis publicado en The Conversation.

Qué pasa si el declive es más serio y la persona, por ejemplo, pierde mucha movilidad. ¿Es el final? No tiene por qué si tiene propósitos en la vida que todavía puede cumplir. Por ejemplo, es feliz con un buen libro y sus capacidades lectoras no se han visto en absoluto afectadas.

Si tiene una familia que le acoge y le cuida es estupendo. Pero si la familia no puede o no la tiene, esa vejez seguirá siendo feliz si hay un centro de acogida que le recibe.

Lo que tenemos que hacer ya

El profesor Moreno y sus colegas coautores hacen un llamamiento porque estamos en una rápida transición hacia un envejecimiento población, y “los sistema de salud no están siguiendo el ritmo y no están preparados para cumplir con los objetivos de envejecimiento saludable”.

El sistema de salud ha funcionado bien en gran parte y ha permitido aumentar la esperanza de vida. Pero no ha cuidado suficiente que la población viva con igual salud y calidad de vida esos años.

El objetivo es reducir esa brecha entre los años de vida y los años de vida saludables. Para ello tenemos que poner en marcha desde ya dos estrategias. La primera tiene que ver con nosotros mismos.

Hay que ser conscientes de un envejecimiento saludable significa haber llevado un estilo de vida saludable. Eso significa que la población en su conjunto tiene que ser estar educada en salud desde joven y no solo prestar atención en la vejez.

Significa actividad física regular, una dieta equilibrada y menos fumar y beber alcohol.

También manejar mejor el estrés, dormir bien, ser optimistas, reír más, tener relaciones sociales. Y tener un propósito en la vida siempre, que nos ayude a seguir adelante.

Las políticas que han de cambiar

El otro aspecto ya no es tan individual, sino colectivo. Tenemos que cambiar las políticas entre todos. Se requieren cambios significativos en el engranaje.

Los sanitarios han de aprender a potenciar la capacidad intrínseca de los mayores. Si se consigue y ellos aprenden a gestionar sus enfermedades crónicas será más eficaz. Puede evitar tratamientos innecesarios y medicamentos con efectos secundarios.

 Las residencias geriátricas operan más como un hospital que como una casa. Deberían redefinirse “hacia un rol más propositivo y proactivo, un entorno más favorable para compensar la posible falta de capacidad de la persona”, añaden.