La rutina de dos minutos que tienes que practicar cada mañana para tener un gran día y ser feliz

Dos minutos es todo lo que necesitas cada mañana para cambiar tus rutinas y tu mentalidad, y enfocarlas hacia un mayor grado de felicidad. No es un invento de un iluminado, sino el razonamiento de un experto en bienestar tras un riguroso estudio científico.

Pablo Cubí
Pablo Cubí del Amo

Periodista

Actualizado a

mujer joven despertándose de la cama
ISTOCK

Las personas más desesperadas son las que pueden tener las ideas más brillantes para salir del pozo porque les va la vida en ello. Esa es la conclusión que puedes extraer después de ver la genial idea que tuvo Neil Pasricha, uno de los especialistas en resiliencia y bienestar más reputados de los Estados Unidos.

Después de vivir una separación y la muerte de una de sus mejores amigas, entró en una espiral oscura, focalizando todo en el trabajo y cuidándose poco de sí mismo. Justamente, cuando se vio en esta tesitura, con una montaña de tareas autoimpuestas, fue consciente de la necesidad de buscar una solución.

Investigó qué decía la ciencia y así surgió su rutina que le ha permitido, dedicando solo dos minutos al día, ser más productivo y reducir la carga de trabajo, ser mucho más feliz y encarar mejor el día y la vida en general.

En qué consiste la rutina de dos minutos

Poner el método en marcha es muy sencillo, puesto que el objetivo es que no te lleve prácticamente nada de tiempo hacerlo cada mañana o justo antes de acostarte. Los beneficios empiezan desde el primer día, aunque es el mantener esta rutina la que conseguirá que poco a poco se forme un poso de más tranquilidad y bienestar en nuestra vida. Es como una gota que cada día va llenando ese vaso de bienestar.

Luego te aclaramos las bases de esta propuesta. Por explicarla someramente, baste decir que consiste en que cada día apuntes en una agenda o tarjeta o en donde prefieras estas tres cosas:

  • Me centraré en… Aquí pones las tareas de trabajo más importantes que puedes asumir. Medítalo y no intentes abarcar más que eso. Pero pon todo tu esfuerzo.
  • Esto agradecido por... Cada día piensa en una cosa concreta por la que estar agradecido en la vida. No basta escribir “a mi madre”. Has de ser más preciso. Por ejemplo, un plato concreto que me hace mi madre cuando voy a casa.
  • Olvídate de… Apuntas alguna de las cosas de las que te arrepientes del pasado y que aún le estás dando vueltas en la cabeza.

La ciencia detrás de este método

Estas rutinas son mucho más significativas de lo que pudiera parecer a primera vista. El hecho de que enfoques las tareas se basa en diferentes estudios de productividad que revelan que llenamos nuestro cerebro de demasiadas tareas. Al levantarnos ya tenemos trabajos por delante y aún sumaremos más a lo largo de la jornada.

Tantas obligaciones estresan el cerebro y no nos permiten concentrarnos y ser más productivos. Cuando las tareas son muy amplias, nos desaniman. Se ha demostrado que si dividimos el trabajo en proyectos más pequeños es más efectivo. Y si nos marcamos unas obligaciones, nos centraremos y lo haremos mejor.

Otro de los problemas que enturbia nuestra felicidad y capacidad de trabajo es que estamos programados para fijarnos en los aspectos negativos de la vida. Eso lo hace la amígdala, la parte de nuestro cerebro más ancestral y centrada en incentivar el estrés y el instinto de huida. Algo muy útil para el hombre de las cavernas. Hoy solo nos permite recordar mejor las malas noticias de la tele y ver el mundo gris.

Investigaciones del comportamiento descubrieron que si apuntas cada día algunas cosas que te hacen feliz y por las que estás agradecido a la vida, al cabo de diez semanas te sientes más feliz y tu cuerpo responde con un mejor estado de bienestar general.

No escribas “agradezco mi piso, mi trabajo, mi hijo”. Eso no sirve de nada. Ahonda en pequeños detalles que te hacen realmente feliz. “Volver a ver a mi amiga… y reírme con ella”, “Aquel tema que no me canso de escuchar”, “Un gesto bonito que alguien ha tenido en la calle”.

Mira hacia atrás sin odio

Vayamos al último punto. Lo de apuntar cosas que has de dejar ir y olvidarlas. Puede parecer contradictorio apuntar lo que quieres olvidar. El objetivo no es conservarlo. Si lo apuntas es para no volver a él. Puedes incluso decidir apuntarlo en otro papel aparte y luego tirarlo. Lo único que es positivo es apuntarlo y hacer el gesto de que sale de tu cerebro para ya no pensar más.

Este gesto de apuntarlo y tirarlo no es lo que dice Pasricha, que solo habla de apuntarlo en el diario. Pero es lo que hacen con mucho éxito en Japón. Un estudio demostró que esta costumbre mejora el bienestar.

¿Y por qué hemos de apuntar estas cosas? Una significativa investigación de un equipo de neurólogos de la Universidad de Hamburgo (Alemania) titulada “No mires hacia atrás con ira” revelaba que a medida que cumplimos años vamos acumulando más recuerdos y por tanto más oportunidades perdidas y más lamentos.

Esos recuerdos no hacen sino dar vueltas en nuestra cabeza y volver para torturarnos inútilmente, puesto que ya no podemos hacer nada al respecto. Los neurólogos alemanes confirmaron que aprender a perdonarse mejoraba en gran medida la vida.

Los beneficios de ‘perder’ dos minutos

El experto Pasricha tiene muy claro que su método funciona ya que lo comprobó en carne propia. A partir de este método ha elaborado numerosos trabajos y ha dado conferencias sobre felicidad en universidades y centros muy prestigiosos.

Solo estamos despiertos unos 1.000 minutos al día de media -escribía en el Harvard Business Review- Si podemos invertir solo dos de esos minutos en preparar nuestro cerebro para la positividad, nos aseguraremos de que los otros 998 minutos de nuestros días sean felices”.

Ya ves que se trata de un razonamiento fácil de comprar. ¿No crees que vale la pena probarlo? Total, qué puedes perder. Dos minutos.